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teatro » nota

| Publicado el 26 de septiembre de 2013 a las 13:54 hs.

Evita y el Che

Un encuentro inefable entre Eva Perón y Ernesto Che Guevara es el dispositivo narrativo y la condición de posibilidad de narrar un trozo de la Historia Argentina y Latinoamericana.

Por Teresa Gatto

¿Por qué el sepulcro donde te vimos descansar tranquilamente
te ha echado de sí, abriendo sus poderosas y sorprendentes fauces?
W. Shakespeare

“Todo el teatro dialoga con espectros, muertos que están vivos, voces que no se acallaron” dice Horacio González cuando finaliza la función especial de Evita y el Che. Y esta frase que podría imputarse al teatro shakesperiano, puede ser trasladada a toda obra. Porque los personajes son espectros, salen de su silencio profundo cuando un actor les otorga vida.

El punto de partida de la obra cuya concepción textual comparten Gabriel Rubinstein, Santiago Garrido y Daniel Campione, parte del encuentro de los espectros de Eva Perón y Ernesto Che Guevara. Parece que la muerte de Fidel Castro es inminente y que parte de la revolución más icónica del siglo XX por estos lares, corre serio riesgo.

Entonces, el diálogo se abre franco y la Historia emerge porque ambos forman parte no sólo de una galería monumental sino que convergen en puntos álgidos como cuando las bombas arrasaron la Plaza de Mayo asesinando a los civiles mientras Guevara pensaba la Revolución en Cuba junto a Castro.

La simpatía de Cooke con Fidel, la tercera posición, el surgimiento de Eva como heroína trágica que con su muerte le deja paso a la farsesca figura de Isabel Martínez. Y así irán indagando quiénes y cómo configuraron parte de este destino de la América que quería ser libre definitivamente.

Posiciones irreconciliables algunas, cercanas las otras, conforman un encuentro en el que los espectros se quedan solos en diálogo con lo más cercano. Juan Duarte y Camilo Cienfuegos. Y la voz de Fidel que no muere y lanza “ustedes seguirán cumpliendo la promesa de la eterna noche”.

 

Los trabajos de Lucía Urriaga cono Evita y Ariel Cofre como el Che, alcanzan momentos de gran organicidad aunque se parezcan demasiado a los estereotipos que el imaginario ha hecho con ellos. Una Eva que se crispa fácilmente, un Guevara que se parece mucho a la de su cristalización, pero en todo momento la obra sostiene aquello que promete dar, el encuentro de dos mitos y su posterior diálogo sobre lo que el tiempo hizo con ellos y con la Historia de la que formarán parte para siempre.

La puesta se consuma en un gran minimalismo escenográfico diseñado por Magali Acha, ya que el texto espectacular colma el espacio escénico. El vestuario acompaña la diégesis y la música de Litto Nebbia participa sin manipular las emociones.

Un encuentro cumbre que es, además de una buena opción teatral, una opción que su director Eduardo Meneghelli dirige acertadamente, para volver a plantearse la diferencia entre ser mito o ser norte. Entre ser bandera a la victoria o remera de una franquicia extranjera.
 

  


Funciones: Sábados a las 21:00
Duración: 70'

Teatro La Ranchería
México 1152, Ciudad de Buenos Aires
Reservas al 4382-5862 
o por mail larancheria.teatro@gmail.com
Localidades $ 70 - Estudiantes y jubilados $35

Ficha Artística / Técnica
Investigación histórica: Daniel Campione
Idea original: Gabriel Rubinstein
Dramaturgia: Santiago Garrido
Actúan: Ariel Cofre (El Che), Lucía Urriaga (Evita)
Realización escenográfica y vestuario: Mariana Arzola
Escenografía: Magali Acha
Diseño de luces: Victoria Lozano
Trailer: Felipe Restrepo
Música original: Litto Nebbia
Sonido: Matias Villaruel
Asesoramiento histórico: Daniel Campione
Asistencia de dirección: Felipe Restrepo
Prensa: Brújula Coop
Dirección: Eduardo Meneghelli

Más info: Evita y el Che

https://www.facebook.com/evitayelcheteatro?fref=ts

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