| Publicado el 29 de marzo de 2015 a las 02:05 hs.

Ni Una Menos: Maratón de lecturas contra el femicidio

Queremos una cultura que no nos haga daño, sostuvo la "Colectiva de antropólogas feminista". Duplico la apuesta: quizás no queremos cultura o, por lo menos, no queremos que nos cultiven, es decir, que nos críen, nos engorden y nos exploten, en todo los posibles sentidos del término

Por Laura Arnés*

"las palabras vagan en sus ojos. cuelga la lengua en gemido. la cabeza
golpea cuando cae, y rueda el sexo. no, se guarda como trofeo"
Laura Arnés, Manzana fue.

"Arde una mujer y nadie sabe cuántos sueños arden con ella"
Jorge Taddei (padre de Wanda)

Fue el jueves 26, bajo el sol de un otoño que recién comenzaba, que Perlongher, en boca de María Moreno, nos recordó: "Bajo las matas/ En los pajonales/ Sobre los puentes/ En los canales/ Hay Cadáveres (...)/ En el barquillero que se obliga a hacer garrapiñada/ En el garrapiñero que se empana/ En la pana, en la paja, ahí/ Hay Cadáveres (...)/ Precisamente ahí, (...)/ en ese soslayo de la que no conviene que se diga, y/ en el desdén de la que no se diga que no piensa, acaso/ en la que no se dice que se sepa.../ Hay Cadáveres". Hay cadáveres, sí. Y quizás en eso consista la historia: matar para poder relatar, sostener el poder sobre las ausencias.

Esta vez, son miles los nombres que se apilan en la fosa común de los femicidios. Miles de cuerpos -en la basura, en el agua, bajo la tierra, incinerados, descuartizados, torturados- sacrificados al dios detestable del heterosexismo. Cientos de rostros, probablemente el de todas las que sigamos vivas, avezados en sonreír a pesar de las violencias que, en algún momento, conocieron. No hay placer en victimizarse. Pero parece haber llegado el momento de reconocer los datos espeluznantes por desmesurados, tomar partido y parar los engranajes de esta máquina de muerte que es este sistema sexista, misógino y clasista.

Somos presas, sabemos, del lenguaje, de las instituciones, incluso, de nuestros cuerpos. Pero también somos presas, animales atentos, en guardia, siempre a punto de ser cazados. No hay alivio. Los números aumentan, inquietas como gacelas, tantas veces sentimos la respiración en nuestra nuca: no sabemos dónde están las trampas. Pero no huímos. Como bramaron Virginia Cano y Marta Dillon frente al micrófono, nosotras somos las que estamos, pero también las que ya no están; y esa herida, ese tajo que cargamos, alimenta nuestra rabia: nuestros cuerpos se tensan y nos quedamos, hacemos frente. Desafiantes, todas nos unimos a la declaración de las poetas de Maquina de lavar: no pedimos perdón por estar vivas. Pero, además, este 26 de Marzo,  confirmamos que ya no somos el animal corriendo solo: somos la horda. Somos potencia. Ni la literatura pudo resistirse: se declaró de nuestro lado. A dos días de la marcha por el día de la memoria, la escritura abandonó su miedo a ser demodé y se proclamó, nuevamente, política. Y eligió ser acción. Fue nuestra bandera, nuestro escudo y nuestra arma. Fue quizás, ojalá, el efecto mariposa; un himno diverso que aunó a un ejército que no se sabía orgánico.

Tenemos que cerrar los oídos a las frases de bosta, a las frases de nada, insistía Sara Gallardo invocada por Lucía de Leone que, sentada en el banco de la plaza Spivakow, citó una de las primeras violaciones de la literatura argentina relatada desde un punto de vista femenino. Pero el objetivo no es solamente cerrar los oídos al constante murmullo que nos sofoca -el de los piropos, el de los insultos, el de la culpa, el de la tradición, el de los medios-. Hay que proponer nuevos modos: palabras provocadoras, epistemologías que nazcan en los umbrales del paradigma falocéntrico. No estoy siendo original, ya lo dijo Audrey Lorde, las herramientas del amo nunca desmantelarán la casa del amo.

¿Puede la literatura dar voz a la muerte? ¿Puede recuperar cuerpos? ¿Puede encarnar un nombre? Estas preguntas que recorren a la historia literaria fueron respondidas, ese mismo jueves, a lo largo de cuatro horas. Más de cuarenta poetas, escritores y periodistas, performers y cantantes, familiares de víctimas de femicidios y una audiencia firme tomamos la plaza y la llenamos de palabras, de cuerpos y de vidas. Pero no fue show: fue determinación, hastío y compromiso. Fue política y ética, afirmación y concientización.

Queremos una cultura que no nos haga daño, sostuvo la Colectiva de antropólogas feminista. Duplico la apuesta: quizás no queremos cultura o, por lo menos, no queremos que nos cultiven, es decir, que nos críen, nos engorden y nos exploten ?en todo los posibles sentidos del término.

*Laura Arnés es Doctora en Letras por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Su tesis ha investigado las "Ficciones Lesbianas. Literatura y afectos en la cultura argentina contemporánea (1950-2010)". Defensora de los derechos de las mujeres, investigadora del Conicet y del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género (IIEGE-UBA), como poeta ha publicado libros de poesía como Manzana Fue, Plaquetas Parto, Variaciones como así también en las Antologías Poesía Manuscrita II y Habitando la Frontera, poesía escrita por mujeres latinoamericanas. Escribe para distintos medios y suplementos como Soy de Página 12.

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