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teatro » nota

| Publicado el 23 de abril de 2012 a las 02:27 hs.

Ostras frescas, cuando esperar se llama absurdo

La obra de Luis Cano, puesta en escena por Dora Milea, es un ejercicio de teatralidad brillante que le rinde honores a aquel nouveau théâtre que eficazmente es nuevo otra vez.

¿Les atormenta el tiempo? Matémosle juntos
S. Beckett

por Teresa Gatto

Un asiento típico de estación, un cielo discretamente nublado y dos hombres de sombrero y traje dispuestos a esperar.

Desde Esperando a Godot de Samuel Beckett, se instaló una poética que se dio en llamar antiteatro o nouveau théâtre que coincidía con el nouveau roman y también con el nuevo cine y la nueva crítica. Caían algunas certezas y lo que se patentizaba era lo absurdo de la vida y para representar ese sinsentido no cabían miradas miméticas, realistas, naturalistas, etc. Sólo una sensación se había instalado, no valía la pena buscarle un sentido a la vida porque no lo tenía y no se podía buscar un sentido al artefacto artístico porque éste, renuente y escurridizo, se negaba a dejarse atrapar y se diseminaba entre todos los receptores capaces de otorgarle alguno o ninguno. Porque a decir verdad, la univocidad de sentido es una mutilación que cayó en desuso hace un siglo casi.

¿Qué esperan Maklakov, encarnado por Ariel Osiris y Bujarín, en la piel de Dante Iemma? Parece que la llegada del féretro de un General. Pero toda espera es un espacio que casi siempre se encuentra dominado por disertaciones hacia adentro y hacia afuera. Enunciados que tratan de colmar de algún sentido ese segmento de la vida que algunos llaman tiempo y otros la existencia.

Pero en este descompuesto segmento de espera, lo que parece absurdo se convierte en cavilación y especulación de la mano de la pluma de Luis Cano. Este traje me queda chico, afirma Bujarín, es el mismo con el que me casé. No se queje, replica Maklakov, peor es pagar un entierro que vale una fortuna. Que absurdo, un entierro sale más caro que una mudanza. Y con el mismo artificio desaforadamente expuesto con que dicen, se inspiran, suspiran y consumen al unísono algún estimulante, se ríen. Se ríen en un in crescendo que como carece de lógica (¿absurdo no?) contagia esa risa al público que ya está tentado porque son dos íconos, podrían ser protopersonajes de cualquier obra rusa o francesa o made in Argentina a medio hacer. Pero todo lo que no dicen está marcado en la corporeidad que adquieren. Simétrica aún en su oposición, perfecta y milimétrica, opuestos e idénticos, Bujarín y Maklakov están dispuestos a esperar ese féretro con orgullo por haber conocido al general o porque no tienen otra espera en el aquí y ahora. La vida es una espera. Y la risa concluye con una certeza: todo es cuestión de dinero. Esto también sigue siendo absurdo. Como absurdo es que el entierro de un dramaturgo aglomere más gente que el de la autoridad. Y así se esbozan y desdibujan entonces conceptos sobre el teatro y su efecto. Milea logra con creces el objetivo.

Brillantes actuaciones enhebradas con un diseño de iluminación (Dora Milea) que aporta sólo el cambio de hora  y un vestuario (con la asesoría de Alejandro Mateo) que no podría ser más icónico, hacen de Ostras Frescas una pieza de cincuenta minutos en la que no hay un solo segundo de desperdicio teatral. El único que no tiene que esperar un sentido a su propia espera es el público que ve colmado su interés por cada gestualidad en la más clara muestra de lo que puede un proceso creativo bellamente consumado. Y entonces ya sabemos que no esperamos más que al teatro y que éste, ya llegó.

El teatro es descubrimiento dice uno de ellos. Si, des-cubrimiento pienso en la platea, maravillada por una puesta en escena que hace de la ingesta de dos bananas un hecho teatral que vuelve a poner en jaque al mismo y a su doble, no ya como quería Antonin Artaud, sino como su autor Luis Cano lo concibió conteniendo como en todas sus producciones escriturarias, a la poesía, y como su directora Dora Milea, con enorme acierto, lo montó para que esa espera chiquita se convierta en una gran apelación a todas las esperas que desde mediados del XX hasta hoy hicieron proliferar un teatro, en el que el gesto casi bufonesco de su comicidad, seguirá invitándonos a estar esperando junto a él eso que tal vez no ocurra jamás pero ¿quién nos quita lo esperado?

 

Ficha Artístico/Técnica

Autoría: Luis Cano
Actúan: Dante Iemma, Ariel Osiris
Voz en Off: Osmar Nuñez
Diseño de luces: Dora Milea
Realización de escenografia: Nadia Dotta, Dante Iemma
Música original: Alejandro Catarino
Fotografía: Ostras Frescas
Diseño gráfico: Luciano Crispi
Asesoramiento de iluminación: Leandra Rodríguez
Asesoramiento escenográfico y de vestuario: Alejandro Mateo
Asistente de producción y de dirección: Andrea Giglio
Prensa: Laura Castillo
Dirección: Dora Milea

Funciones: Sábados a las 19:00
Duración: 50'

Patio de actores
Lerma 568 (mapa)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Tel.: 4772-9732
Entrada: $ 60,- / $ 40,- 

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