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teatro » nota

Publicado el 18 de octubre de 2014 a las 13:55 hs.

Tierra del Fuego II, de Mario Diament , con dirección de Daniel Marcove, en El Tinglado Teatro

Una mirada muy interesante sobre el conflicto bélico entre Israel y Palestina, planteado desde sus orígenes y en una apuesta por la paz.

Por Denise Pascuzzo

"Una generación […] se encontró súbitamente a la intemperie,
en un paisaje en que nada había quedado inmutable a excepción de las nubes.
 Entre ellas, rodeado por un campo de fuerza
de corrientes devastadoras y explosiones,
se encontraba el minúsculo y quebradizo cuerpo humano"
“El narrador”, Walter Benjamin


Es para celebrar que en Argentina exista una obra de teatro que de manera tan acabada y con tantos matices pueda presentar un tema tan complejo. En Tierra del fuego se encuentra admirablemente planteado el conflicto bélico entre Israel y Palestina. Allí puede verse muy bien toda la conflictiva y desde múltiples puntos de vista: los hechos históricos, políticos, económicos y –lo más importante– se narra muy bien el modo en que este problema atraviesa a cada uno de los sujetos que forman parte de ese conflicto. De ese modo, en un escenario muy bien aprovechado en sus recursos, y con seis excelentes actores, se plantea la contienda de un modo panorámico, generando una síntesis histórica del conflicto presentando todas las partes intervinientes; y a su vez, al modo de una cámara en el cine, uno puede ir acercándose hacia un primer plano desde el cual poder ver el interior del individuo, tanto de uno como de otro lado: las causalidades, las motivaciones de sus actos, el dolor, la reflexión, las cicatrices imborrables que la experiencia ha dejado, ya sean físicas o simbólicas.  De ese modo los actores representan al mismo tiempo un sujeto histórico y un sujeto individual, tramados en una sola pieza pero presentando las dos vertientes a un tiempo. Por otra parte, los distintos personajes que aparecen en escena representan o condensan prácticamente todos los lugares y matices representativos en el conflicto, y cada uno con sus causalidades y sus dolores. Es una obra que interpela, que nos lleva al compromiso de preguntarnos qué hacer frente a las cicatrices que la historia deja y qué hacer con la memoria. “Cambiar no significa borrar” dice Hazzan (interpretado magníficamente por Carlo Argento), el palestino que se encuentra en la cárcel desde hace veintidós años por haber cometido un atentado contra población de civiles judíos en Londres, en el año 1978. Lo dice en una conversación con Jael (interpretada en una actuación notable por Alejandra Darín) una de las judías víctimas del atentado, quien por una fuerza interior que no sabe explicar decide ir a hablar con él. Maravillosa imagen el encuentro entre una judía y un palestino, dialogando, discutiendo, atendiendo cada uno a las razones del otro, y sin simplificaciones (por el contrario, exhibe el problema en toda su complejidad) la obra logra imaginar cómo podrían conciliarse, cómo podría construirse la paz, en el diálogo, en el intercambio.

La Tierra del fuego podría ser “el fin del mundo”, el sur de nuestro país, lugar utópico al que desea irse el palestino cuando quede liberado, lugar que conoce por las historias de su abuelo, que ha vivido allí alguna vez. Asimismo la tierra del fuego alude al territorio en que se produce la lucha incesante entre Israel y Palestina, ese choque de culturas, esa pelea por un territorio, a raíz de intereses económicos, políticos, geográficos.  Por otra parte, el atentado se produce en Londres, en 1978, mientras se producía la final del mundial en Argentina. Esa distracción permite que pueda llevarse a cabo el atentado. Ese acontecimiento, planteado así en la obra, no hace sino extrapolarse al efecto que efectivamente tuvo el mundial en 1978 en nuestro país. De ese modo, ambos conflictos –la contienda entre Israel y Palestina y nuestra dictadura– quedan asociados, en una posición análoga. La obra de Mario Diament parece estar diciéndonos: ni estuvimos ni estamos lejos de ese conflicto si tenemos un compromiso con la paz. Y en definitiva, ambos hechos quedan asociados por su denominador común: la violencia sistemática impartida desde el Estado.

Con extraordinarias actuaciones de Alejandra Darín, Carlo Argento, Ricardo Merkin, Elena Petraglia, Juan Carlos Ricci y Miguel Jordan, que logran producir y sostener el nivel de intensidad y de emociones involucradas en el tema tratado.  

Ficha artístico-técnica

Director: Daniel Marcove 
Autor: Mario Diament 
Actúan: Alejandra Darin, Carlo Argento, Ricardo Merkin, Elena Petraglia, Juan Carlos Ricci y Miguel Jordan. 
Diseño gráfico: Pedro Flores Maldonado 
Producción: (Ejecutiva) Pablo Silva 
Vestuario: Daniela Taiana 
Diseño del espacio: Tito Egurza 
Asistencia de dirección: Iardena Stilman 
Musica: Sergio Vainikoff 
Asistencia de Producción: Maria Daniela Laprea, Henry Rosales 
Realización de escenografía: María José Crivella y Marina Apollonio
Realización de vestuario: Lidia Benitez 
Fotos: Gianni Mestichelli 
 

Funciones:

El Tinglado Teatro
Mario Bravo 948 CABA
Tel. 4863-4188
Sábados 20.00 hs.
Domingos 19.00
Entrada 160$ 
http://www.eltinglado.com.ar

Crítica realizada sobre la función del 12 de octubre de 2014.

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