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teatro » nota

| Publicado el 04 de marzo de 2012 a las 12:22 hs.

El cordero de ojos azules

Hasta el 18 de marzo podrá verse en el Teatro Presidente Alvear ésta sólida puesta de Luciano Cáceres que permite el lucimiento de Leonor Manso, Carlos Belloso y Guillermo Berthold

por Carlos Folias

Voy a empezar por el final. Los espectadores aplauden de pié. Si usted quiere saber porque lo hacen, sin intermediarios como yo que traten de explicarlo, tiene hasta el próximo domingo 18. Ese día está anunciado como el de la última función de El cordero de ojos azules en el Teatro Presidente Alvear.

Esta producción del Complejo Teatral de Buenos Aires, ha tenido su temporada 2011 en el Teatro Regio y representaciones en los escenarios del Festival de Teatro de Manizales (Colombia - Ago/11) y de Madrid y Bilbao (España -12 ene al 05 feb/12).

El texto dramático de Gonzalo Demaría sitúa la acción en el interior de la Catedral de Buenos Aires en la semana santa de 1871. Época compleja del país y de la aldea que por entonces era Buenos Aires y en la que la fiebre amarilla diezmaba gran parte de su población. Varios cientos de cadáveres se cremaban diariamente en lo que sería el origen del actual Cementerio de la Chacarita. Se pensaba que la enfermedad, que terminó con la vida de más de 13.000 personas, se trasmitía a través del aire por lo que mantenerse dentro de las casas era lo más conveniente para no tomar contacto con posibles enfermos y evitar respirar el vapor contagioso que se creía emanaba de los muertos (en años posteriores el cubano Finlay comprobaría científicamente la culpabilidad del mosquito y hallaría la cura para la enfermedad).

En este contexto se desarrollará la escenificación cuya sinopsis puede consultarse hacia el final de esta nota.

La naturaleza de los personajes no requiere un gran avance de la obra para su construcción sino que se insinúa rápidamente en las primeras escenas a través del texto y las precisas acciones. Carlos Belloso (el pintor), actor de una gran expresividad gestual y corporal, alcanza su mayor lucimiento en los momentos en que más se aleja de los comportamientos estereotipados de otros trabajos. Leonor Manso (la canonesa) compone un personaje complejo con gran eficacia. Leonor es una artista que siempre resulta cautivante cualquiera sea el rol que desempeñe. El año pasado disfrutamos de su labor en la ópera Lucia di Lammermoor (directora), en Incriminados (adaptación, dirección y escenografía) y en Los poetas de Mascaró (interpretación, escenografía y vestuario). La aparición en escena de Guillermo Berthold (el joven) produce un quiebre interesante en el drama, a la vez que aporta el sentido de la belleza y la sexualidad a partir de su cuerpo desnudo y sus desplazamientos en el escenario.

Intensas actuaciones para una puesta muy homogénea con la dirección de Luciano Cáceres que logra que todos los elementos confluyan unívocamente en la construcción de un sentido. Desde la escenografía con sus grandes cruces de madera que se extienden en la altura hacia los espectadores y hasta la presencia del fallecido monseñor, simbolizada por su ropaje con los atributos de autoridad exhibido en un costado. Desde la cuidadosa elección de los objetos, el vestuario, la música y los efectos sonoros hasta los logrados climas lumínicos.  

Hay una carga simbólica e iconográfica muy importante que unida al texto, por momentos muy explicativo, puede resultar excesiva pero me inclino a pensar que esa redundancia resulta adecuada para lograr el clima enrarecido, asfixiante, que flota en el escenario. Y no solo por la  enfermedad que parece acechar en el aire sino por esa lograda espesura de elementos dicotómicos en la que conviven lo religioso y lo profano, el odio y el amor, la vida y la muerte, la fealdad y la belleza... creando una constante y desequilibrante tensión que preanuncia la tragedia.
 


Ficha Artística/Técnica:

El cordero de ojos azules

De Gonzalo Demaría        

Con Leonor Manso, Carlos Belloso y Guillermo Berthold
Asistencia artística: Marcelo Pozzi
Música original y efectos de sonido: Gerardo Gardelín
Iluminación: Eli Sirlin
Vestuario: Julio Suárez
Escenografía: Gonzalo Córdova
Dirección: Luciano Cáceres

Duración: 70 minutos

En colaboración con el Teatro Fernán Gómez, Madrid, España 

Funciones: de miércoles a domingos a las 21
Reposición: miércoles 22 de febrero de 2012 (Hasta el domingo 18 de marzo)
Platea: $ 60,- Pullman y Palcos Altos: $ 40,- Jueves, día popular, entrada general: $ 30,-

Teatro Presidente Alvear
Avenida Corrientes 1659, Ciudad de Buenos Aires, Argentina

 

Sinopsis: En abril de 1871, el pintor y la canonesa se resguardan en las dependencias de la Catedral de Buenos Aires. Es Semana Santa, la peste azota la ciudad y el índice de muertes es alarmante. Todos, incluidos el gobernador, los magistrados y el Arzobispo, han escapado a otras ciudades de las garras de la enfermedad. El artista, venido de Madrid, tiene que cumplir con el encargo de pintar a Santa Lucía, tarea que se vuelve dificultosa por la falta de modelos adecuadas. La canonesa, descendiente de angoleses y antigua amante del difunto Deán, se ofrece, a pesar de su fealdad, a posar para la obra, decidida a que se cumpla el encargo.

Cuando aparece el pintor con un muchacho de belleza marmórea, cree encontrar en él a San Sebastián, quien salvó a Milán de la peste. Decide entonces retratar al Santo para redimir a la ciudad. Días después despierta de la fiebre y la canonesa le relata lo cerca que estuvo de morir a manos de la peste y de la Comisión (organismo improvisado para limpiar la ciudad de la cruel enfermedad), le cuenta de sus visiones sobre el joven y de la maternal atención que le prodigó para salvarlo.

Sólo la promesa de pintar a Santa Lucía lo ha mantenido con vida, y ella posará para lograr la culminación de la obra. La condena que caerá sobre el pintor es el infierno reservado a los estetas: “si la fealdad de la Medusa tenía el poder de convertir en piedra a quien la mirara, ¿qué efecto produce la belleza?”.

 

Gonzalo Demaría nació en Buenos Aires en 1970. Desde su primera incursión teatral en Buenos Aires, Nenucha, la envenenadora de Monserrat (1996), un musical hoy de culto, ha estrenado diversas producciones en ésta, su ciudad natal. Entre ellas: En la jabonería de Vieytes (Teatro Nacional Cervantes, 1997), Relaciones tropicales (La Trastienda, 2003), Lo que habló el pescado (El Camarín de las Musas, 2004), el musical Houdini (Metropolitan, 2005), y Novia con tulipanes (El Portón de Sánchez, 2006). Dirigió algunas de sus obras, como en el caso de la premiada Lo que habló el pescado y La Anticrista y las Langostas contra los vírgenes encratitas (Impa, 2010), espectáculo señalado por la originalidad de su puesta y escrito en verso. También colaboró con directores tan diversos como Alfredo Arias, Paco Giménez o Helena Tritek.

Luciano Cáceres nació en Buenos Aires en 1977. Desde 1987 se formó como actor con Alejandra Boero, Julio Baccaro, Eduardo Riva, Lucero Aguilar y Javier Daulte. Estudió puesta en escena con Rubén Szuchmacher y dramaturgia con Javier Daulte.
Ha dirigido gran cantidad de piezas de autores nacionales e internacionales, entre los que se destacan 4.48 Psicosis de Sarah Kane; Ciudad como botín y Sex según Mae West de René Pollesch y; Automáticos de Javier Daulte (en co-dirección con el autor).

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