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teatro » nota

| Publicado el 03 de mayo de 2016 a las 17:01 hs.

La culpa la tuvo Inés

La fundación, con una dramaturgia poderosa como la de Susana Torres Molina, encuentra en la dirección de Héctor Levy-Daniel, un titiritero magistral para hacer brillar a sus criaturas que se lucen de modo parejo. Los viernes en NÜN TEATRO BAR.

Por Teresa Gatto

Adriana Calvo ayudó a mi mamá en todo el trabajo de parto. 
Cuando empezó con contracciones fue Adriana 
la que la ayudó y llamó a los guardias, por decirles de alguna manera,
y fue ella la que me contó después del parto 
que yo estuve uno o dos días con mi mamá en esa celda hasta 
que una de las personas entró diciendo 
que el coronel me quería conocer. 
Me sacó de los brazos de mi mamá y nunca se supo más nada de mí.” 
Testimonio de Leonardo Fossati, nieto recuperado

"que la sustracción de los menores formaba parte
de la actividad ilegal diseñada por la Jefatura del
ejército para ‘suprimir’ en su ámbito de actuación a
quienes consideraba integrantes o colaboradores de las
fuerzas guerrilleras o disidentes políticos con el
régimen de facto, y de esta manera evitar que los
menores crecieran en hogares en los cuales se les
inculcara el odio hacia las instituciones militares".

Juez Compareid, Condena a Yolanda Isabel De Francesco 
por apropiación de menor, sustracción de identidad y falsedad ideológica.

 

La pregunta regresa. Como una esquirla que no se puede sacar. Interesó un órgano  vital y no se puede sacar. Tal vez esa esquirla sea la memoria. Prefiero que duela a someterme al olvido light. A la vuelta de página. Al obsceno algo habrán hecho. A aquel demencial y pensado enunciado: “se embarazaban para que fueran más piadosos con ellas” (escuchada  de una ayudante del Fiscal Strassera). Aquí pierdo el orden de las cosas, recuerdo a esa mujer, nefasta y ahora jueza y siento una sana envidia por todos aquellos que pueden hacer relato con semejante atrocidad.

Apropiación de bebés. Ese delito imprescriptible porque se sucede en el tiempo mientras las identidades se suprimen, sigue y seguirá teniendo paladines de la búsqueda cuando ya no queden Abuelas, tíos, primos o amigos que puedan reclamar.

Pero me pierdo en el orden de las cosas. Esto es una ficción. ¿Es una ficción? Es casi como hablar de Rodolfo Walsh, lo que los norteamericanos y muchos coterráneos llamaron Non Fiction, es nada más ni nada menos que un policial, con un delito, una conspiración para cometerlo y una investigación que en el caso de La Fundación y en el caso de Walsh, no restaura el orden como en los policiales negros o de enigma, porque el criminal es el Estado, entonces no hay Marlowe que encarcele al criminal. No hay orden. Por eso pierdo el orden de las cosas. Hasta que no estén los 514 no habrá orden restablecido.

La Fundación es un texto potente pero a la vez casi imposible de dirigir, salvo que, pasados 40 años del comienzo del horror, su director, Héctor Levy-Daniel, tenga un compromiso legítimo con la verdad y la justicia. Porque cada uno de sus cuatro personajes, son  un arma martillada, una ametralladora sin seguro.

Veamos la situación: una pareja desea adoptar un bebé. Recurre a una “Fundación”. Allí luego de rendir cuentas acerca de las sagradas estructuras familiares, católicas, apostólicas y romanas y de observar las sagradas cláusulas del capitalismo genocida: casa propia, 3 cuartos, etc…Tropieza.

No hay manera de salvarlos. Lo magnífico de la estructura dramática de la obra es eso. No hay buenos. Nos hay héroes. No hay nada. Hay una recomendación: el Coronel, tío de Arizmendi, el hombre que junto a su esposa Marta quiere adoptar, en trabajos brillantes de Emiliano Díaz y Florencia Naftulewicz, respectivamente. Ellos manejan un doble estándar moral (imperativo en nuestra sociedad que hace perder la batalla cultural de cada día) que es abominable. Cualquier empatía probable con ellos se verá desmoronada hacia el final.

Los adoptantes casi inmóviles y los poderosos circulando como dueños de la vida y de la muerte son una sinécdoque perfecta de esa inmoralidad que por alevosía u omisión formó parte de ese laberinto de espanto.

Los mandamás de la Fundación, el Dr. Palacios, en un trabajo brillante de Carlos Kaspar y la imperturbable Sra. Amalia, en la piel de una Estela Garelli que hace un trabajo de composición espectacular y lejano en todos los planos, a los que le conocemos no esconden nada. Si lo escondieran, indiciales y perturbadoras se apilan asfixiantes las cajas de expedientes que son como un muro impenetrable. El muro de los lamentos del Siglo XX y XXI, el muro de las identidades robadas.

No se puede robar un niño y salir indemne. La batalla de preguntas y respuestas a las que son sometidos los adoptantes, los miedos de Marta, la quisquillosa interpelación del Dr. Palacios y la mirada escrutadora de Amalia, desmantelan todo.

Por eso, a pesar de ser casados por la Iglesia, de ser propietarios, de no deberle nada a la Justicia (hasta ese día) sus máscaras se caen. Porque Inés, aquella amiga del secundario que militaba dando clases en un barrio obrero, Inés que no podía verse con Marta por prohibición del señor Arizmendi “esa, en qué cosas andará Marta, no la quiero en casa”. Inés es una esquirla en el doble estándar de Marta ¿y entonces?

Entonces la cadena semántica: buenos partos, niños sanos, centros de excelencia para nacer, madres confinadas, nunca reclamarán por ellos, no se puede saber quiénes son los padres, etc., etc., etc., terminan en Inés. Ella que estaba embarazada cuando se la llevaron. Esa que como una peste contaminó todo, hasta las vidas de los Arizmendi. Esa que parió y está “confinada” y esa que será a la postre, la culpable de que los Arizmendi tengan una doble reclusión que replica su doble estándar.

Cada uno de ellos, sacará su máscara a tiempo para develar una vez más que cada vida es un pozo profundo de anhelos, oscuros, muchas veces, que va a ahóndandose con los años. 

El diseño de iluminación de Ricardo Sica, el vestuario adecuado de Cecilia Zuvialde junto a su diseño de escenografía que los amontona no porque el espacio sea pequeño, sino porque son la misma cosa y  Levy-Daniel que los dirige de manera brillante hacen de esas marionetas eso, unos títeres patéticos, no son culpables, si la culpa la tuvo Inés. O volví a perder el orden de las cosas.

 

 

Ficha Artístico/Técnica

Dramaturgia: Susana Torres Molina
Actúan: Emiliano Díaz, Estela Garelli, Carlos Kaspar, Florencia Naftulewicz
Vestuario: Cecilia Zuvialde
Escenografía: Cecilia Zuvialde
Diseño de luces: Ricardo Sica
Fotografía: Camila Levy-Daniel
Asistencia de dirección: Marina Kryzczuk
Prensa: Marisol Cambre
Dirección: Héctor Levy-Daniel
Duración: 70 minutos
Clasificaciones: Teatro, Adultos

NÜN TEATRO BAR

Juan Ramírez de Velasco 419
Capital Federal - Buenos Aires – Argentina
Teléfonos: 48542107
Web: http://www.nunteatrobar.com.ar
Entrada: $ 150,00 - Viernes - 21:00 hs - Hasta el 27/05/2016

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