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teatro » nota

| Publicado el 28 de marzo de 2014 a las 11:09 hs.

Pinedas tejen lirios, el Género se sigue construyendo

La puesta de Susana Hornos y Zaida Rico, que forma parte de la Trilogía Republicana, consuma otro logro de la dupla que escribe, dirige y produce nuevos códigos del decir "Conciencia"

Por Teresa Gatto

“Sintiendo en mi cabeza la paradoja del graznido,
constaté que nunca había escuchado antes un sonido más pleno y categórico,
un graznido público tan lícito que transformara ese vuelo cobarde de los pájaros
en una epopeya redentora

Diamela Eltit

Granada. Flamenco. Cante. Mestizaje. Allí la primera de las Pinedas se debate. Encorsetada en su casa, encorsetada en su cuerpo. Encorsetada en sus ideas. Viste de rejas, hay que destruirlas. ¿La culpa? La culpa la dicta la norma. ¿Cuál culpa? Bordar una bandera liberal ¿Bordar una bandera o ser mujer que borda una bandera? Gestionar la culpa es mucho más factible que hacerse cargo del deseo. Humillar es moneda barata, en 1831 o ahora. Da igual. Un cuerpo de mujer es un trofeo. Lo sigue siendo ¿Colonizar su mente? Colonizar su mente es otra Historia. Por eso las Pinedas se reiteran. En Granada y antes que los moriscos lleguen y después, después, después. Ahora.. El verdugo no es quién opera el garrote. El verdugo es el pensamiento que acusa, el deseo de un cuerpo ajeno por eso mismo que se culpa, la captura imposible de una subjetividad de mujer. Allí reside el grumo indisoluble, creer que las poseen de cuerpo o (de)mente. ¿La matarán? No. volverá y será millones.

Argentina. 1973. Luche y Vuelve. Aún resuena. Eva Perón en la hoguera. Mariana Pineda Montonera. Luche y resista. Mariana militante. La revolución es posible. De nuevo las ideas. Siempre las ideas. Y la clandestinidad como única opción. Todos estamos exiliados en más de un signo. Escribir es un exilio. Partir bajo amenaza es otro. Tener el cuerpo de una mujer significa otros mandatos. La militancia femenina en jaque. Las aberrantes torturas de los captores, mucho más siniestras en los cuerpos de mujer. Cuerpos acoso de "Los Vigilantes", dirá Diamela Eltit. Cuerpos falocéntricos o Edípicos, según Andres Cáceres Miles [1]  son “un constructo simbólico de la diferencia en términos de coerción y sometimiento. Es afirmar que el patriarcado organiza los cuerpos en base a un discurso que pulsa el falocentrismo como forma de organizar lo masculino y femenino. Falo: mujer: falo. El cuerpo-Edipo constituye una estructura triangular como forma de ordenar el género: papá (falo), mamá e hijo. Parentesco que funciona como un sistema de diosas fálicas donde lo femenino denota el poder-otro, lo alternativo, el borde en unión con lo intuitivo y natural. En cambio, el héroe debe conquistar y dominar". El lugar de la mujer en la militancia setentista, como ha señalado Pilar Calveiro, es un núcleo. De ese núcleo proliferan cientos de Pinedas.

México. Ciudad Juárez. La lógica de la maquila. Osamentas en el desierto. ¿De quiénes son los huesos? Tan brutal y bárbara se muestra la feminización del homicidio en la realidad desde 1990 que ya todas las lógicas se han mezclado. Pero siempre paga el cuerpo de la mujer. Sólo que esta vez no con engañosas palabras de amor, ojalá hubiera una zona discernible entre verdad y mentira. Ojalá hubiera un después en el que decir gocé aunque fui engañada y alcancé la felicidad fugaz de mi orgasmo. Quise creer, decidí creer. En Juárez las mujeres no deciden. Son coptadas por los sodomizadores que, anclados en la lógica de la migración interna, la condición económica y el desamparo del desierto, ejercercen su perversión sobre el cuerpo de la mujer. Estudiar o ir al ensamblaje para acercar un mendrugo más. Y la niña corre la suerte de todas. Se la rapta, sodomiza y se le arrancan los blasones de sus pechos. Nuestras Hijas de Regreso a Casa, gritan las Mujeres de Juárez. Las hijas no regresan y las condenas no llegan. Llega, artera e impune, la muerte y el desierto que las borra con arena y no con espuma de mar.

Ahora. Hoy. En cualquier lugar, una mujer en exilio, tratando de decidir el nombre de su bebé. Está en exilio. El exilio es una trampa, salva de la persecución y desterritorializa los cuerpos y las subjetividades. No importa si son subjetividades nómades, sobreadapatadas, están en exilio y las leyes, nuevamente son de otros, las hacen otros, las ejecutan otros y el cuerpo se resiente con el golpe. Parece que el cuerpo fuera la materialización de todos los castigos, incluso del amor que encubre la posesión. Falo. Centro de todo poder patriarcal. Falo que pega con la mano. Falo que nos lleva a gritar “Mi cuerpo es mi derecho".

La segunda parte de la Trilogía Republicana cuenta con las excelentes labores de Ariel Pérez de María, que será siempre el hombre. Pedrosa, el militante o captor, el sodomizador de Juárez y el violento de la mujer en exilio. Con torciones de acento que convierten el verosímil de los cambios de geografía en que las Pinedas se debaten y que, como ya hemos visto en otros espectáculos (Malditos (todos mis ex)), cuenta con una gama de recursos escénicos en los que marca el ritmo junto a Laura Lebedinsky quien con una organicidad notable, cambia sus roles para ser consejera, entregadora o madre de Juárez. Se llaman Petra y Pedro, son simbólicamente el muro de piedra en las que quedan encerradas las Pinedas de la Historia.

Arantza Alonso, logra momentos de gran teatralidad sin caer en los ya sabidos. Es capaz de desencorsetarse, ocultarse y enfrentarse a todos los poderes. Ella también es un cuerpo cuyo nombre/signo es objeto de deseo y de represión. Allí en el oxímoron de esta posesión del cuerpo femenino está la instancia única de colonizar sus ideas. De desmantelar la posiblidad de un Mi cuerpo es Mi Derecho.

El escenario vacío en el que predominan el ocre y el negro es paralelo al espacio escénico en el que las Pinedas se lanzan a la lucha perdida de antemano. Lucha que, en esta puesta de Rico y Hornos, reivindica los derechos de género que no sólo abarcan la violencia diaria sino que muestran como la construcción de esa subjetividad femenina sigue necesitando al hombre para ser. No para amar. El espejo es el hombre, retrovertido pero espejo al fin. 

Mientras nuestras congéneres allí afuera, en muchos casos, siguen adelante dejándose colonizar por histeria o vanidad y ni siquiera han tomado conciencia de qué es un cuerpo social, material o ideológico. Tu cuerpo es tu derecho, sino te importa, igual estaremos aquí para defenderte de vos misma.

Una puesta ineludible, con una cuidada dirección, excelentes interpretaciones y muchos disparadores para salir del teatro a repensarse como mujer.

Ficha Artística/Técnica

Dramaturgia: Susana Hornos, Zaida Rico
Actúan: Arantza Alonso, Laura Lebedinsky, Ariel Pérez de María
Percusión: Carmen Mesa
Vestuario y Escenografía: Daniela Taiana
Iluminación: Nacho Riveros
Peinados: Néstor Burgos, Ana Noguera
Maquillaje: Ana Noguera
Realización Gráfica: Silvia Barona
Versión "Romance de Mariana Pineda" (anónimo): Luis Pastor
Fotografía: Akira Patiño
Diseño gráfico: Sergio Calvo
Prensa: Marisol Cambre
Producción ejecutiva: Silvia Barona, Lorena Carrizo
Realización: Valeria Alvarez, Javier Laurerio, Mariana De Paoli
Dirección: Susana Hornos, Zaida Rico

Duración: 60'

Nota: la presente crítica corresponde a la función del día domingo 23 de marzo de 2014 realizada en Teatro El Extranjero, Valentín Gómez 3378 (mapa), Ciudad de Buenos Aires. Tel.: 4862-7400

http://pinedastejenlirios.blogspot.com.ar
http://www.elextranjeroteatro.com

 



[1]Cáceres Miles, Andrés. La Figura del Cuerpo en el poder del Género: Una aproximación a la escritura de Diamela Eltit, Universidad de Playa Ancha. http://www.letras.s5.com/eltit180802.htm

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