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teatro » nota

| Publicado el 06 de noviembre de 2014 a las 20:43 hs.

Epicrisis, mujeres al borde de...

La obra de Laura Coton dirigida por Edgardo Millán, apela al absurdo y al kitsch con fascinantes labores actorales de Eva Aldonaylo y María Laura Cali.

Por Teresa Gatto

“no nos desembarazamos de los muertos,
jamás terminamos con ellos.
Y sin embargo, es ese interrogante
 sobre la suerte de los muertos
 lo que quiero exorcizar,
y cuyo duelo quiero hacer para mí mismo”
Vivo hasta la muerte-
Paul Ricoeur

Epicrisis del griego επi= posterior y κρiσις = apreciación, juicio. Con este título sugestivo que la ciencia también usa para hablar de historias clínicas computarizas, Minerva y Diana pasan las horas en un hospital cuidando a su padre y ex marido respectivamente.

La crisis posterior, no es la muerte, la posible muerte de los dos hombres que no albergan mucha esperanza. La crisis posterior es la que se representa en escena en esa cárcel que supone el hospital cuando los trances emocionales de ambas mujeres se hacen evidentes en una suerte de absurdo, en el que interviene lo kitsch y una hilaridad que emana del excelente texto que Laura Cotón ha escrito con rasgos que entre otras  cosas sobrevuelan la cuestión de género.

¿Por qué cuidar a un ex marido? ¿Por qué cuidar a un padre nazi? ¿Por qué cuidar? ¿Las mujeres desarrollamos más sentido de culpa? ¿Seguimos con sujeciones atávicas del patriarcado más feroz? No lo sé. Sé, que esa sala de espera en la que Diana impertérrita se puede laquear las uñas y Minerva levantar el tono de voz más de lo permitido, supone un encuentro y una excusa excelente para mostrar un universo borderline.

Porque finalmente muertos o enfermos valen más que vivos, valen la libertad, pero vivos, inermes, casi terminales son la justificación perfecta para desandar con un absurdo impecable muchos de los lugares comunes y extraños del ser humano, del ser femenino.

Incluso para mostrar esa vitalidad que se yergue gloriosa frente a un moribundo y que nos hace pensar “menos mal que no soy yo”. Y entonces, hay un extrañamiento y una distancia que nos hace tomar partido por una o la otra o por ambas. Pero que libra a su suerte a los enfermos que no provocan la menor empatía porque son metáfora pura.

Mujeres de deseo, de carácter, de inquietud. Mujeres al borde de un ataque de nervios que pueden hablar de lo más trivial o de lo más profundo hasta que esos monitores dejen de marcar el ritmo cardíaco de quienes las demoran y a la vez les dan la razón de ser allí mismo.

El diseño escenográfico  de Julieta Ascar es un logro más de la puesta que en un rombo contiene ambas camas de los agonizantes y una sala de espera, es casi un ring en que ellos pelean inútilmente por sus vidas y ellas también. Porque lo que se dice, tiene una lógica, la del absurdo. Pero alcanza niveles de comunicación por la impronta que ambos personajes logran desarrollar con enrome organicidad. Entonces Diana en la piel de una magnífica Eva Aldonaylo y Minerva con una impronta fantástica a la que le pone el cuerpo María Laura Cali, también usan ese ring, pero con una dialéctica que jamás alcanza una síntesis. Así somos las mujeres en crisis. Rizomáticas, desbordadas y verborrágicas. El vestuario, también de Ascar, colabora en el diseño de esas personalidades tan marcadas e hilarantes.

Una puesta que Edgardo Millán dirige con enorme acierto haciéndole honores al texto de Laura Coton y haciendo brillar a las actrices.


Ficha Artístico/Técnica

Autor: Laura Coton
Dirección: Edgardo  Millan
Elenco: Eva Adonaylo - María Laura Cali
Escenografía y vestuario: Julieta Ascar
Iluminación: Pablo Vaiana
Diseño Maquillaje: Elena Sapino
Asesoramiento sonoro: Pablo Abal
Asistente de dirección: Juan Pablo Sedano
Producción ejecutiva: Diego Feldman

Funciones: sábados  a las 23 hasta el 30/11/2014
Entradas: $120/$70

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