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teatro » nota

| Publicado el 22 de junio de 2012 a las 00:03 hs.

Yerma

La puesta de Daniel Suárez Marzal en el Teatro Nacional Cervantes, nos devuelve un Lorca imperecedero

por Teresa Gatto

"Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas ..."

F.G. Lorca

Detrás, un muro. El amplio escenario de la Sala María Guerrero, tiene de fondo un muro. La sensación es de roca o sal, qué más da. La impresión es que nada puede florecer allí. Como tampoco lo hará en el vientre de Yerma, inhabitada dice la RAE, desierta de germen de vida. Malena Solda en el papel de la estéril, muestra un enorme crecimiento actoral y le agrega a la organicidad de un texto difícil esa candidez que tienen algunas mujeres en las que el honor es una límite y la necesidad un abismo. Así de complejo. Querer un hijo y no poder tenerlo. Así de triste en un mundo habitado por prejuicios y modelos patriarcales imposibles de burlar. Es 1934 cuando Federico García Lorca estrena su pieza emblemática sobre la maternidad y sobre esa promesa a futuro que es la realización de una mujer en esos años: ser madre ¿qué más? Pero a esos conflictos se agregan otros. No sólo el mandato social que en los pueblos de entonces era tan performativos  sino la verdadera e intrínseca necesidad de dar a luz, de parir, de germinar, de portar hijo en el cuerpo. Entonces no había otra opción. Porque esa mujer lorquiana esta cooptada por una sociedad que no la quiere feliz sino honrada.

En el caso de la puesta de Suárez Marzal hay un logro en términos de la separación y diferencia que in crescendo va generando la escisión del matrimonio. Juan, en un gran trabajo de Sergio Surraco, no se aparta jamás de su registro de hombre rural, ésta es una tragedia rural y se aleja pero sigue demandando sus derechos entre los cuales está la honra de Yerma. Porque Víctor, en la piel de Pepe Monje, el amigo de siempre, el que tal vez pueda darle un hijo, pone en jaque esa noción. La única posibilidad de un hijo la posee Juan. Todo lo que es el afuera está preñado de preconceptos. Todos ellos vinculados al quiebre de la moral tan infranqueable en términos del deber ser como el muro. El juego interior/exterior deja al descubierto que la falta está adentro del hogar de Juan y Yerma y dentro de cada uno de ellos. Afuera, el bullicio de la romería y el ir y venir de las comadres que poco a poco se alejan de la incultivada porque las apena mostrar sus vientres rebosantes de vida. Afuera hay vida, adentro infecundidad.

Si Lorca quería una tragedia, porque confiaba que para comedias y farsas había tiempo, Suárez Marzal tomándose con inteligente decisión del original, usa al coro, tan necesario en ese género teatral e impregna de música flamenca la puesta, otorgándole una dinámica que no sólo repone las voces del corifeo sino que además, importa esa sustancia lorquiana. El cante, la luna y su duplicación. Las nueve lunas que nunca serán para Yerma y la resolución final, la muerte, como resolución de una tragedia más.

Tina Serrano será, sólida como siempre, la Vieja pagana. Ana María Castel es la hechicera o bruja y cumple a la perfección del mismo modo que Susana Lanteri, como la madre capaz de vender a un hijo. A un vasto elenco de gran desempeño se suman Geromo Amador en canto flamenco, Sebastián Espósito en guitarra y Maribel Herrera en baile.

El diseño de escenografía opera con estructuras móviles que, ya se trate del interior o exterior, sirven de sostén para el desarrollo de lo narrado y donde casi siempre ostentan ramas y troncos secos, yermos, deshabitados de vida como la protagonista.

El diseño lumínico es otro signo de alta injerencia toda vez que no sólo aporta climas sino que refleja a la/s luna/s que tanto influyen el universo de Federico García Lorca.

¿Puede ser Yerma una actriz tan joven? Claro que sí, el deseo nunca logrado de ser madre, la imposibilidad de burlar mandatos del deber ser, son casi prioridad de las jóvenes, no de las señoras maduras que en la década del 1930 fueron retratadas por Lorca. Que recordemos a Nuria Espert en su magnífica puesta de los 70’ en la Argentina, dirigida por Víctor García, no es impedimento para que una joven que es llamada niña muchas veces en el texto original, no cumpla con creces como Solda con su rol de la más triste entre las tristes.

 

Ficha Artística/Técnica:

Dramaturgia: Federico Garcia Lorca
Actúan: Malena Solda, Sergio Surraco, Pepe Monje, Tina Serrano, Ana María Castel, Susana Lanteri, Soledad Argañaraz, Victoria Baldomir, Cecilia Belmonte, Amanda Bond, Paula Budnik, Mónica D´Agostino, Sebastián Duffy, Zuleika Esnal, Guillermo Forchino, Maia Francia, Mariana Giovine, Andrés Molina, Daniel Nuñez, Carla Pantanali Sandrini, Lorena Proietto, Alexis Sabbione, Natalia SeñoralesMaría Viau, Laura Wich, Alejandro Zanga
Bailaora: Maribel Herrera
Cantaor: Geromo Amador
Guitarrista Flamenco: Sebastián Espósito
Vestuario: Mini Zuccheri
Escenografía: Marcelo Valiente
Iluminación: Nicolás Trovato.
Música original: Sebastián Espósito, Federico Garcia Lorca
Asistencia de dirección: Marcelo Mendez
Producción: Melina Ons
Coreografía y Diseño de movimientos: Omar Saravia
Dirección: Daniel Suárez Marzal

Funciones: Jueves, viernes y sábados a las 21:00 - Domingos a las 20:30
Última función: 28 de julio de 2012
Entradas: de $20 a $50

Teatro Nacional Cervantes
Libertad 815 (mapa)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Tel.: 4816-4224
http://www.teatrocervantes.gov.ar

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