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música » nota

| Publicado el 28 de noviembre de 2010 a las 21:40 hs.

Gracias Paul

Paul McCartney pasó por Buenos Aires en su Up and Coming Tour los días 10 y 11 de noviembre. Si escribir una nota con objetividad fuera posible no sería ésta precisamente.

Por Carlos Folias

Parafraseando a Borges:

Gracias Paul por la música, misteriosa forma del tiempo.

Esta vez preferí estar sentado. No quería distraerme con los empujones ni bailar entre la muchedumbre. Lo mío sería verlo, escucharlo y dejar que mi mente volara por donde quisiera. El espectáculo se insinuaba majestuoso con un escenario con pantallas gigantes a los costados y en el fondo. Los instrumentos asediados por los focos de colores brillaban en su armoniosa disposición preanunciando los sonidos que estaban por llegar. Los escasos lugares vacíos del estadio se iban completando de a poco. El ex cantante de Los Piojos, Andrés Ciro, concretaba el sueño del pibe, ser telonero de Paul McCartney. Fueron algunos pocos temas acústicos, precisos, sentidos y respetuosos de lo que estaba por venir. Ya el cielo se había oscurecido. Sonidos e imágenes beat en las pantallas laterales. Como en las mejores jornadas futboleras el aire mixturaba el aroma de panchos y hamburguesas con las voces de una multitud ansiosa. Pero hoy no habría fútbol. Con puntualidad británica comenzaría en el estadio Monumental de River Plate en Buenos Aires un show inolvidable que se prolongaría por casi tres horas. Estaba por empezar un viaje maravilloso que haría escala en el centro de los recuerdos.

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Tendría ocho o nueve años cuando convivían en la batea del winco los long play de Jorge Cafrune, los Chalchaleros, los Cinco Latinos y otros discos de mis abuelos con los simples de Paul Anka, Herman’s Hermits, Bob dylan, Richard Anthony, Charles Aznavour y otros que poseía mi hermana. En ese singular entorno se erguía majestuosa la tapa de cartón que contenía el vinilo de  “Yeah,yeah,yeah” (“A hard day’s night” o “Anochecer de un día agitado”) de Los Beatles. Ese para mí fue el primero de una incontable cantidad de discos del grupo y el que me ayudó con sus fotitos de tapa a reconocer a cada uno de ellos. Y ahí estaba Paul, el más fachero (luego del alejamiento de Pete Best que era el preferido de las señoritas).

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Se apagaron las luces por unos segundos, comenzaron los gritos ensordecedores, los reflectores tiñeron de azul el escenario y ahí estaba Paul con su mejor sonrisa, la elegancia que lo caracteriza y su bajo Hofner preparado para la zurda. La guitarra acústica de Brian Ray (guitarra y bajo) tuvo el privilegio de arrancar con los primeros acordes de Venus and Mars/Rock Show, luego los teclados de Paul "Wix" Wickens y la voz inconfundible de Paul con esa hermosa melodía del período Wings. Rusty Anderson en guitarra y  la batería de Abe Laboriel, Jr. completaron un comienzo apacible de lo que sería un concierto inolvidable.

Las luces tornaban del azul al rojo y la calma dejaba paso a un furioso Jet, tal vez uno de los temas más rockeros de su período solista.

Y llegó el esperado saludo en castellano a un público feliz que disfrutaba de su presencia, “¡Hola Buenos Aires, hola Porteños!” y el primer tema beatle de la noche All my loving (With the Beatles - 1963) acompañado con imágenes del grupo en la pantalla gigante del fondo del escenario. Y ahora sí me sentía pleno y participante privilegiado de un momento irrepetible.

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Como a todos los de mi generación, los Beatles juntos o separados me acompañan desde siempre. Cada álbum o canción en particular va asociada ineludiblemente a un recuerdo. Con mis amigos competía para ver quien acertaba a distinguir quien cantaba en cada canción y quien o quienes hacían los coros, cosa que a esa edad me resultaba muy difícil, entre otras cosas, por la capacidad de mimetismo que poseían John y Paul. Con George era más fácil y con Ringo era imposible errarle. Me inclinaba por distinguir a John en los temas más ásperos y salvajes y a Paul en los suaves y melodiosos. Así disfrutaba de Ayer (“Yesterday”) una de las canciones más versionadas de la historia de la música popular. Aunque a veces mi teoría entraba en contradicción como en Muchachita (“Girl”) del álbum Rubber Soul en la que John canta y Paul y George hacen los coros en lo que fue para mí el primer tema “lento” que bailé con una chica.

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Luego siguieron: Letting Go - Got To Get You Into My Life - Highway - Let Me Roll It - Foxy Lady (Jimi Hendrix cover).

A todo esto, varios cambios de guitarras aportaron los sonidos justos para cada tema y Paul ya se había sacado el saco dejando ver unos elegantes tiradores.

Y llegó uno de los momentos especiales de la noche. Sentado frente a un reluciente piano de cola Yamaha interpretó The Long and Winding Road, balada escrita por Paul incluída en el álbum de los Beatles Let it be (1970). Siguió con Nineteen Hundred and Eighty-Five y Let 'Em In y luego interpretó al piano: My Love (canción escrita en 1973 para su esposa Linda Eastman fallecida en 1998).

“Escribí esta canción para Linda pero esta noche es para todos los enamorados”

Y después nuevamente para arriba con I'm Looking Through (Rubber Soul 1965) y Two Of Us (Let it be 1970).

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En mayo de 1970 salió a la venta en el Reino Unido Let It Be, lo que sería el último disco lanzado por los Beatles. En aquel momento no existía Internet ni mp3 ni forma de adelantarse a un lanzamiento que no fuera la radio. Two Of Us la escuché por primera vez sentado en la vereda con mis amigos a la 1 o 2 de la madrugada. Ahí estábamos sintonizando “Modart en la noche” el programa que conducía Pedro Aníbal Mansilla con su voz grave y personal, esperando escuchar una vez más lo nuevo de Los Beatles “en exclusiva”. Y nuevamente nosotros queriendo distinguir en el sonido de la radio a transistores las voces y los distintos instrumentos. Y ahí estaba nuevamente Paul deleitando nuestros oídos con Let it be (“Déjalo Ser”), Get Back(“Toma Revancha”) yThe long and winding road (“El largo y sinuoso camino”) que él imaginaba cantada por Ray Charles. Con Two Of Us se nos hacía difícil analizar las voces principalmente en los coros en los que junto a John parecían una sola voz. 

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“Son un gran público” dijo y arrancó con Blackbird acompañado por su guitarra acústica. Y luego otro momento memorable: “Escribí esta canción pensando en mi amigo John” dijo y el estadio fue una mezcla de gritos y aplausos y comenzó con Here Today (canción en homenaje a John incluída en el álbum “Tug of war” 1982). 

Y llegó el momento de ver a un histriónico Abe Laboriel, Jr. promoviendo la diversión del público bailando frente a su batería mientras Paul interpretaba Dance Tonight acompañándose con una mandolina. 

Siguieron Mrs. Vandebilt con el público saltando haciendo los coros y Eleanor Rigby nuevamente con el lucimiento de Abe Laboriel, Jr. pero esta vez en los coros junto a Rusty Anderson.

Una mención aparte para el homenaje a George Harrison: “Voy a cantar esta canción en memoria de mi amigo George” y acompañado por una guitarra pequeña cantó Something mientras el público acompañaba con las palmas y hacía los coros. Luego al unísono se sumaron el resto de los instrumentos y las imagenes de George en la pantalla del escenario y la primera guitarra de Rusty Anderson brilló emulando al inolvidable beatle.

Luego se sucedieron Sing The Changes y Band On The Run. Invitó a participar al público que cantó y bailó al ritmo de Ob-La-Di, Ob-La-Da. Siguió con Back in the U.S.S.R. - I've Got A Feeling - Paperback Writer - A Day in the Life. El estadio completo coreando: Give Peace A Chance y después Let It Be al piano.

Una espectacular Live and Let Die acompañada por andanadas de fuegos artificiales sorprendiendo con sus colores y sonidos. Más de 40.000 almas coreando Hey Jude y después Paul ondeando una bandera argentina a lo largo del escenario.

Siguió con Day Tripper - Lady Madonna y Get Back y luego, en lo que fue un simulacro de final saludó junto a su banda al público que no dejaba de aplaudir y se retiró del escenario. Reaparecío con las luces a pleno para interpretar Yesterday y como para despedirse bien arriba arrancó con Helter Skelter. Luego de agradecer a los técnicos, a su banda y a todo el público, subió la apuesta de sonido con Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band  a toda orquesta, enganchado con el tema The end.

Este es el último tema del álbum Abbey Road (1969) y el elegido para concluir el recital. El tema cuya letra termina con la frase que John definió como cósmica: "And in the end, the love you take is equal to the love you make" (Y al final el amor que recibes es igual al amor que das).

Cada uno de los músicos fue saludando al público que no dejaba de aplaudir y perdiéndose entre una lluvia de papelitos que cubrió el escenario.

Dicen que a Paul siempre le gustó el contacto con el público por sobre el trabajo de estudio y luego de presenciar este recital no me caben dudas al respecto. Casi 40 canciones en casi 3 horas de excelencia. Impecables Paul, los sonidos de los instrumentos, los coros de sus músicos, los técnicos y la organización. Inolvidable recital.

Podría seguir escribiendo ad eternum pero ya es suficiente, cierta catarsis ha sido consumada. Gracias Paul por la música y por los recuerdos.

 

 

Paul McCartney en Buenos Aires - Estadio Monumental de River Plate

10 y 11 de noviembre de 2010  (La presente nota se refiere al día 10)

Con Rusty Anderson (guitarra líder), Brian Ray (guitarra y bajo), Paul "Wix" Wickens (teclados) y Abe Laboriel, Jr. (batería)