Publicado el 12 de septiembre de 2016 a las 15:25 hs.

Escrita en cuerpo y alma + Simonbrie

La voluntad (fragmentos para Simone Weil) de Cesar Brie, una obra de teatro que conlleva la carga emotiva del homenaje a esa mujer de entreguerras, incesante buscadora de verdad y de justicia.

Por María Luciana Gandolfo

Simone Weil, la mujer cuya vida transcurrió entre las universidades, las fábricas y los hospitales, encontró en la palabra verdad un sinónimo de belleza y de virtud. En todos los lugares que habitó, conoció a dios a través de la desdicha. Entendía que el sentimiento de la miseria humana era condición del amor y la justicia. Nunca indiferente al dolor, fue filósofa, campesina, obrera, sindicalista, revolucionaria, pero por sobre todo, fue comprometida en cuerpo y alma con cada una de las causas que defendió.

Los textos que nos dejó y que llegaron a publicarse tras su muerte, toman vida y se hacen carne en la obra de César Brie. Dos personajes son la voz de la escena: Simone y el enfermero del sanatorio de Ashford, Inglaterra, quien la cuidó durante sus últimos días. Es en la situación poética de la complicidad entre los dos donde mejor llegan a conocerse esos textos, no solo porque hacen parte de la dramaturgia, sino porque se vuelven acción y para Simone Weil, el pensamiento es acción.

Experiencia del dolor, experiencia encarnada. Para Simone Weil el imperio de la fuerza cae sobre toda relación humana. Todo lo que escapa a la fuerza es amado, pero dolorosamente, porque pesa sobre ello la amenaza de la destrucción constante. Siempre se está vulnerable a la decadencia. Leyó e intento revertir bajo su pluma el error de la cultura de Occidente y sus aberrantes consecuencias: La creencia en la superioridad de unos hombres sobre otros hombres. Omitir interesadamente el “arbitrio” de la desigualdad. He aquí la fragilidad humana que tanto preocupaba a Weil y que la obra La voluntad se encarga de manifestar.

Su filosofía es poesía que  vibra al clamor de almas sensibles. Allí se produce el mágico encuentro entre su pensamiento y el excelso Cesar Brie.

Brie, desde su particular lenguaje teatral y gestual, logra hilvanar la biografía de Weil en bellas escenas compuestas de objetos metonímicos, sobre un paisaje escenográfico despojado, color arena, y una pizarra de fondo donde se imprimen las huellas del relato que avanza. Dos personajes cómplices y la escritura en los cuerpos que llevan las palabras al movimiento.

Una escena epifánica concluye la obra. Como parte de su legado, Simone nos dejó su mirada sobre la revolución. Esta mirada abarcó a la humanidad y su relación con el mundo, como todo su pensamiento que fue también poesía. ¿Era así Simone? Pregunta el enfermero en modo entrecortado, mientras se esfuerza en elevar el cuerpo de Weil, cual inversión del entierro. ¿Era así Simone? Mientras profiere la frase resonante que hace eco en el corazón de todos los presentes.

Ecos y eslabones: 

SIMONBRIE

Por Flor Calvo

¿Por qué el sacrificio causa admiración? ¿Dónde se posiciona el Sujeto que lleva a cabo el sacrificio? Allí está Ella. Con mayúsculas. Frente a nosotros, mostrándonos lo que jamás llegaremos a Ser, a Hacer.

Una tiza genera una figura. Una mano genera una figura. Una mano es la que posibilita a la tiza que esa figura aparezca. Una figura abruma desde sus contornos en una gran pizarra negra. Como en la pintura oriental, es el movimiento de la mano el que profiere arte. Las líneas son las excusas que encontramos para darle valor a algo que excede lo tolerable. La fruición estética, a veces, nos excede. ¿Sabrá de eso Brie? ¿Qué creen? ¿Han visto alguna de sus obras?

Seguimos:¿qué nos llega primero como espectadores, las imágenes o las palabras? Portadoras de recuerdos se acomodan las imágenes. Cargadas de afecto, se desnudan en el oído del espectador, las palabras.

Una figura vestida ascéticamente se nos acerca. Ofrenda pan. Y uno vuelve a sentir que es Ella la que hace lo que jamás llegaremos a Ser, a Hacer. No es lo que porta la mano lo que conmueve. Aquí, como la mano y la tiza, es el movimiento de un cuerpo que avanza sin temor al compromiso lo que conmueve. ¿Será eso lo que tanto mueve con Weil? ¿Será eso lo que conmueve de Weil?

Tantas figuras heroicas a lo largo de la historia, tantas mujeres celebérrimas y otras completamente anónimas dignas de admiración. ¿Por qué Ella?

Porque Ella salta la brecha entre la formulación del pensamiento y el desarrollo intelectual sin compromiso de lo sensorial. Bendito siglo XVII y la aparición de  ciertos portadores de Absolutos. Fue Descartes el que pensó antes de existir. Vale la chicana. Eso no es cierto. Bajo ningún punto de vista. ¿Cómo se olvidó de su contorno y por qué? Quizás sabía, intuía lo que se venía e intentó calmarnos. Los controles sobre la corporeidad  y el destino de la misma iban a ser moneda corriente los siglos venideros. Era demasiado dolor como para prestarle atención. La razón invitaba a justificar lo injustificable.

Un rato atrás, antes de escribir estas líneas, alguien se acercó a mí y me dijo: “Yo prefiero a los Occidentales. Soy simple”. Frente a nosotros, un local de comida oriental nos interpelaba.Vaga la enunciación. Vago lo que transmito. Pero he aquí quizá una de las claves del relato que logra armar Brie. Es un hallazgo, como muchos de sus trabajos, el llevar a la escena pasajes de humanidades notables y textos alejados del embrión teatral. Contar a Weil. Contar un siglo, dos, tres. ¿Era posible? ¿Es posible, como dijo mi compañero casual, ser simple? ¿Enmascarar dentro de una frase toda una carga de historia de vida? Por supuesto que no. No obstante, por el placer que genera objetar y porque sin mi Fe y la de Él (Brie) estos párrafos no tendrían sentido, retomo las primeras líneas: “nadie puede resistir al contorno de una línea”. A su potencia, al significante línea que se nos acerca como una bala a la altura del pecho.

Esa fué Weil. La de las balas blancas. La de las balas  envueltas en Palabra y en Cuerpo.Entendió que sin Presencia no había manera de entender la Ausencia. Comprendió que la Belleza encubre siempre los ecos del Dolor. Que el Dolor es condición indispensable para comprobar dónde radica la Belleza y así distinguirla de los suelos del Horror.

No nos olvidamos de Brie. Le agradecemos su generosidad porque supo colocarse en el rol del que especta y se asombra ante la excelsitud. Los primeros instantes, desde una voz en la penumbra, que pronuncia palabras de Amor. Más tarde como el que tiende la mano al cuerpo derrumbado. El que se deleita, junto con nosotros, con una mirada potente que ejemplifica los recovecos de la miseria humana desde la luminosidad de las sombras. Y luego en el vuelo. Y Èl vuela. Y Ella vuela. Los dos, condicionados por las avaricias e injusticias del suelo, deciden emigrar a la sustancia del aire.

En el Aire, en el Aire ¿Allí estarás, Simone? Allí sentada, ganándole a la ley de gravedad que sufren las almas que no fueron, lanzando tus balas blancas condensadas de lágrimas y suspiros.Lluvía y Viento, Simone. Viento y Lluvia, Simone. Toda hecha de Suspiro.

Ficha artístico técnica:

Texto y Dirección: César Brie

Actúan: César Brie, Florencia Michalewicz

Vestuario: Andrea Bettaglio, Giancarlo Gentilucci

Iluminación: Daniela Vespa

Música: Pablo Brie

Producción: Banfield Teatro Ensamble, Campo Teatrale, César Brie, Larisa Rivarola

 

FUNCIONES

 El Galpón de Guevara

Guevara 326, Chacarita, CABA

Viernes de agosto, sábado 6 de agosto y viernes 9 de septiembre a las 23hs.

Entrada $ 200 /$ 160 

 

Timbre 4

México 3554, Boedo, CABA

Martes 9, 16 y 23 de agosto, 20.30 hs.

Martes 13, 20 y 27 de septiembre, 20.30 hs.

Entrada $ 180 / $ 150

 

En Centro Cultural Recoleta

Junín 1930, Recoleta

Sábados 13, 20 y 27 de agosto,  19 hs.

Entrada: $ 100.-

Duración: 70 minutos

Ambos textos corresponden a la función del 26/08/2016 en El Galpón de Guevara

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