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teatro » nota

| Publicado el 04 de septiembre de 2014 a las 21:42 hs.

Miranda, mentiras y verdades

La obra dirigida por Ulises Puiggrós, logra en 55 minutos instalar el suspenso, la duda, el humor y saca a relucir un prejuicio que aún hostiga a muchxs.

Por Teresa Gatto

"El camino de las paradojas es el camino de la verdad.
 Para poner a prueba la realidad es necesario verla sobre la cuerda floja.
Cuando las verdades hacen acrobacias, entonces podemos juzgarlas"

Oscar Wilde

Un hombre muere accidentalmente por la esquirla de un avión que explota en el aire. Cuando cae la noche y todos los vecinos de su pueblo, San Pedro, han pasado a dar su pésame, llega a la casa una misteriosa mujer.

Ésta, es recibida por la nuera del hombre, Carmina, que antes aprovechó la pequeña ausencia de su esposo y suegra para mimetizarse con la estrella de un melodrama de TV. A veces no queda otra que vivir las vidas ajenas, las de las novelas y sentirse por un rato heroína, malvada, víctima o protagonista de algo más.

A partir de ese momento todo el supense que crea la obra se irá disparando hacia la vida de esa familia disfuncional. Nada es lo que parece. Especular sobre esa misteriosa mujer llamada Miranda es en vano. Nadie podrá descubrir hasta casi el final de la puesta quién es, qué busca, a qué vino y que rol juega y/o jugó en las vidas de esa familia.

Lo interesante de la puesta, además de las actuaciones, es esa condición del prejuicio que es un síntoma de decadencia moral. Ulises Piuggrós ubica los hechos en 1988, cuando las subjetividades de género no eran un tema expuesto. Se escondían, se tapaban o eran corridas por los poderes de coacción. Pero algo sumamente interesante continúa resonando y es el cuestionamiento de esas subjetividades que en 2014, siguen en jaque, cuestionadas por mentes precámbricas, por sujetos que detentan algún poder en la comunicación y llevan a una posición de derecha extrema elecciones legítimas como : transexual, travesti, gay, madre, padre, mujer. Cuando lo que circula por el mundo en el que vivimos es sólo gente.

Con muy buenas actuaciones como las de Lucía Romina Escobar (que ha recorrido un largo camino con dignidad y trabajo serio) como Miranda, Ana Ricciardi como Cora, la madre de la familia, Tati Martinez como Carmina que hace gala de un humor que permite salir del drama y Ulises Puiggrós como Luis. Miranda es una obra breve que cuenta una historia que podría ser mínima pero que se transforma en grande porque toca, roza y trastoca subjetividades legitimadas hoy por la Ley. Y si aún es difícil “ser” se piensa como imposible hace casi 20 años. Pero Puiggrós dirige con acierto esta breve pero profunda pieza que abre otra vez el juego del debate allí donde parace que había aceptación y sigue resonando el prejuicio.

Una puesta que da más de lo que esperamos y nos deja pensando en esa patética condición del prejuicio que tanto cuesta desenmarañar en todas las sociedades.

 

Ficha Artístico/Técnica

Dramaturgia: Ulises Puiggrós
Intrérpretes: Lucia Romina Escobar, Tati Martínez, Ulises Puiggrós, Ana Ricciardi
Voz en Off: Martin Wullich
Vestuario: Catalina Motta
Escenografía e Iluminación: Laura Pla
Asistencia de dirección: José Busacca
Colaboración artística: Lucia Romina Escobar
Dirección: Ulises Puiggrós
www.facebook.com/mirandaobradeteatro
Duración: 60 minutos

Funciones: Viernes a las 21

Taller del ángel
Mario Bravo 1239, Ciudad de Buenos Aires
Reservas: 49631571
www.tallerdelangel.com.ar
Entrada: $ 90,00 / $ 70,00

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