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teatro » nota

| Publicado el 04 de mayo de 2011 a las 17:22 hs.

Halley o el último día de nuestras vidas

El paso del cometa más famoso es la excusa ideal para que tres hermanos se reúnan en el que podría ser el último día de sus vidas... al menos tal como las conocían.

Por Teresa Gatto 

“Lindo Lollipop, estamos solitos,
Sería bonito, que nos conozcamos mejor”

Un cometa es un astro formado por un núcleo un poco denso y una atmósfera luminosa que lo envuelve, lo precede y lo sigue, dice la RAE. Halley el cometa más esperado en un día veraniego de 1986 es el más famoso porque es uno de los pocos, tal vez el único, que puede verse a simple vista.

“A simple vista”. “núcleo denso”, “atmósfera luminosa”,  “envuelve”, sigue”, “precede” son prácticamente enunciados contenidos en Halley o el último día de nuestras vidas de Lucila Garay. La excusa de ver pasar el cometa por única vez y que éste sea lo último que se vea, reúne a tres hermanos a cenar. Son mellizos pero como la ciencia intervino en su gestación, son de padres distintos.

El encuentro familiar en torno a la picada y una carne que nunca llegará a la mesa está signado por esa certidumbre de que todo puede acabar cuando la cola del cometa deje de alumbrar, entonces ¿por qué no decir, reclamar, develar y por sobre todo, exhibir el reproche contenido, el deseo  guardado si después no habrá nada más?

Así, la noche se va poniendo densa como el núcleo del cometa y lo que no se dijo comienza a verse a simple vista y envuelve actos, dichos, pasado, presente y futuro de los protagonistas.

Una novia escondida que pide perdón, un repartidor que nadie llamó pero que insiste en entregar el pedido, una tía que no tiene adonde ir con un hijo que desanda su timidez en un soplo, se suman para volver más denso el núcleo de esa constelación de los trillizos que no es rosa, ni lúdica, ni tan risueña, aunque suene un tema de Viuda e Hijas de Roque Enroll y todos bailen porque el texto de Garay narra muchas carencias pero siempre desde el humor, hace pié en situaciones tremendas pero siempre con un toque que permite a sus personajes y a nosotros los espectadores, reírnos sobre todo cuando la voz de Víctor Hugo Morales anuncia desde la radio que el cometa ya llega, que no volveremos a verlo pasar de nuevo porque para eso ¡para eso amigos, faltan como 85 años y ninguno de nosotros vivirá para contarlo!

Orgánicas actuaciones de los hermanos encarnados por Roberto Monzo, Johanna Braña, Soledad Sauthier desandan la historia de su origen y logran momentos hilarantes. Cuando se suman el resto de los personajes encarnados por Gaston D'Angelo, Lulú Badaracco, Ignacio Torres y Viviana Esains, la obra gana en situaciones reideras y dramáticas siempre bien balanceadas.

La escenografía de Sofía Rapallini  apela a la simpleza y usa exactamente los objetos necesarios para la representación, el diseño lumínico de Dana Barber, logra cobijar a los personajes y dar cuenta del fenómeno que luego de producido dejará conformada una familia diferente ya que todo cambia para todos, aunque en la coreografía de Vanina Montes luzcan tan regios.

Buen trabajo de Lucila Garay en dirección y dramaturgia  para que Halley sea un punto de inflexión de esos que todos tenemos en la vida.


Ficha Artístico/Técnica

Intérpretes: Roberto Monzo, Johanna Braña, Soledad Sauthier, Gaston D'Angelo, Lulú Badaracco, Ignacio Torres, Viviana Esains.
Voz en off: Víctor Hugo Morales
Coreografía: Vanina Montes
Iluminación: Dana Barber
Escenografía: Sofía Rapallini
Vestuario: Ana Nieves Ventura
Diseño grafico: Leticia Martin
Asistencia general y producción: Franco Midú
Dramaturgia y dirección: Lucila Garay

Funciones: Sábados a las 22:30
Timbre 4: Av. Boedo 640 / México 3554 Ciudad de Buenos Aires
Tel.: 4932-4395
http://www.timbre4.com
 

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