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teatro » nota

| Publicado el 22 de febrero de 2015 a las 03:20 hs.

Del incontenible viento del violín

Personajes singulares, matices y temas planteados de un modo excelente desde el humor, con dirección, texto y actores notables.

Por Denise Pascuzzo             

                                           “…el viento empezó a llegar cada vez más intenso sobre el camino
y se fue tendiendo en todas partes
como un animal magnífico”
“La tentación de la calma Verónica”, Robert Musil

El viento puede ser belleza o puede ser destrucción; puede ser fuerza incontenible y pasional pero en su recorrido dejar esquirlas. Así de relativa puede ser la fenoménica de la experiencia humana. En efecto, hasta la sensación de lo que llamamos felicidad muchas veces, en su exceso, parece lindar con un sentimiento parecido al dolor. Esta serie de cuestiones se presentan y derrumban los absolutos para dar lugar a acontecimientos relativos y, muchas veces, inefables. Algunos de esos elementos pueden pensarse al ver El viento en un violín.

Con la obra de Claudio Tolcachir, que se exhibe por algunas semanas en el Paseo La Plaza, uno asiste a una puesta que presenta un conjunto de personajes con un alto grado de singularidad, en los cuales de un modo excelente, tanto el texto como la caracterización y el trabajo desde la dirección de actores logran ese compendio de deseos y motivaciones particulares que residen en cada uno de ellos y que generan situaciones también singulares, como también lo son sus decisiones y modos de operar. Por eso es que la obra de Tolcachir se aleja completamente de la construcción de personajes desde lugares comunes o intentando generar estereotipos. Otra de las grandes virtudes a la que asistimos al ver la obra es el tratamiento de determinado tipo de temas desde el humor: con un determinado tono y una forma –en este caso apelando al recurso cómico– se plantean situaciones que no por ser amorosas carecen de violencia, de dolor, de transgresión, pero también de comprensión, etc. Precisamente en las escenas confluyen todos los aspectos involucrados en el amor: distintas formas del amor, sus efectos y aquellos elementos que atraviesan a los sujetos involucrados en esos lazos. Inclusive, el aspecto social se hace presente, pero enlazándose con los conflictos de los sujetos en un nivel individual; la situación social y económica de los personajes se hace carne en sus modos de funcionar como sujetos incidiendo en los universos íntimos y emocionales de sus vidas privadas. La escenografía pareciera encontrarse en consonancia con este planteo, en la medida en que el espacio integrado no sólo favorece la mezcla entre clases sino que la genera y la agudiza. En otros términos, podríamos decir que la dimensión espacial dialoga con lo que luego será un intercambio, una combinación y una mezcla que proliferará luego en otros sentidos que la obra desarrollará en escena de un modo muy interesante.

El humor –podría decirse– parece operar como un desplazamiento del sentido de lo planteado; realiza un traslado, cambia de lugar y resitúa en otro contexto, por referir algunos de los muchos procedimientos que lleva a cabo en su sentido inherente. Su efecto es la risa, pero por otra parte el desplazamiento se asemeja al procedimiento de la metáfora. La raíz etimológica de metáfora refiere a ‘traslado’, del mismo modo en que sucede con el humor. Así es que lo grave y problemático se resitúa cobrando la forma de una escena cómica y de ese modo explora determinadas temáticas y arroja sentidos nuevos. Esto sucede extraordinariamente en la obra de Tolcachir: gran texto, dirección de actores y extraordinarias actuaciones habilitan este procedimiento. Una oportunidad para ver un teatro de gran valor estético en el que se potencian e interrelacionan de un modo excelente las distintas dimensiones que lo hacen posible.

 

Ficha Artística/Técnica

Paseo La Plaza
Av Corrientes 1660 (mapa)
Ciudad de Buenos Aires - Argentina

Tel.: 6320-5350


Actúan: Tamara Kiper (Celeste), Inda Lavalle (Lena), Miriam Odorico (Mercedes), Lautaro Perotti (Darío), Mimi Rodriguez (Dora), Gonzalo Ruíz (Santiago)
Libro y dirección: Claudio Tolcachir
Asistencia de escenario: Pedro Ferreyra
Diseño de luces: Omar Possemato
Diseñadora gráfica: Johanna Wolf
Escenografía: Gonzalo Córdoba
Prensa: Marisol Cambre
Equipo de producción TIMBRe4: Carolina Fischer y Natalia Mesía
Producción: TEATROTIMBRe4 // Maxime Seugé y Jonathan Zak

Crítica basada en la función del domingo 18-01-2015 a las 21:30 hs.

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