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teatro » nota

| Publicado el 27 de enero de 2012 a las 07:03 hs.

Pasionaria

Una pieza de colección sobre la epifanía del amor y el desencuentro. Una obra que desmonta al corazón en primer plano.

por Julia Laurent


¨Todo era amor… amor! No había nada más que amor. En todas partes se encontraba amor. No se podía hablar más que de amor¨
Oliverio Girondo


En un sillón rodeada de objetos que revelan lo que pudo haber sido, una mujer ciega de amor ha suspendido el juicio, y en su trono de melancolía encarna sin saberlo la parábola del tiempo. 

Hago mía las palabras de Barthes en su libro Fragmentos de un discurso amoroso: “Dirijo sin cesar al ausente el discurso de su ausencia: situación en suma inaudita: el otro está ausente como referente, presente como alocutor.
De esta distorsión singular, nace una suerte de presente insostenible: estoy atrapado entre dos tiempos, el tiempo de la referencia y el tiempo de la alocución: has partido (de ello me quejo), estas ahí (puesto que me dirijo a ti). Sé entonces lo que es el presente, ese tiempo difícil: un mero fragmento de angustia”. 

Pasionaria mantiene un diálogo franco con los relatos que han sabido construir la fábula del amante.
La evocación de la palabra que recrea tramas imprecisas como telarañas que sostienen el abandono.
El material de los recuerdos imprime permanencia y densidad al relato de esta mujer a la deriva total de la sugestión y el rechazo. 

Lucía Möller se atreve a contar su versión de los resquicios del amor en franco diálogo con Jean Cocteau, narra con la frescura de la  poesía, la música y el humor del absurdo. La dirección es sólida y actual y se permite abordar múltiples interpretaciones.
La puesta íntima y tan cercana permite imbuirse en el derrotero del amor sin restricciones. 

En Pasionaria el desorden del amor ha suspendido el juicio y victima de la desmesura su protagonista no acepta excusas ni consecuencias posibles.

El teléfono se vuelve un arma mortal y peligrosa que desata mezquindades y es capaz de mendigar grandes dosis de cariño. 

Flor Dyszel es una actriz maravillosa, compone desde las entrañas y es capaz de hacernos cautivos enseguida de su universo irreverente.

Veo en ella todas las mujeres que fuimos y supimos ser a lo largo de la historia, las que esperaban que sus hombres vuelvan de la guerra, las que desangran y preparan sin premura su venganza, las abandonadas, las que resisten, las que sueñan con ese otro que las colme de rabiosa pasión, las que lamen sus heridas para amar de nuevo. Las Anna Magnani colgadas de los cables del teléfono. 

Aníbal Gulluni encarna con sutileza esa voz masculina que también nos pertenece, ese hombre que llega para no verlo, el mensajero, el placebo, el impredecible. Un delivery de helado que también es musa inspiradora y desea. 

El llamado interminable que descorazona, que no alcanza y se sufre y sufre hasta enceguecer.

En su cuarta temporada Pasionaria propone un rompecabezas del deseo que permite volver a ser primitivo y extremo, aullar de dolor hasta la risa.  


Ficha Artística/Técnica:

Dramaturgia y dirección: Lucía Möller
Actúan: Flor Dyszel, Aníbal Gulluni
Iluminación: Mariano Diluch, Carolina Rolandi, Pedro Zambrelli
Sonido: Nicolás Méndez
Diseño y fotografía: Clara Zuccarino
Asistencia de escenario: Matías Dinardo, Marina Saladino
Asistente de producción: Matías Dinardo
Asistencia de dirección: Mónica Paixao
Prensa: María Sureda
Producción: Ariel Honigman, Ilona Szentiványi
Supervisión: Daniel Veronese
Dirección de arte: Sol de San Bruno
http://pasionariapasionaria.blogspot.com
Este espectáculo formó parte del evento: Buenos Aires, Sala Abierta
Duración: 45 min.


Funciones: los viernes a las 23:00 - Hasta el 09/03/2012

El Camarín de las musas
Mario Bravo 960 (mapa)
Ciudad de Buenos Aires - Argentina
Tel.: 4862-0655
http://www.elcamarindelasmusas.com
Entrada: $ 50,- y $ 35,- 

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