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puesta en letra » nota

| Publicado el 23 de octubre de 2014 a las 16:11 hs.

La literatura como pacto, "Yo soy Aquel", de Osvaldo Bossi

Editorial Nudista publicó este año una nueva serie de títulos, entre los cuales se destaca Yo soy aquel, segunda novela del poeta y escritor Osvaldo Bossi.

Por Patricio Foglia

La cordobesa Editorial Nudista publicó este año una nueva serie de títulos, entre los cuales se destaca Yo soy aquel, segunda novela del poeta y escritor Osvaldo Bossi.

Antes que nada, pienso en Sharon Olds. Aunque les parezca extraño. Pienso en ella y en su poema sobre el aborto, y también en su pacto fáustico, en ella sentada en las escalinatas de su facultad, charlando con el diablo, cambiando todo lo que aprendió, cada una de las cucardas de la academia, por un buen poema. La mismísima Sharon Olds, la terrible poeta norteamericana, tardó nada menos que ocho años en escribir El padre. Ocho años para encontrarse con esos poemas, con ese tono personal y demoledor. Como si algunos libros sólo pudieran escribirse a partir de cierto momento, después de un recorrido, después de la experiencia que es a la vez vida y escritura. En este caso en particular, después de sus poemarios, de las máscaras del Coyote, de Hamlet, del Muchacho de los Helados, para Bossi llego el momento de probarse la máscara más difícil de todas, la de la propia infancia.

Si me pidiesen que comparase este libro con un objeto, un único objeto de entre todos los que existen en el mundo, diría que Yo soy aquel es un caleidoscopio. Cualquier libro en cierta forma es un caleidoscopio, que le devuelve a quien lo recibe su mandala: un haz de luz y de brillo en constante movimiento. Pero atención, este libro no es cualquier caleidoscopio, sino especialmente aquel que hayan sentido por primera vez; me refiero a aquel caleidoscopio sobre el cual, por primera vez, hayan posado sus ojos, con toda la fascinación del mundo ¿Se acuerdan de ese momento? En mi caso, me lo regalo mi mamá cuando yo tenía ocho años, y cada tanto volvía a buscarlo en la repisa, para perderme otra vez en su horizonte.

Entonces, ahora, miro a través del caleidoscopio de Osvaldo Bossi y veo: al Principito, que desciende con su nave en el medio del conurbano profundo, y le pide a un chico de anteojos que le dibuje un camello. El chico lo mira extrañado, pero acepta. Pasan unos segundos, unos minutos (a lo mejor unos cuantos años) y el chico de anteojos finalmente le devuelve al Principito su hoja: en su centro, aparece dibujado un camello perfecto. Yo soy aquel es ese dibujo increíble, y también la historia de un niño que sabe que va a ser escritor, o que todavía no sabe que va a ser escritor, pero que va a usar, desde ese momento y para siempre, la lírica como su karate, su aikido para defenderse de este mundo.

Ahora, miro otra vez por el caleidoscopio y está Alicia, cayendo y cayendo, por el hueco de un árbol, para terminar apareciendo en un chaperío: un barrio perdido allá por Caseros, y para colmo en una noche de tormenta. Los tiempos están cambiando: Alicia es ahora un chico de anteojos, y su padre el conejo que se escapa siempre. ¿Y por qué no? Si los amigos del barrio siempre fueron como ese ejército de cartas, acechando con sus lanzas y sus palabras, y si este libro a lo mejor también podría haberse llamado Osvaldo a través del espejo.

Pero, si en vez de comparar este libro con un objeto, lo comparase mejor todavía con un clima, diría que Yo soy aquel es una tormenta tropical vista desde el punto de vista de un niño, con todo el calor y la humedad alarmante del principio, y después con el vértigo de las nubes en el cielo, y los truenos y el granizo desaforado en la tormenta. Porque en el fondo, y esto es lo importante, cualquier chaparrón puede ser un diluvio, y el sol más tenue el desierto del Sahara, si los protagonistas son trabajadores y viven con humildad. Quiero decir, el clima, en esta novela, cumple un rol muy importante, y es casi otro protagonista. Como la casa en Casa tomada, que era la protagonista inevitable del relato de Cortázar. Y justamente, como ese cuento: este libro también pertenece con justicia a una antología fantástica, porque colabora con su fábula a la maravillosa mitología de una clase social determinada.

En definitiva, a pesar del clima social, a pesar de los padres terribles y los amigos del barrio, la literatura siempre propone un pacto. Como esta hermosa novela de Osvaldo Bossi, porque Yo soy aquel nos recuerda eso, la literatura como un pacto con Dios o con el diablo, un acuerdo que nos salva y nos protege por un tiempo de todos los males del mundo.