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teatro » nota

| Publicado el 14 de mayo de 2014 a las 21:21 hs.

Proyecto Posadas, de Andrés Binetti

La obra de Andrés Binetti dirigida por Michelle Wejcman que se presenta en la bellísima Barbería La Época, es una reflexión inusual y notable sobre cómo el pasado nos visita siempre. Lo que hacemos con él, es otra cosa.

Por Teresa Gatto

“A pesar de las bombas, de los fusilamientos,
 los compañeros muertos, los desaparecidos, no nos han vencido”

Canto Popular

Son los 70’. Maravillosos para algunos. Nefastos para otros. Intensos para todos y en muchos sentidos. La efervescencia se apodera de todo y la política no es la excepción. En este contexto histórico Andrés Binetti ubica su Proyecto Posadas.

Un grupo de jóvenes adherentes al “posadismo”, una corriente política minoritaria dentro de lo que fueron los grupos que dominaron la escena política de aquellos años en que la Revolución era posible, protagoniza esta historia.

Ubicados en un lugar majestuoso y colmado del pasado que funciona como un disparador perfecto para la evocación, la Barbería La Época, este grupo espera a su líder para hacer un homenaje de cumpleaños. En ese acto cotidiano y repetido que es la preparación de una fiesta se despliegan, no sólo las creencias de cada uno de ellos sino también ciertos roles que siempre estuvieron presentes en los grupos que lucharon de diversos modos para lograr la utopía. No son troskos ni peronistas, son Posadistas exclaman en sus cantos de alborozo mientras esa peluquería va alcanzando perfomáticamente los signos de la fiesta. En ese “durante” los actores de enorme despliegue escénico que no exagera ni exaspera los signos de un momento de la historia, van lanzando sus consignas que nos ponen en conocimiento del Proyecto de Posadas y de una apertura mayor. Los posadistas creen en la vida extraterrestre. Tan abierta es la visión de la vida y a la vez, tan posible la revolución, que no deja nada fuera de su órbita. ¡Sí!, la vida en otros planetas existe y quién te dice, vengan a incluirse en la revuelta que ponga al mundo, por fin, en una situación de absoluta y verdadera equidad.

En este plano del pasado, los actores que exudan talento y una sincronicidad propia de un gran trabajo de dirección, repasan esos otros íconos que desde el pretérito nos colocan en ese espacio temporo /espacial: Argentina, Años 70, Montoneros, PRT, Ezeiza, la Giralda, ese memorable bar en el cruce de facultades del centro de la ciudad, secreter sin fondo que guardó aquellas charlas y todos los sueños de los que fuimos capaces muchos de “los jóvenes de ayer”.

¿Llegará Posadas? No importa, si la excusa de esperarlo tiene la misma carga de esperanza y anhelo que tuvo cambiarlo todo. En este primer acto, las actuaciones alcanzan una organicidad impactante y la pluma de Binetii logra una reminiscencia que sigue trayendo a nuestro presente el candor y el dolor de los sucesos posteriores.

La pausa da paso al segundo acto, nos traslada mágicamente al presente. En él, Victoria, una sobreviviente de esos gloriosos y sangrientos 70’ aguarda (mientas barre la peluquería) a que lleguen unos estudiantes de cine que prometen más de lo que cumplen. Con gran destreza, los jóvenes de ayer, revolucionarios antes, psicoanalizados y aburguesados hoy, se presentan y en un gran logro de montaje, escuchamos como monólogos interiores, una excelente descripción de la burguesía a cargo de Laura Igelko (en la piel de Victoria) y también las representaciones que, acerca del cine y su valor testimonial tiene esta muchachada, cuyas mentes han sido colonizadas por ideas no nuevas pero menos épicas. Al menos en los términos en que en el primer acto se manifestaban con una potencia propia de aquellos tiempos.

Varios son los logros de esta puesta. El texto en su aspecto formal y metafórico, alcanza momentos que generan un humor ácido y a veces ingenuo pero que no se priva jamás de exhibir esos tópicos que muchos jóvenes de hoy conocen como eso, tópicos cristalizados y que fueron Norte para los que los precedieron. Esa estructura pasado/presente y su modo abrupto e indicial de exhibir las diferencias permite que Michelle Wejcman, dirija con enorme acierto a Malalá González, María Eugenia Álvarez, Fabián Caero, David Ledezma y Geraldine Lapiduz en ambos momentos históricos y a Laura Igelko, en el presente. El uso de la técnica audiovisual nos permite observar los cambios de ésta última en una vieja TV, conforme conoce el verdadero propósito de los estudiantes de cine y el espacio escénico que, dividido en dos, nos deja tras el vidrio de la barbería, sospechando, infiriendo y asomándonos a una posible verdad, funciona también como un refuerzo de la diégesis. Porque ¿cuánto sabemos de esos jóvenes? De los de ayer y de los de hoy.

Clandestino, Tabicado, Ezeiza, Montoneros, ERP, Posadismo, Lucha, Utopía y Libertad siguen siendo en muchos casos signos no develados totalmente. Y si la Historia grande se escribe con documentos y testimonios, no es menos cierto que la escena cuando se hace cargo de un segmento de ella, poetiza y representa sin cesar y varias veces, en cada noche de función, aquello que como decía Saer “no se ha dejado decir”. Si el teatro permite que el sentido se nos presente como inminente, es que ciertamente: ¡No nos han vencido!

Ficha Artístico/Técnica

Autor: Andrés Binetti
Intérpretes: a Malalá González, María Eugenia Álvarez, Fabián Caero, Geraldine Lapiduz, David Ledezma y Laura Igelko
Vestuario: Ana Algranati, Celina Barbieri
Fotografía: María Belén Cobas
Diseño gráfico: Florencia Cuello
Asistencia de dirección: Yesica Wejcman
Prensa: Marisol Cambre
Dirección: Michelle Wejcman

Duración: 60 minutos

BARBERÍA LA ÉPOCA
Guayaquil 877 (mapa)
Ciudad de Buenos Aires – Argentina
Reservas: 153 175 1592
Entrada: $ 85,00 / $ 70,00 - Viernes - 21:00 hs - Hasta el 25/07/2014

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