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teatro » nota

Críticas | Publicado el 29 de marzo de 2011 a las 21:02 hs.

Nuestro fin de semana

Una de las obras emblemáticas de nuestro teatro en una excelente puesta de Lizardo Laphitz en el Teatro El Duende.

por Teresa Gatto

El teatro no puede desaparecer porque es el único arte
donde la humanidad se enfrenta a sí misma

Arthur Miller

 

En 1964 y ante un gran éxito de recepción, Nuestro fin de semana le valió a Roberto Tito Cossa el  Premio a la Mejor Obra de Teatro Argentino y a Yirair Mossian, el de Mejor Dirección Escénica.

Desde la década del 50’ y según palabras del Dr. Osvaldo Pelletieri, director del GETEA, se venía produciendo en el ámbito local una apropiación de nuevas formas que darían nacimiento a la primera fase del Realismo Reflexivo. El modelo era Arthur Miller y a la vez que nuevos principios constructivos regían a la dramaturgia, comenzaba a pregnar el modelo Stanislavski –Strasberg que operaba sobre los modos en que se construía, transitaba y llevaba a escena el escurridizo “ser del personaje”. Actuar sin actuar al decir de algunos o no actuar sino dejar fluir aquello que a esa construcción textual le estaba ocurriendo al momento de llegar al texto espectacular.

Muchos años transcurrieron y el siglo XX  esponjoso a la novedad, transitó toda suerte de cambios, influencias, vanguardias, impugnó al realismo, lo desempolvó cuando fue necesario apelar de nuevo a él pero algo permaneció a resguardo: la importancia de instalar un modelo de representación en el que el héroe a salvo de las grandes épicas irrepetibles, librará su destino pequeño pero no por eso menos angustiante.

Hoy, en el re fundado espacio escuela de teatro de Agustín Alezzo, El duende, Lizardo Laphitz ha montado con un grupo de actores herederos de esa enseñanza, la obra de Cossa reponiendo su sustancia más esencial, ya que la época ha sido respetada como así también todos los códigos de representación que la convirtieron en un clásico.

El estreno contó con importantes presencias del mundo teatral. Oficiando de anfitriones Alezzo y Laphitz y prestigiosos invitados como el autor Tito Cossa, Carlos Gorostiza, Duilio Marzio y Beatriz Spelzini entre otros.

¿Pero qué cuenta Nuestro fin de semana? ¿Es posible reponerla sin pensar a priori que pudo haber envejecido?

En primer término, la obra de Cossa aborda en una unidad de tiempo –la tarde de un sábado hasta la caída del sol de un domingo- un encuentro de amigos que parece decirnos que nada extraordinario va a ocurrir. Un grupo de amigos se reunirán en la casa de uno de ellos y cenarán, departirán y tal vez, hasta hagan planes, planes de esos que pueden cambiar el futuro. ¿Acaso no es eso lo que el hombre busca cuando su mundo se consume sin los logros que determinada sociedad le reclama?

La tragedia mínima, la salida económica obturada o fallida, la rutina de algunos amores, la chatura intelectual de algunos, la necesidad de escape de un género como el femenino que aún no ha logrado reivindicaciones, se esbozan en la obra como núcleos temáticos disparadores que más que re presentar un héroe que nos permita una catarsis, nos dejan en la desolación más absoluta porque la misma sociedad que pide más de ese héroe de domingo barrial, es su oponente más férreo para que lleve adelante su cometido.

En segundo término, no hay modo de reponer Nuestro fin de semana sin llevarla a la época de su contexto de escritura porque es justo decir, que los tiempos han cambiado y son otras las aspiraciones del hombre de las capas medias. Pero cuidado, que nadie se llame a engaño, los temas centrales, el epicentro del conflicto no ha cambiado: enfrentados a un destino que nos grita que somos seres de angustia, día tras día nos convertimos en antihéroes de nuestra vida porque lo que no se alcanza, lo que no se posee, el no logro, sigue siendo factor de tragicidad en el teatro y en la vida.

Un equilibrio siempre precario pero sin estridencias, otros en crisis que casi anuncian su no resolución. Un modelo social que como una aporía de la modernidad lo impele al triunfalismo pero a la vez  le bloquea las salidas. Una buena gradación de conflictos (que como señala Pelletieri, es típica de esta fase del realismo) y la opción de llevar la puesta a su contexto histórico para promover, en este caso, cierta empatía del espectador con el universo ideológico de los personajes. Todo esto da como resultado una puesta en la que podemos debatir los objetivos pero nunca que éstos existan.

En el caso de la puesta de Laphitz, hay un trabajo excelente en torno a la organicidad de los personajes, sus tics, sus modos de comportamiento. La construcción de un contexto que inmediatamente comenzada la puesta nos instala en el momento adecuado y entonces que una vecina vaya a ver TV a la única casa del barrio que tiene un aparato no nos asombra, como no nos asombra el fracaso final de Willy Loman. El diseño escenográfico y el vestuario colaboran diegéticamente con otros signos dando como resultado una puesta que debería ser vista por espectadores comunes y actores para entender qué ocurrió en la segunda mitad del XX y cómo agentes culturales como Alezzo,  Gandolfo, Fernández y otros se las vieron en la tarea de acceder a la novedad, no como un snobismo de intelectuales que querían estar a la moda, sino más bien como una necesidad que la escena nacional estaba demandando.

Aquí Lizardo Laphitz ha trabajado arduamente y todos y cada uno de los actores llevan adelante una puesta homogénea que permite no sólo adentrarse en la historia pequeña de una tragedia que para sus protagonistas puede ser enorme, sino para llevar adelante un montaje realista en el mejor sentido de esa poética y no saturar al espectador con inútiles trastos o acciones vanas. Sabedores de lo que montar esta obra significa, actores y director, se ponen los mamelucos y salen airosos aún cuando hayan pasado casi 60 años.

Excelente puesta, bello espacio, nombres de honor del teatro argentino son indicios más que suficientes para que ver Nuestro fin de semana se convierta en un programa que no sólo entraña los motivos que nos llevan al teatro sino que además constituyen un viaje didáctico por lo mejor de nuestra escena.  


Ficha Artística / Técnica:

Dramaturgia:
Roberto Tito Cossa
Actúan: Maria Ahuad, Claudia Cuis, Emiliano Delucchi, Julián Echezarreta, Alejandro Fain, María Marta Giménez, Alicia Godoy, Nicolás Mizrahi, Silvana Angela Sabetta, Pablo Zani
Músicos: Lorena Ventemiglia
Vestuario: Marta Albertinazzi
Escenografía: Marta Albertinazzi
Diseño de luces: Lizardo Laphitz
Diseño gráfico: Silvana Angela Sabetta
Asistencia de dirección: Natalia Laphitz
Dirección: Lizardo Laphitz

Funciones:  sábados a las 21 y domingos a las 19 - hasta el 29/10/2011
Teatro El Duende, Aráoz 1469 Ciudad de Buenos Aires (mapa)
Tel.: 4831-1538
Entrada: $ 45,- y $ 30,-
 

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