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teatro » nota

| Publicado el 24 de mayo de 2013 a las 19:40 hs.

Emilia

La obra de Tolcachir, como un punzón asestado al corazón, asedia recuerdo y amores y es una extraordinaria ocasión para redimensionar lo que el teatro consigue cuando se hace con tanto respeto (1).

por Teresa Gatto

¿Cuántos años le llevaría envejecer de nuevo?
Clarice Lispector

Cuando el personaje de Carlos Portaluppi, Walter, piensa en voz alta que los muertos están más presentes que los vivos, al comienzo de Emilia, ya nos entrega de modo indicial un fragmento del recuerdo que como sueño emergerá durante toda la puesta.

Así, el rompecabezas que supone la unión de los (des) trozos de una vida, se construye desde el dolor. Recién mudados, la familia de Walter recibe la inesperada (¿) visita de Emilia, niñera de Walter, que trae consigo todo lo que es constituído por la misma materia: sueños y recuerdos.

El dispositivo escénico elegido por Tolcachir no puede ser más funcional a una puesta que se arma con los retazos del pasado, los vaivenes del presente y la inestabilidad propia del futuro. Una mudanza, el desorden de los trastos, el encierro por el que transitan y recorren el desasosiego sus personajes, cuasi fantasmáticos.

Una casa en medio de una innovación, una familia con la comunicación sesgada y una presencia disruptiva, la de la niñera de Walter.

¿Quiénes somos? ¿Los que fuimos? ¿Los que seremos? ¿Los que estamos siendo? ¿Los que vamos a ser?

¿Cuál es la verdadera virtud del amor? Que no es virtuoso, nada menos. Sólo es.

Emilia apuñala justo allí en ese lugar donde nuestras vidas se dirimen entre el amor, la construcción de los vínculos, siempre en obra, dinámicos, agudos, inestables, necesarios incluso en su egoísmo y un pasado que habilita la comprensión del rompecabezas de la soledad, que, sólo a través de una dramaturgia virtuosa, una dirección impecable y actuaciones de notable nivel, nos aguijonean en el plexo porque Carlos Portaluppi, Francisco Lumerman, Elena Boggan, Gabo Correa con una extraescena que coadyuva a la diégesis, junto a Adriana Ferrer, hacen la coronación de un trabajo que algunos se empeñan en pensar como saga ("Tercer Cuerpo", "La omisión de la familia Coleman" y "El Viento en un Violín") pero que es a la postre una mirada más de la necesidad del amor, de la compresión de algunos abandonos y del universo siempre plagado de defecciones que a todos nos toca afrontar.

De nuevo Tolcachir demuestra ser un Virgilio perfecto en ese camino al Infierno que Emilia (Elena Boggan) y Walter (Carlos Portaluppi) inician juntos para que una vida pasada se presentifique.  Conocidos y extraños, ellos arman la constelación semántica familiar aunque ella haya sido su niñera, aunque ella misma haya sido alimentada por la leche de un ama de cría (eso también es amor). Francisco Lumerman, de una camaleónica impostura que siempre arma el verosímil adecuado a su rol, es el hijo de Walter y sus preguntas o inflexiones consiguen dotar a la puesta de la dosis justa de candor e incisividad. Y como la dramaturgia lo requiere, Adriana Ferrer y Gabo Correa (desde afuera, produciendo un extrañamiento/acercamiento) forman parte de eso que solemos llamar familia y que es como nuestros pies, un lugar en el que hacer base cuando aún no podemos estabilizar nuestro estar en el mundo.

Emilia es un hecho teatral notable, con actuaciones que logran momentos sublimes de la mano de Carlos Portaluppi junto a quien se luce el resto del elenco.

Claudio Tolcachir no necesita presentación. Pero debería ser materia obligatoria de estudio por ese talento que le permite poner en carne viva la vida, escribir y dirigir en su teatro y desdoblarse para hacer exactamente lo que es necesario cuando va a la calle Corrientes.

  


(1) Vimos Emilia en el estreno. No cuesta nada confesar que su sacudón, hizo imposible escribir esta nota hasta hoy.

Ficha técnico artística
Dramaturgia y dirección: Claudio Tolcachir
Actúan: Elena Boggan, Gabo Correa, Adriana Ferrer, Francisco Lumerman, Carlos Portaluppi
Diseño de escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez
Diseño de luces: Ricardo Sica
Asistencia de dirección: Gonzalo Córdoba Estévez
Prensa: María Laura Lucini Monti
Producción general: Maxime Seugé, Jonathan Zak
 
Funciones:
Jueves a las 21:00
Sábados a las 21:00 y a las 23:15
Duración: 90'
 
Timbre 4
México 3554
(mapa)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Tel.: 4932-4395
http://www.timbre4.com
Entradas: $ 90,- / $ 70,-
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