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música » nota

| Publicado el 28 de octubre de 2010 a las 22:29 hs.

Rush en Argentina: Los años no pasan para todos

Un crisol de generaciones copó GEBA el pasado 15 de Octubre para presenciar la primera y largamente aguardada llegada de Rush a la Argentina.

por Mariano Pingitore

Lo realmente grandioso de las bandas con peso histórico en el panorama del Rock es que congregan a públicos de lo más heterogéneos. Desde cincuentones que en sus años mozos habrán vibrado en sus casas con los primeros LP del trío canadiense, allá por el ’74, hasta nenes de 15 años que nacieron con el Rock Progresivo en las venas. Porque el gusto por ésta música no puede ser más que hereditario. Una tradición que no te enseña la tele, que no escuchás en la radio, el Rock Progresivo tiene esa cosa de sótano de los ’70 al que te invitaban a quemarte la cabeza con lo último que hubiera llegado. Pink Floyd, King Crimson, Gentle Giant, Genesis, el legado británico que alguna vez estuvo prohibido acá, que no sonaba en el aire porque la música en inglés era apátrida. Me abstuve hasta acá de nombrar a Yes, que no pudo tocar cuando las heridas de Malvinas estaban frescas porque sufrió amenazas y que probablemente sea la banda madre de todo lo que significa el fenómeno del progresivo y ahora, después de casi 12 años va a estar en el Luna Park el próximo 19 de noviembre (y allí estará Puesta en Escena, por supuesto).

Rush entró a la escena del progresivo por una puerta lateral. El trío canadiense, originario de la pequeña ciudad de Willowdale consiguió su primer contrato discográfico y grabó un disco que llevó el nombre de la banda, que fue editado en 1974. Su mayor single, Working Man, empezó a sonar más en Estados Unidos que en Canadá (más precisamente en Seattle) y eran vistos como un tributo a Led Zeppelin. Un hard-rock imbuído con una gran influencia blusera en el que se destacaban la poderosa voz y las potentes y agudas líneas de bajo de Geddy Lee, los riffs cargados de esa angustia esclava del blues en la guitarra de Alex Lifeson y la poderosa máquina de ritmo batería de John Rutsey. Al poco tiempo, la banda comenzó a girar por los Estados Unidos, como soporte de otras bandas (Rush tocó más de 70 conciertos con Kiss en esa época). John Rutsey pronto se encontró con diferencias con los otros, en lo musical y en las ambiciones y fue reemplazado por el tímido Neil Peart, quien trabajaba con el padre y había escuchado de la banda en la radio y en los bailes locales.

Con la personalidad de Neil Peart a bordo, la banda entró en un período de maduración musical en el que el Hard-Rock fue dejándole paso a la complicada lírica del nuevo baterista, tanto en las letras que comenzó a escribir como en su perfección suiza y su virtuosismo detrás de la batería. Llegó Fly by Night y llegó Caress of Steel y en éste último en temas como The Necromancer se empezó a ver la veta progresiva que tenía el trío para ubicarse a la altura de los grandes maestros de la década. El momento llegó con el siguiente disco, 2112. La visión futurista de Peart, muy influenciado por los escritos de Ayn Rand se transformó en una odisea de 20 minutos en la que la banda se redescubrió a si misma y le demostró a sus oyentes que podía estar a la altura de Foxtrot, de Close to the Edge, de The Court of the Crimson King, de Dark Side of the Moon sin presentar una batería de sintetizadores. Mientras Wakeman investigaba sus nuevos Mellotrones para Going for The One, del otro lado del charco los canadienses volvían a dar en la proverbial tecla con A Farewell to Kings y Hemispheres, en el ‘77 y ’78 respectivamente.

Podríamos decir que el final de la década de los ’70, con el advenimiento del Punk y la regresión al minimalismo musical que había precedido a la psicodelia de los ’60 todo el género del Rock Progresivo sufrió una transformación, donde el mercado dejó de llamarlos a los gritos y se tuvieron que reinventar. Para Yes, fue cambiar Topographic Oceans por Lonely Hearts. Para Genesis significó dejar The Cinema Show para poder Turn it on Again. Pero Rush logró lo que las demás bandas no pudieron hacer sin resignar sus ideales o perder a sus miembros más valiosos: Se mantuvo unido y empezó a derivar su música a un mercado que demandaba simpleza. Vino el New Wave al mundo y llegó Permanent Waves a la vitrina de Rush (1980) donde ya se dejaban las composiciones excesivamente largas (exceptuando la obra maestra Natural Science, pero que, en comparación con 2112 o Hemispheres era considerablemente más corta y menos expositiva) y se empezaban a explorar elementos hasta del Reggae. Hasta que en 1981 introdujeron en el mercado su álbum más popular, Moving Pictures. Liderado por el mayor Hit de su historia, Tom Sawyer, Rush empezaba a mostrar que la tecnología iba a ser juez y parte del renacer musical de esa nueva década. Geddy Lee empieza a experimentar con teclados y sintetizadores, para placer del público masivo pero quizás una nota de amargura de aquellos nostálgicos que querían que los ’70 no terminasen nunca. De cualquier manera los siguientes discos, Signals (1982), Grace Under Pressure (1984), Power Windows (1985), Hold your Fire (1987) y Presto (1989) marcarían el sonido de Rush para esa década, luz verde y rienda suelta a los sintetizadores, las guitarras cobraron un rol casi exclusivamente melódico y la explosión de la percusión electrónica con la que Peart siempre amó jugar son algunos de los rasgos más característicos de ésta época de la banda.

Cuando llegaron los ’90, el trío experimentó otro sacudón en su sonido cuando Lifeson le “sugirió” a Lee que acotaran un poco el uso de los sintetizadores. Lee lo hizo y el resultado fue el estupendo Roll The Bones (1991) en donde la banda recupera la frescura rítmica de los ’70 pero con un sonido nuevo, joven. A esto le siguió Counterparts (1993) y Test for Echo (1996), en la misma línea deRoll the Bones. La complejidad y el vuelo lírico nunca fueron abandonados y el concepto siguió siendo el mismo de siempre. Capas y más capas del más potente sonido, polirritmias y letras que transportan al oyente. La banda iba camino a completar su tercera década de vida de la mejor forma cuando la tragedia golpeó a la puerta.

El 10 de Agosto de 1997, la única hija de Peart, Selena Taylor, falleció en un accidente automovilístico en la autopista 401 cerca de Brighton, Ontario. Su esposa Jacqueline Taylor, con quien había estado casado durante 22 años, sucumbió de cáncer tan sólo 10 meses después, el 20 de Junio de1998. Esto puso a la banda en un hiato indefinido, en el que Peart se lanzó a las carreteras Norteamericanas en un viaje de reflexión y reconciliación con la vida y la naturaleza. Peart hizo más de 88.000 km en moto y luego de este viaje conoce a la fotógrafa Carrie Nuttall y decide casarse con ella y volver a los estudios de grabación. (Las experiencias de Peart en éste momento de su vida son narradas en el libro Ghost Rider: Travels on the Healing Road. El libro no está editado en español, pero para cualquiera que pueda leer en Inglés el libro es altamente recomendable.)

Así comienza la última década de Rush con Vapor Trails en el 2002, una gira mundial que dio como resultado un disco triple llamado Rush In Rio, grabado en un concierto multitudinario de Rush en el estadio Maracaná en el 2003. En el 2007 nos traen Snakes and Arrows con su consecuente gira por Europa y Estados Unidos.

El año pasado Rush anunció estar trabajando en su siguiente disco, Clockwork Angels. También anunció una gira mundial en la que además de promocionar el disco que saldrá a la venta a mediados de 2011, tocarían el disco Moving Pictures completo, además de una selección de las clásicas composiciones que hicieron de la banda lo que es hoy. El Time Machine Tour no anunció que fuera a llegar a Argentina hasta Agosto de este año. Los fanáticos de Rush nos enteramos que, después de 37 años, nuestra banda iba a estar pisando suelo argentino, el suelo de GEBA.

15.000 personas nos congregamos para esperar con agitación la aparición del trío, curiosos acerca del estado físico de los músicos, que ya están pisando los 60 años. Las preocupaciones fueron en vano. Rush apareció con toda la energía a la que nos tiene acostumbrados y deslumbró con The Spirit of Radio, primer corte de Permanent Waves, que hasta incluyó un video satírico con los músicos disfrazados. Al espíritu de la radio le siguió un mix que nos llevó y nos trajo en el tiempo. Pudimos escuchar Presto, 2112, Closer to the Heart, Freewill, Subdivisions, Time Stand Still, Working Them Angels, Leave that Thing Alone, Stick it Out, Far Cry, Faithless. Y luego de un corto interval nos trajeron Moving Pictures, enterito y de principio a fin, en el mismo orden que aparece en el disco original. Tom Sawyer, Red Barchetta, YYZ, Limelight, The Camera Eye, Witch Hunt yVital Signs. Y nos regalaron dos temas del próximo disco. BU2B (Brought Up To Believe) yCaravan. Y nos siguieron regalando, bajo un cielo que a fuerza de un sonido impecable que enmudecía los trenes que pasaban por detrás del escenario se vió intimidado y la lluvia que amenazaba desde temprano aquella tarde nunca llegó. Algo más de tres horas duró este trance, este viaje en el tiempo, esta subyugación a la majestuosidad de la música del pasado que está vigente en el presente y nos dice que tiene lugar para cabalgar hacia el futuro. El viaje concluyó con su primer éxito Working Man y el bis La Villa Strangiato (subtitulada por el mismo Lifeson: An exercise in self-indulgence). Los efectos visuales, impecables. El sonido, abrumador y claro como el agua. La atmósfera de energía y calor que generaron esas 15.000 almas con pasado distintos y de edades dispares fue el disparador de la eterna juventud que vive dentro de éstos músicos, para los que el tiempo y las tragedias parecen nunca haber pasado.