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música » nota

| Publicado el 26 de agosto de 2011 a las 17:16 hs.

Juan Cruz de Urquiza presentó Trías en el Café Vinilo

Un show notable, con acompañantes de lujo y la certeza de que el Jazz en Argentina es mucho más que la suma de su repercusión. No es elite, es jazz...

Por Mariano Pingitore

mpingitore@puestaenescena.com.ar

La sala del Café Vinilo fue testigo de dos noches de excelente música en las que el trompetista Juan Cruz de Urquiza, presentó Trías, su tercer trabajo como solista, en el que lo acompañaron Hernán Jacinto en Piano y Teclados, Carto Brandán en Batería y Carlos Álvarez en contrabajo.

El ambiente es íntimo. Las luces, tenues. Aparecen los músicos. Por supuesto, se sabía desde antes del primer sonido que el espectáculo iba a ser bueno. Las expectativas a las que nos tienen acostumbrados estos grandes músicos suelen ser cumplidas sin reservas. Pero siempre hay algo más, una cosa nueva, una forma de reinventarse que tienen los artistas para poder colmar las expectativas y además darle algo nuevo al oyente, que además de iniciado en el género suele ser fiel.

El primer tema, Insomnio, es un climático y hasta tal vez sorprendente inicio de show. Se siente la ausencia de algunas características clásicas del Jazz y se siente la presencia de algo más, un agente externo, extraño en la música de Urquiza. Es Jacinto. El ambiente está imbuido de esa tensión que provoca la anticipación de un duelo. Jacinto y Urquiza, agazapados en el rol que el trompetista determinó para los dos en ese primer tema, acompañados virtuosamente por Álvarez y Brandán, que son juez y parte en ese duelo que se huele en el aire, como el ozono antes de la lluvia, pero que se hace desear. Mi acompañante me pregunta al final del tema de qué color lo había sentido. Le contesto (y recibo su acuerdo) en que la sensación era de un bordó. Un rojo que se está deslizando lentamente hacia el negro. Después de Tenue, el segundo tema en el que Jacinto deja deslizar su alma por las 88 teclas con una pasión y una libertad que generan en el público un retener de la respiración que se vio evidenciado en el hecho de que fue el único solo de la noche que no fue aplaudido, Urquiza siente la necesidad de explicarle al público la razón del cambio en la alineación, de guitarra a piano. Estaba interesado, como en ese momento estamos interesados todos los presentes, en el solista excepcional que es Jacinto. Así hubiera sido laudista, hubiera estado presente en el disco. Urquiza da en la diana con la decisión y con el criterio. En el aire ya se sabe que se está asistiendo a un evento único, lo que quizás sea la presentación del primer disco entre muchos que agrupe a estos dos artistas excepcionales.

Para Miss PL (Miss Penny Lane, dedicado a Milagros, hija de Urquiza), el trompetista agarra el flugel. Un flugel que desde lejos se ve cobrizo, que se adivina construido en una aleación que contiene este metal y se espera opaco, inclusive más aterciopelado que el flugel promedio. Otra expectativa colmada. La dulzura de Urquiza con el fliscornio soprano y la profundidad del instrumento y la melodía son un caramelo para el corazón de los que estamos escuchando. Sigue Trías, el tema que le da nombre a la producción entera. Urquiza explica la razón del nombre, en el tema conviven tres tonalidades distintas sin empujarse una a la otra por el barranco. Antes de empezar a sonar, ya sabemos que vamos a presenciar algo raro. Como la primera vez que escuché a Stravinsky, esa sensación de precario equilibrio, de cuerda floja que el artista se dispone a cruzar sin más. Y no es hasta el final del tema que uno exhala con alivio al comprobar que llegamos al otro lado sanos y salvos, todos: artistas y oyentes embarcados en la misma aventura. Trías, tanto el tema como el disco entero, es esa aventura. Agregar algo sobre cada solo individual en cada tema del show resultaría redundante, obsecuente y aburrido. Suficiente es decir que el lugar que estos músicos se han ganado en la escena del Jazz de nuestro país lo tienen merecido con cada corchea y cada gota de sudor de sus frentes.

Además, Urquiza se da el lujo de interpretar a Charly García. El GRAN Charly García, dice antes de mostrarnos su exquisita versión de Llorando en el espejo. Se produce, en el momento en el que en cualquier buen show debería estar el clímax, el clímax. La interacción improvisada entre Jacinto y Urquiza que se olía en el ambiente llega al fin. Aparece Juan Cruz en el solo de Hernán, con notas largas, generando un contraste con lo ligero del solo del pianista. Sobre el final, el piano prevalece, la trompeta se va dejando ir con el resto de la banda y es Jacinto el que trae el tema a su cierre.

Sintiendo el final del show avecinándose sobre la sala, llega Sendas. Se inicia con una melodía en unísono del contrabajo con la trompeta. Para esto, Urquiza eligió una sordina Harmon. Se termina de consolidar la batalla entre Urquiza y Jacinto: “Se juegan un picadito a las chapas” escribo en mis anotaciones del show. Y llega el final, pero nos tienen guardada una sorpresa más. El tema se llama Tobelas y está dedicado a otro de los hijos de Juan Cruz, Tobías. Jacinto pasa del piano al teclado. El Nord que desde lejos se ve lleno de perillas y potenciómetros. Durante el tema, el pianista se da el gusto de jugar con todos ellos. La diferencia sónica con el resto de los temas es notable, Urquiza ya había anticipado que el final era con “un poco de rock and roll”. La batería toma más protagonismo y sobre el final tiene un solo más largo que los anteriores. Urquiza juega también, a sus pies una batería de efectos que activa durante su solo y logra sorprender.

Sorprender. Porque aunque el público siempre llegue con expectativas de lo más amplias, el buen artista siempre busca dar algo más, que el oyente se vaya de la sala siendo un poquito más abierto, un poquito más culto, un poquito más bueno. 

 

12 y 19 de agosto en

Cafe Vinilo:  Gorriti 3780 esq.  Salguero  ))

Tel: 4866-6510 - Mail: info@cafevinilo.com.ar. 

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