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teatro » nota

| Publicado el 28 de junio de 2012 a las 11:57 hs.

ULF... Aquellos circos...

La obra del maestro Juan Carlos Gené estrenada en junio regresa al Teatro El Tinglado, con dirección de Néstor Romero y las magníficas actuaciones de Elena Petraglia y Daniel Figueiredo

Por Teresa Gatto

"Se debe herir mortalmente a la esperanza terrestre,
pues solamente entonces nos salva la esperanza verdadera"

Kierkegaard

¿Qué es el pasado sino un puente que nos permite llegar al futuro cuando no nos resignamos? Recordar es un modo de sobrevivir a las imágenes del naufragio. Recordar lo bueno, lo fastidioso, lo risueño y las pesadillas que muchas veces son mejores que la realidad.

Paloma, en una excelente interpretación de Elena Petraglia, está preocupada. Varias cosas la desvelan: la ausencia de Jacinto, que vengan a buscarlos, que los estén observando. Jacinto, en la piel de un brillante Daniel Figueiredo, llega de pronto, pero no viene solo. No, trae consigo un aparato mágico. Una suerte de talismán que los comunicará con un hijo que está muy lejos. Parece que en Suecia, ese hijo añorado construye represas con su profesión de ingeniero.

Y llegan los recuerdos, las aventuras de galán de Jacinto cuando todavía era una estrella de circo y conquistó a una bella ecoullier paraguaya y Paloma lo supo y no se quedó atrás. Y ya no importa si la gira tenía como destino Rafaela primero y Rio Cuarto después. Porque en ese destino trashumante la vida fue pasando y con ella el tiempo del circo. Aquel circo, aquellos circos en los que la esperanza del artista era acertar en el lanzamiento de puñales o no caer del alambre y la del espectador era sólo estar allí, viendo una y otra vez el globo de la muerte, los platos toditos en equilibro, los payasos y hasta, si era criollo, un Juan Moreira de aquellos.

Pero Paloma no se distrae mucho, los oye llegar, cree oírlos, vendrán a buscarlos, son culpables por ser pobres, por no haber podido retener la casa, por tener muchas noches el mismo sueño en el que alguien atraviesa el jardín y es abatido con una bayoneta contra el muro y la sangre está ahí.

Pero el aparato milagroso logrará que puedan pedirle al hijo ese dinero, que sus voces lleguen a Suecia y así volver a empezar. Volver a empezar, como sobrevivientes del naufragio, mojados y ateridos de frío pero volver a empezar porque la única certeza es que se tienen el uno al otro y el sueño y la realidad se convierten en un magma indistinto y sólido que les permite avanzar.

Arcadius y su ayudante Semíramis regresarán al sagrado aserrín del circo si el cassette llega a Suecia, podrán volver a brillar y quién sabe, no tendrán que estar apremiados patrullando ese pedazo de cielo que los cobija, nadie podrá llevarlos por la fuerza a un asilo de ancianos.

“Como la cabra tira al monte, los cirqueros al bosque” Volver al circo, jugárselo todo en esa grabación casi como jugar al dominó con Dios y aquella casita en Lugano.

Néstor Romero dirige con exactitud esta obra del gran maestro Juan Carlos Gené y en la misma homenajea a su autor y todos aquellos artistas de circo que el tiempo expulsó de muchos imaginarios. Pero no sólo acierta en el texto que eligió para estos actores cuyo vínculo traspasa el escenario, sino que además descifra que no es necesario asumir ninguna grandilocuencia porque como personajes están asidos del pasado y para el cirquero el aplauso fue la única gloria. De modo que, sueltos, orgánicos, poéticos y entrañables en sus roles, los ensambla en medio de un dispositivo escénico sencillo y operativo. Y junto al diseño de escenografía y vestuario de Alberto Bellati, Paloma y Jacinto rememoran lo mejor que ese imaginario de circo tiene para los que tuvimos el placer de ser parte y a la vez, ajusta la dosis exacta de tragicidad cuando devela la diferencia entre sueño y realidad. Romero sabe con qué texto trabaja y cómo manejar a sus actores liberándolos de  marcas que los aprisionarían sin dejarlos jugar.

¿Llegará el cassette que Jacinto encontró dentro del grabador que le birló a un pescador en Costanera? ¿El hijo podrá escuchar sus voces y su pedido? ¿Importa acaso? Si las astillas de la vida siguen latiendo en esos adorables y pícaros personajes de la tercera edad que son capaces de dar vuelta la desgracia todo el tiempo. Porque tienen detrás una historia común de amor, han parido un hijo y son gente de circo. Gente acostumbrada al frío del carromato, al cambio de geografía y por sobre todo a construir una gloria diaria porque todo lo demás se vuela como hojarasca otoñal. Los aplausos se llevan en el alma y los amores y pérdidas también.

Hermoso gesto de Romero, Petraglia y Figueiredo para el maestro Gené al subir a escena una obra que nos transporta de la risa a las lágrimas porque nada de lo humano nos resulta extraño y ellos son eso, humanos que buscan porque tal vez ULF no sea más que una excusa para seguir viviendo.


Ficha Artístico /Técnica

Autor: Juan Carlos Gené
Elenco: Elena Petraglia y Daniel Figueiredo
Escenografía y vestuario: Alberto Bellatti
Asistentes de escenografía y vestuario: Adela Díaz y Daniela Acuña
Diseño sonoro y música original: Fernando Sayago
Iluminación: Néstor Romero
Fotografía: Malena Figó
Prensa: Carolina Alfonso
Diseño Gráfico: Guillermo Palacio
Dibujos: Elena
1ºAsistente de dirección: Juan Pablo Palacio
2ºAsistente de dirección: Florencia Falconi
Dirección: Néstor Romero

Funciones:

Sàbados a las 18:00
Teatro El Tinglado

Mario Bravo 948. Reservas 4863-1188.
Duración: 65'

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