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teatro » nota

| Publicado el 26 de julio de 2011 a las 11:08 hs.

Antígona Vélez, un lujo en el Cervantes

La obra de Leopoldo Marechal se presenta en el Teatro Nacional Cervantes con dirección de Pompeyo Audivert y un importante elenco.

"La danza de la muerte tiene un
centro invariable: el poder.
Es el delito más grande y el más codiciado"

J.J. Saer


George Steiner se preguntaba hace un tiempo por qué tantas Antígonas y lo cierto es que no hay una respuesta que satisfaga de modo unívoco una pregunta que asoma en el panorama de nuestra región cuando los mitos y tragedias griegas  han sido reelaboradas en múltiples oportunidades. De Latinoamérica mencionaremos sólo algunas contemporáneas a la que nos ocupa: Antígona Vélez (1951) de nuestro Leopoldo Marechal que coexiste y comparte un horizonte con  La venganza de Afrodita (1954) del también argentino José León Pagano; Orfeo de la Concepción (1956) del brasilero Vinicius de Moraes; Pedreira das Almas (1956), del brasilero Jorge Andrade; Medeaen el espejo (1959), del cubano José Triana; Yocasta o casi (1961) del mexicano Salvador Novo; Circe o el amor (1962) del dominicano Emilio Belaval; Elreñidero (1962) de nuestro compatriota Sergio de Cecco,entre otras.

Lo cierto es, que reelaborada, la tragedia de Sófocles encuentra en Marechal una resignificación al ser considerada una historia de frontera. Pero consideremos frontera con todas sus posibilidades. Ya que en la puesta de Pompeyo Audivert, no sólo está jugando la frontera entre lo sagrado y lo profano, el linde entre la autoridad y la libertad, el borde entre la vida y la muerte sino además un “entre” ese “in between” del que habla Homi Bhabha en The Location of culture. En ese “entre” hay un espacio híbrido en donde las fronteras se funden y penetran generando un híbrido.

La puesta de Audivert con su penetración en la platea a través de un interesante pero simple dispositivo a modo de pasarela, penetra un espacio “otro” que al principio será aquel en que Facundo Galván patrón de La Postrera escribe a máquina sus propias leyes que determinan entre otras cosas que uno de los hermanos de Antígona sea devorado por los caranchos, toda vez que se unió a la indiada. Será, además, el lugar en el que yace Ignacio Vélez el que traicionó al tío huinca  y será el horizonte por el que el alazán deberá llevar a su hermana a estrellarse contra un horizonte de lanzas cuando sea dictaminado su castigo de desobediencia.

Ese espacio que penetra la cuarta pared da cuenta también de una división que el texto de Marechal repone, el binomio civilización/barbarie y aunque los hechos no tengan una fecha específica, el desierto del indio no ha sido dominado aún y esa penetración supone además la penetración en un terreno que libró múltiples  batallas. Si en el Siglo XIX los textos de Echeverría y Mansilla habían configurado un imaginario que conformaba  el espacio cultural donde el macro-relato (espacio textual), operaba como un ordenador de  la épica de la civilización contra la barbarie y condensaban  la lógica epistemológica de la modernidad argentina y latinoamericana en una división simple y arbitraria, la re escritura de la Antígona de Leopoldo Marechal hace otras operaciones que leídas con gran acierto por Audivert logran mostrar una concepción de frontera como la que experimentó el siglo XX en tanto los binomios siguieron existiendo, con menos muertos hasta el 1951 (fecha de su publicación) pero con tanto odio y tanta furia como dan cuenta los revisionismos históricos o la memoria de los mayores.

Así la puesta se convierte en un campo de lucha donde la tensión pasa no sólo por el desafío de Antígona Vélez, en una espléndida interpretación de Ana Yovino, sino en el contraste tensional con Carmen, su hermana, a cargo de Eugenia Grillo que tiene el cometido dramático, desde su miedo y parálisis, de resaltar la figura de la heroína. Del mismo modo, Facundo Galván, muy bien jugado en la piel de Villanueva Cosse entra en la misma tensión, sus razones no son las de Creonte, aunque las posiciones entre su sobrina y él sean irreconciliables, sino que pasan por un orden civilizatorio que es necesario para imponer una ley individual, no colectiva, que haga factible la supervivencia. Aquí la batalla no es por el poder del mandatario, sino por conservar esa estancia heredada de su familia que es su propio estado pero no es el Estado como en el caso del Rey sofocleano. Por ello no hay arrepentimiento final.

La restitución del cuerpo de Antígona y Lisandro Galván, su primo enamorado, interpretado por Pablo de Nito restituyen cierto orden pero sin darnos el alivio de la catarsis que supondría una anagnórisis de parte de Don Facundo.

Es excelente el trabajo de las tres brujas que como espectros replicantes siguen a Antígona a todas partes previendo su fin y que, a cargo de Tina Serrano, Mosquito Sancineto y Melina Benítez, proporcionan el marco de suspense y oscuridad que, indicial, anuncia la tragedia.

A los hallazgos escenográficos de Ana Audivert que permite el lucimiento en tanto el dispositivo accede a mostrar u ocultar con pocos armazones, cada segmento de la tragedia, se suma la música en vivo ejecutada por Mirko Mescia que acompaña la diégesis al compás de los sucesos sin errar jamás un tono o clima, contribuyendo a intensificar cada una de ellas. 

De este modo, el Teatro Nacional Cervantes sube a escena una obra de Leopoldo Marechal cuya historia de escritura ameritaría un guión ya que luego de ser destruida fue reescrita a pedido de Eva Duarte.

La Antígona de Marechal se inmola para  que otros puedan vivir y de este modo se configura en una síntesis de todas las anteriores en tanto la barbarie puede ser civilizada aunque la sangre corra. Tal vez Marechal estaba diciéndonos algo sobre los falsos rostros de civilización y barbarie en 1951 donde no había espacio para los grises. ¿Quién era quién en aquellas épocas que todavía desatan polémicas interminables porque tal vez el binomio persista pero en otros términos? Larga Vida a Leopoldo Marechal, a su obra y a la puesta de Pompeyo Audivert. 



Ficha Artística/Técnica:

Autor
: Leopoldo Marechal
Actúan: Renata Aiello, Iván Balsa, Joselo Bella, Melina Benitez, Gabriela Blanco, Susana Brussa, Danae Cisneros, Pablo Clerici, Villanueva Cosse, Pablo De Nito, Eugenia Grillo, Daniel Kargieman, Fernando Khabie, Andrés Mangone, Mirko Mescia, Federica Presa, Gabriela Ram, Fernando Ritucci, Gustavo Saborido, Fabio "mosquito" Sancineto, Martín Scarfi, Tina Serrano, Ana Yovino, María Zubiri
Diseño de vestuario: Mini Zuccheri
Diseño de escenografía: Ana Audivert, Norberto Laino
Diseño de luces: Leandra Rodríguez
Música original: Carmen Baliero
Entrenamiento corporal: Rhea Volij
Asistencia de dirección: Silvina Rodriguez
Producción: David Hoyo
Dirección: Pompeyo Audivert
 
Funciones:
Jueves a las 21:00 - entradas desde $10,-,
Viernes y sábados a las 21:00 - Domingos a las 20:30 - entradas desde $15,-
Hasta el 07/08/2011

Teatro Nacional Cervantes
Libertad 815 (mapa) Ciudad de Buenos Aires
Tel.: 4816-4224
http://www.teatrocervantes.gov.ar
 

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