| Publicado el 15 de julio de 2013 a las 18:17 hs.

Un canario

Fascinante puesta de Miguel Israilevich sobre un texto de Luis Cano y la notable actuación de Alejandro Ojeda.

por Teresa Gatto

"Pero lo que tiene un núcleo sólido -piedra, o hueso, algo compacto y tejido apretadamente,
que pueda pulirse y modificarse con un ritmo diferente al ritmo de lo que pertenece a la muerte-
no puede morir"

J. J. Saer

“Vieja pared del arrabal…” susurra la música de fondo. Los trastos amontonados dan cuenta de una mudanza. Sí, habrá una mudanza. Una mudanza de subjetividad. Es el aniversario de “mamá”, 30 años han pasado y el hijo, en un trabajo memorable de Alejandro Ojeda, llega a la casa.

Varias madres aparecerán en escena sin estar porque componer el espacio, ir acomodando las cosas de Teresa, esa madre que partió hace añares, repone a Teresa. Pero ¿cuántas Teresas son? Tantas como se recuerde y tantas como el hijo permita que lo penetren.

“Y ahora que la evoco hundido en mi quebranto…”  La evoca hasta que ella logre apoderarse de su humanidad. La evoca como lectora de recetas, como la cocinaba y como la que trabajaba, pero la evocación da paso a la posesión. Sí, Ojeda es poseído por que no hay palabras. O sólo están las palabras otras, las de la madre, la dueña de la lengua.

Entonces, ella se presentifica, sutil como una memoria que no ha pedido ser evocada pero llega y arrasa, ella se presentifica. Ojeda es la madre.

Y el discurso cambia de pronombre, de nombre, de lugar. Ahora ella es el él. Y hasta se da el lujo de decirle a él, al mismo o al otro, que cada día se parece más a su padre. Pero no hay dudas. Es ella, que persiste y se acurruca dentro de él. Dice, se dice, lo dice. Palabras. Las palabras que hace 30 años decía, las palabras que logran traerla al presente y desdibujar de forma magistral a ese hijo.

Un canario. Claro, un canario canta siempre igual. Ligeras variaciones trocan su canto, pero es el mismo canario. Tan necesario como la voz de la madre que es siempre igual y que disocia al hijo en cuerpo y voz para cantar su canción del más allá.

Cano es un poeta enorme, Israievich es un gran director y Alejandro Ojeda es un actor al que mirar con muchísima atención.

Ficha Artística/Técnica:

Texto: Luis Cano
Actúan: Alejandro Ojeda
Escenografía: Gonzalo Cordoba Estevez
Diseño de luces: Sandra Grossi
Diseño sonoro: Tian Brass
Realización de vestuario: Guillermo Hermida
Entrenamiento corporal: Cristian Vega
Asistencia de dirección: Ana Schmukler
Dirección: Miguel Israilevich

Funciones: Domingos a las 19:00 hasta el 25/08/2013
Duración: 40'
Entrada: $50,-

Vera Vera Teatro
Vera 108 (mapa)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Tel.: 4854-3655
http://www.veraverateatro.blogspot.com

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