Buscar

teatro » nota

| Publicado el 11 de junio de 2012 a las 21:07 hs.

Sallinger: no busques a J.D. o encuéntralo en los susurros posteriores

La obra de Bernard-Marie Koltès que dirige Paul Desveaux en el Teatro San Martín, merodea un Salinger posible, el del propio Koltès, cada uno tiene el suyo.

Por Teresa Gatto

“Después se sentó en la cama desocupada, miró a la chica, apuntó con la pistola y se descerrajó un tiro en la sien derecha”

J.D. Salinger

La gacetilla y el programa dicen Sallinger con dos ll, entonces la pregunta maníaca del analista es por qué lo  escribe así, si es por una cuestión de derechos, porque quiere intensificar algo, lograr un efecto espejo o porque desea que los amantes de esos textos gloriosos de J. D. Salinger busquemos en ese extrañamiento los muchos otros que nos prodigará la puesta.

Me engañaría sino asumiriera que cuando la puesta comienza y un ataúd ingresa a la sala por una puerta lateral que usa el público, seguido y rodeado de algunos deudos, en mí búsqueda del autor no esté pensando que Seymour Glass el joven que se vuela la cabeza en Un día perfecto para el pez banana (1953). Y que a su vez, éste no sea quién dé origen a una saga en la que se crucen los personajes más complejos y salingerianos posibles. Pero no, Koltès, no usa ni abusa de esos cruces. Su Sallinger es propio, genuino y tiene la soledad y la dosis de neurosis que reconocimos en muchas creaciones del norteamericano que desapareció de la vida pública cuando se hizo tortuoso todo, casi tanto como para Holden Caufiled, el chico de vida torturada que clasificó como imposible desde la metáfora o lo literal la exsitencia en El Guardián entre en Centeno (1951).

  

¿Qué mundo posible quiere mostrar Koltès en Sallinger? Tal vez el de la desconexión que atraviesan los personajes de los Nueve cuentos. Por ello, a partir de ese ataúd, y del dispositvo escénico polivalente, esos seres permeados de soledad ensayan extensos monólogos. Todos, expuestos al destierro interior, al retiro emocional, a la incomunicación a los gritos, al desierto social aunque parezcan rodeados.

¿Está Salinger allí? Si y no. Está su germen, en lo que Bernard-Marie Koltès, leyó en él, y no está si buscamos aquellos entrañables perseguidos, torturados, solitarios de su obra. Pero algo de esas dimensiones en las que Seymur Glass se suicida o Holden Caulfield se interna psicótico, está merodeando y asediando esa vida de angustia en la que El colo, asimilable a Seymour Glass, se suicida pero no se va, por eso puede dialogar con todos los sufrientes que quedaron vivos, no se sabe si hay flask back o sólo un espacio simbólico u onírico ¿qué más da? Si la palabra poética de Koltès aborda la angusta existencial, la cosa diaria no menos poética, ya que una vida se construye día por día y porque finalmente Vietnam sigue detrás como un extra escena gritando cuán bárbaros son los norteamericanos cuando la defienden o defenestran. Esa guerra es su lastre, te hayas opuesto como los Beatniks o la hayas convalidado como el padre del Colo.

 

Los trabajos tienen la virtud enorme de transmitir la palabra poética sin declamaciones y los trabajos orgánicos se consuman en todos los personajes encarnados por Lucrecia Capello, la madre del Colo, que brilla siempre, Roberto Castro como su padre de gran labor, Javier Lorenzo, impecable como el Colo, Martín Slipak, su hermano, que carga un texto intenso y lo interpreta en toda su extensión, Céline Bodis, la viuda del Colo, siempre en el punto justo, Ana Pauls como su hermana que aporta el candor y la profundidad que se le vio en otros trabajos, Francisco Lumerman, un lujo siempre en escena y Luciana Lifschitz que acierta el tono y las inflexiones.

La música no manipula al espectador sino que se transforma en el fondo y personaje necesario para situar esta historia que se deconstruye a sí misma para construir un Sallinger otro que el Salinger mismo que conocemos pero que a la salida nos deja una sensación de familiaridad. El dispositivo escénico junto a un muy buen diseño de iluminación y vestuario engrosan el signo teatral colaborando con la diégesis.

Salinger escribió narrativa y Koltès lo homenajea haciendo un teatro de texto que no necesita más que comprensión cabal de su director Paul Desveaux para dejarnos ese sabor que nos vuelve al tiempo en que Holden era un ídolo que se oponía y no una vícitma del sistema. Pero que sólo susurra un mundo saligeriano para el frecuentador de J. D., porque es una dramaturgia tan potente que se vuelve autárquica en el trabajo actoral y la puesta en escena.

 

Ficha Artístico/Técnica

Sallinger
Dramaturgia: Bernard-Marie Koltés
Traducción: Violeta Weinschelbaum
Interpretes: Lucrecia Capello, Roberto Castro, Martín Slipak, Ana Pauls, Javier Lorenzo, Celine Bodis, Diego Starosta, Luciana Lifschitz y Francisco Lumerman.
Diseño de Iluminación: Gónzalo Córdoba
Vestuario: Julio Suárez
Música: Vicente Artaud
Escenografía y Dirección: Paul Desveaux

Funciones:
Miércoles, Jueves, Viernes y Sábado - 20:00 hs
Domingo - 19:00 hs
Entradas desde: $ 70,00

Teatro San Martín
Sala casacuberta
Av. Corrientes 1530 (mapa)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Tel.: 0800-333-5254 ó 4371-0111/18
http://www.teatrosanmartin.com.ar

 

Sobre la obra

El Nueva York de Koltès y el Nueva York de Desveaux

“El Nueva York de Koltès es un Nueva York literario. Es el territorio de la escritura y de las historias. Es también el de una fantasía común donde podrían cruzarse Taxi Driver, Coltrane, Basquiat, el chumbo del inspector Harry.
En cuanto a mí, mi álbum neoyorquino se parece más o menos a esto: los travellings y los planos secuencia en blanco y negro de Raymond Depardon, mi estadía en Harlem en la calle 125, no muy lejos de la mítica sala Apolo, Philip Roth, Cassavetes y El Asesinato de un Corredor de Apuestas Chino, los policías con uniforme, Pollock en el Whitney Museum, una filmación con el director de cine Santiago Otheguy, Kerouac, el Gershwin Hotel, las fotos de Robert Frank, Strawberry fields, la imagen de una ciudad erótica donde se tiene sexo, se fuma, se toma...” Paul Desveaux

Sallinger y Buenos Aires

"Existen siempre dos razones a la hora de elegir un texto: una, que podríamos calificar de 'razonable' y la otra, más interesante para mí y que relaciono con un enamoramiento.
Tengo una larga historia con este texto. Primero interpreté el rol de Henry en mi época de actor. Fue un inmenso placer contar cómo son las chicas bajo la luz roja, anaranjada y azul. Más tarde, montamos junto a Céline Bodis parte de la obra, como proyecto de investigación, basado en la relación entre teatro y coreografía. Durante esa experiencia, entendí hasta qué punto el texto de Koltès, a pesar de sus influencias cinematográficas, se asemejaba a un poema dramático y a una poética del deseo.
Y ahora, después de haber montado Hasta que la muerte nos separe de Rémi De Vos en Buenos Aires, el Teatro San Martín está interesado en esta obra y en este proyecto. Buenos Aires es, sin duda, el mejor lugar para volver a atravesar la obra de este poeta. No sólo porque los actores argentinos conocen poco los textos de Bernard-Marie Koltès y que por tanto trabajaríamos en territorio virgen, sino también porque estos mismos actores tienen una energía, una precisión, una locura particular en el cuerpo, que responde a los sentimientos trágicos que atraviesan la obra." Paul Desveaux

Publicidad