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música » nota

| Publicado el 28 de junio de 2015 a las 22:28 hs.

Santos Bichos...

Sabíamos que no íbamos a ver una fecha "más" de los Gómez. La naturaleza de este proyecto es subir siempre la vara, entendiendo su espectáculo musical como una experiencia en donde se integran la danza, la narración, la intervención teatral, las proyecciones visuales.

Por Mariu Serrano

El galpón de Santos estaba cercado por varias tarimas dispuestas en las esquinas, los laterales (donde estaban Pablo Bursztyn y Matías Mielniczuk)y una al fondo, donde se situaba la batería, y de la cual se extendía un camino angosto que llevaba a la tarima central. El Ensamble Vasco Russo, convocado por Maximiliano Russo y Fermín Echeveste de Morbo y Mambo, dio el primer batacazo con todos sus bronces en ronda. Dispusieron al público a su alrededor, que de a poco íbamos cazando esa premisa de los 360°: no era solamente la multiplicidad de frentes y el sonido surround, sino principalmente una cercanía distinta, palpable, con los artistas. Los muchachos nos despidieron con algunos temas que incluirán en su futura placa, y nos dejaron un espacio para procesar lo sucedido. Minutos después, el ambiente era otro: algunos pocos focos azules y sombras que nos anunciaban a los oníricos Gómez.

El Bicho viste de blanco. A los costados surgen dos hombres de mameluco corriendo sin correr. Son los Fluxian (Martin Flugelman, Axel Rothbarts e Ian Greiner), colectivo de iluminadores no-convencionalesque se integraron a la formación del trío, y son hoy la médula de la propuesta escénica. Se disipa el sonido lentamente y los del frente nos percatamos que el foco pasó a nuestras espaldas: se superponen las narraciones de una mujer enredada como un matambre en hilos rosas, otra desesperada al teléfono, uno con traje de apicultor diserta sobre los tóxicos, y finalmente la exquisita Marga que nos transmite el infierno de ese ataque de pánico que le duró un año. Dos de ellos eran Paula Peyseré y Andrés Couso, que reaparecerán como trombonista y saxofonista.

El Bicho viste de rojo. Devasta la batería, después filtra su mágica guitarra de metal, ahora camina entre la gente (“y ya va uno… y ya van tres…”). Un hombre ensimismado frente a un televisor y la sombra de otro en el extremo opuesto. Sube a la tarima del centro un anónimo de mameluco, al que otros dos, con suma diligencia, empiezan a enchapar de pies a cabeza. Una vez cubiertos los extremos y el pecho, le ajustan una linterna en la cabeza y le colocan una gran lámpara de papel con un círculo por el que se escapa la luz: el Ojo, maniobrado por los otros anónimos deambula entre los espectadores. El Bicho viste de negro. Tres moiras se infiltran entre nosotros y ejecutan una danza desquiciada y terrenal, muy acorde a lo que la música suscita. Acabó un tema, pero nosotros continuamos coreándolo cómplices, como un regalo, una ofrenda, una forma de agradecimiento. Y Gómez no puede articular otra cosa que “¡Vamos, la puta madre!”.

Buen hijo de su tiempo, el Proyecto es multimedial pero no reniega de lo artesanal y lo vintage: en el aspecto musical, se valen de looperas y sintetizadores, así como de un antiguo pasacassettes; en el aspecto técnico, combinan la luminaria clásica de focos y lásers con juegos de reflexión manipulando planchas de latón y gelatinas. Las intervenciones encarnan las letras íntimas y desgarradoras, que versan acerca de la alienación cotidiana que nos hace tapar con trabajo todo dolor o incomodidad.

Sucede a menudo con las bandas under, outsider y border, que al ser creadores de un arte casi condenado a no ser masivo, concentran sus esfuerzos en pulirse y en generar una propuesta superadora a lo meramente sonoro. Me refiero no sólo a la sorprendente puesta, sino en principio a lo humano: durante la preventa de entradas, tienen la amable costumbre de hacer un tour en Citröen 3CV modelo 1971 en el que las llevan, puerta a puerta, a cada persona que pida una anticipada. No es cómodo ni es económico, pero si el contacto humano lo fuera, estaríamos más perdidos aun. A poco de terminar, Rodrigo se tomó un momento para agradecer a quienes estuvieron tras bambalinas, para contarnos los pormenores del desafiante armado y para celebrar que conocía a casi todos los presentes, que lo recibieron en sus hogares y que son nuevos habitantes de la Casa.

 

Presentación de Proyecto Gómez Casa en Santos 4040 (Santos Dumont 4040, Chacarita), el sábado 13 de junio.