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teatro » nota

| Publicado el 12 de marzo de 2013 a las 10:45 hs.

Love Love Love o según pasan los años

Carlos Rivas dirige con gran acierto una puesta que recorre las distintas etapas del amor con espléndidas actuaciones.

por Teresa Gatto

amor que se serena ¿termina?
¿empieza? ¿qué nueva vejez le queda por vivir?
¿qué fulgor?
Juan Gelman

El 1° de Junio de 1967 salía a la venta Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band y Paul Mc Carthney decía en una entrevista concedida a un programa de TV So Far Out It's Straight Down que había que perderle el miedo a palabras como psicodelia porque éstas sonaban a desconfianza vistas desde afuera y que todos o nadie podían ser un freak out. De allí que historias como las de Dani y Sandra pudieran repetirse hasta el infinito en esos años en que la rebeldía era casi una imposición de la subsistencia.

Esta es una historia narrada en tres etapas que son tres etapas del amor. Comienza ese año, en el departamento de Leo, interpretado por Martín Slipak que compone a un joven que debe ser forzosamente formal mientras su hermano Dani, en la piel de Fabián Vena, estudiante, becado, está sumido en las delicias de la música beat y vive la vida “rebelde”, una posible insubordinación en la Inglaterra de aquellos años. El primer rasgo de dramaticidad, lo generará el triángulo que se desarma fácilmente, Sandra, a cargo de Gabriela Toscano, llega con su excitación de hierba recién fumada sobre la hierba fresca del parque y aunque ha sido arduo para Leo conseguir esta cita, hace lo que esa chica y todas las chicas de los 60 habrían hecho, se enamora de Dani.

La segunda etapa, muestra la adecuación a la que los adultos nos sometemos muchas veces con una carga de frustración atroz por no haber podido sostener lo insostenible: los afanes de la juventud. Hace tiempo casados, Sandra y Dani enfrentan una crisis terminal en varios sentidos, porque la incomunicación reina en sus vidas, porque hay otros triángulos menos duraderos pero implacables en términos de gritar que el amor de los 60’ ha muerto y porque los hijos se hacen presentes y eso, lo sabemos bien, conlleva una carga extra de conflicto. Así Rosi a cargo de Vanesa González y Teo interpretado por Santiago Magariños, encarnan otra etapa de la vida, tal vez más conflictiva que la juventud que sus padres dejaron detrás, son adolescentes y atraviesan ese infiernillo y la conflictiva relación de sus progenitores, lo que significa casi una tragedia no sólo en términos del devenir de la obra sino también en lo que al futuro de ambos jóvenes significa.

Una última y tercera etapa del amor, es la que nos muestra cómo todo lo no resuelto regresa para hacer aflorar el pasado con su carga de culpas, responsabilidades y hasta con la hilaridad que hace posible que el humor nunca se escape de esta obra.

Carlos Rivas dirige con gran acierto una obra que no tiene tres actos, aunque el aspecto formal del apagón así lo diga. Son tres etapas del amor porque unidos o separados, adúlteros o fieles, con sus hijos o alejados de ellos, Sandra y Dani crecen juntos y eso, lo sabemos después, siempre después, no siempre sale bien.

Hay una gran utilización del dispositivo escénico elegido por Rivas así como del espacio que se las arregla para remozarse cada vez pero siendo siempre un recipiente contenedor de emociones, claudicaciones y dialécticas. Una casa, sencillamente, una casa es un mundo. La de Leo, la del matrimonio y la de Dani en el final. Ese dispositivo logra ser el moderador de los sucesos y obtiene su mayor rédito en las espléndidas labores de Toscano y Vena que como por arte de magia y como enormes camaleones escénicos logran transitar esas etapas del amor, dotando de los rasgos más sutiles a sus edades. El ritmo es un sube y baja como la vida misma, porque esta no es una obra fácil. En ella, los trazos de su joven autor Mike Bartlett, están imponiendo todo el tiempo no un texto para decir sin más, sino una actitud ante lo que se dice. Por eso se agradece la organicidad de los artistas que son altamente pregnantes ya que en el transcurrir de las escenas nos preguntamos si volveremos a ver a Leo o vivenciamos cómo propio el presente de Rosi porque de modo muy acabado, Vanesa González, construye sus dos roles y esa jovencita que fue se nos ha grabado.

Excelentes decisiones en torno al diseño de vestuario de Renata Schussheim que junto a los diseños de iluminación y escenografía de Gonzalo Córdova y Carlos Rivas respectivamente, muestran que menos es más porque lo que se juega en escena necesita economía de otros signos dado que todo se dirime en el texto, en las acciones que éste dispara y en el modo de encarar el ser de los personajes.

Love, Love, Love, se da el lujo de enrostrarnos que el futuro es el pasado, que el pasado subsiste en el presente y que no es sólo el recuerdo borroso de un pasado que no pasó. Juntos o separados, amantes o distantes, los que se aman una vez intensamente, siguen sintiendo para siempre que no hay nada que no pueda hacerse, ni nadie que no pueda salvarse y que el tiempo enseña cómo: amor, amor, amor.

 

Ficha Artística/Técnica:
Dramaturgia: Mike Bartlett
Adaptación, diseño de escenografía y dirección: Carlos Rivas
Intérpretes: Vanesa González, Martín Slipak, Gabriela Toscano, Fabián Vena y Santiago Magariños
Diseño de vestuario: Renata Schussheim
Diseño de iluminación: Gonzalo Córdova
Producción general: Nacho Laviaguerre

Funciones:
Miércoles a Viernes a las 20:30
Sábados a las 20:00 y 22:30
Domingos a las 20:00

Multiteatro
Corrientes 1283 (mapa)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Tel.: 4382-9140
http://www.multiteatro.com.ar

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