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teatro » nota

| Publicado el 12 de enero de 2016 a las 14:32 hs.

Araceli Mariel Arreche, "Teatro de la palabra"

Araceli Mariel Arreche es docente, dramaturga, crítica y multifacética escritora de relatos y poemas. Hoy tenemos el gusto de conversar con ella sobre el proceso creativo de su libro Teatro de la Palabra, que aúna cinco obras cuyos temas son una inquietud constante como investigadora, pero que aquí cobran el formato de texto dramático.

Araceli Mariel Arreche, es minuciosa, preciosista de la palabra y el gesto. No escatima nada. Entrega su casa, su tiempo y sus saberes para que podamos adentrarnos en su trabajo incesante con la palabra, tanto como docente como escritora. Arreche es una topadora del hacer y una mujer sensible que entrega todo cuando ella y Gala, te permiten entrar a su refugio.

Puesta en Escena: Cada pieza de este volumen tiene un origen, está plagado de poesía y no siempre la dramaturgia es poética; hablemos entonces de su alumbramiento.Araceli: Hay algo que las reúne, una preocupación que vincula mis obras y que también circula por fuera de ellas en mi ensayística y en lo personal, que es el tema de la memoria e identidad. Más allá de militar por esos temas en Teatroxlaidentidad, yo venía desde el 2001 trabajando y pensando estas cuestiones, todo el tiempo, seducida por la escritura de Griselda Gambaro y por Eduardo Tato Pavlovski, entre otros autores.

Como fecha de inicio está el 19 de diciembre de 2001, cuando salgo de un subte y me intoxico con los gases de la plaza. Me vuelvo con una carga tremenda de angustia que tenía que ver con estar en un lugar queriendo estar en otro, y eso me lleva a escribir inmediatamente algo que afortunadamente se ha perdido, que se llamaba Ensayo de Navidad para una Plaza. Ahí vinculo cuestiones que me asedian, Pier Paolo Pasolini y su Calderón, por ejemplo. Se sumó la proximidad de las fiestas y mi propia genealogía, porque me persiguió siempre la fantasía de ser adoptada por sentir que no me ajustaba a mi familia (risas). Calculo que se da por pertenecer a una generación sospechada.

Muy próximo a eso surge otro trabajo, un impulso como buena docente de Historia del Teatro Universal I, mi propia reescritura de Antígona. Se llama Antígona: Un nombre propio, y mi heroína se niega al agón con Creonte. Esta obra tiene mucho que ver con los sucesos de Kosteki y Santillán en 2002.

De un tiempo a esta parte me preocupa mucho la incomunicación, la palabra que pierde peso, la volatilidad de la misma. Por eso el volumen se llama Teatro de la Palabra. Siempre recuerdo a Juan Carlos Gené al hablar de estas cuestiones. Creo que la palabra se sospecha porque no se sabe manejar, se habla de un teatro de imagen que no se sabe muy bien qué es, de un teatro físico del que se tiene menos idea aún. Al igual que Gené, yo no me alejo del escenario por escribir teatro.

El libro se presentó en el Congreso de AINCRIT (Asociación de Críticos e Investigadores de Teatro) en la Feria del Libro y hubo una presentación en Argentores. Y como no hay punto de venta de La Campana Sumergida en Argentina, se vende por Amazon.

PeE: Hablemos de Notas que saben a olvido, la trilogía que aparece en el volumen.

AMA: Un director amigo, Marcelo Mangone, que sabía que yo quería trabajar sobre la afasia, me conecta con su hermano neurólogo que se desempeña en el Santojani. Cuando voy a ver a Carlos (el doctor), me propone que me acerque al mundo del Alzheimer porque no estaba muy explorado y porque no había muchos lugares aún que lo trataran como lo que es. Entonces comienzo a ir al hospital disfrazada de residente, en la época en la que ocurre Cromañón. De allí nació el proyecto que ganó el premio María Teresa de León en España y dirigió Marcelo Magone en el Teatro Payró.

En el momento de la investigación también visité ALMA, la asociación de familiares de pacientes de Alzheimer, y comencé a escribir pero con la premisa de que ni los actores ni el director iban a ir ni al Santojani ni a Alma. Empecé y  llamé Anita al personaje. Anita, si bien el nombre del paciente real era otro, había olvidado su relación con la música. Tenía muy claro que no quería bajo ningún concepto llevar el teatro a la realidad hospitalaria, sino que quería traer la realidad hospitalaria al teatro. Entonces planteé la relación de los vínculos entre paciente y familia.

La primera parte del tríptico es farsesca, la segunda es melodramática y no me pareció mal trabajar con un poco de humor.

PeE: ¿Por qué esta obra de olvidos y des-memorias está datada un 24 de marzo?

AMA: Es un guiño. Algunos lo llaman responsabilidad cívica, a mí me parece que todas mis obras de algún u otro modo tienen la responsabilidad moral de reclamo de una identidad permanente.

Mientras hago el tríptico estoy con la presentación de Las voces del río, donde queda claro que me interesan los bordes y lo subterráneo. Esta obra me emociona porque un alumno mío de la EMAD me pidió la autorización para hacerla. Cuando un joven te pide esto, vos decís: “Yo te acompaño”. En ella trabajo el encuentro imaginario entre Leopoldo Lugones y Roberto Arlt. He hice una fuerte investigación, recuerdo que leí El escritor en el bosque de ladrillos de Saytta entre otras cosas… y busqué que mi Lugones no fuese antipático, entonces lo llevé a lo patético y lo farsesco.

PeE: Bueno, seamos honestos, para entender el Centenario de este país hay que leer El Payador y al cabo de un tiempo uno no tolera y está del lado de Piri…

AMA: Yo quiero escribir sobre ella y sobre la Negra Poli de los Redondos algún día. Asumo de todos modos que estos hombres, Leopoldo y Roberto, son lo que para mí de algún modo son los hombres, una presencia por ausencia. En ellos dos encuentro un lugar común que es el río, uno por decisión y otro por que allá fueron sus cenizas y como están mirando desde abajo están mirando la Argentina de los ‘70.

PeE: La foto, Estampa de un Baby Shower tiene el cautiverio, la impostura, el no lugar. Parecido a lo que se ve en Ese Infierno, cuando las llevan a cenar a la Costanera y el Tigre Acosta cachetea a una de esas presas, y le dice: “Por tu culpa, hija de puta, ya no puedo tocar a mi mujer porque es superflua, idiota, sólo le gusta la peluquería y en cambio vos sos una intelectual. Andá al baño a retocarte”. Ella va porque su prisión es un más allá, no va a escapar, no va a pedir ayuda, su subjetividad está anulada…

AMA: Aparece un dicho que se reitera: “Sospechá sino encontrás fotos de tu madre embarazada”. Yo recuerdo a mi vecinito de la vuelta de casa, cuya madre se había sacado una foto trucada con un almohadón en la panza. Allí comienza el germen de la obra. Al tiempo llegó gente de Londres que seleccionó tres obras, entre las cuales estaba la mía. Le pedí al director que lo llevara al simulacro y no al melodrama, porque si no iba a generar empatía en el espectador.

PeE: Es que si te pasa como a muchos de nosotros que la palabra es trinchera, es resistencia, no hay modo de que no sea doloroso parir una obra.

AMA: Por eso tomo muchas notas, no puedo ir a la página en blanco si no tengo el epígrafe, no puedo escribir de oficio y si lo hago, se nota, yo lo noto y lo detesto.

PeE: Ese epígrafe no es casual, aunque parezca azaroso. El lenguaje es ideológico. No importa si es personal o colectivo, es ideológico y en Qué Lejos Aún se nota, ¿ Como se gestó ese texto?

AMA: Qué lejos aún la escribo en un marco personal muy doloroso. La pieza gana el Concurso Nuestro Teatro en el Picadero 2014, y tengo una experiencia fabulosa. Fue una celebración, me encuentro con Marta Bianchi haciendo el personaje de Alicia Moreau de Justo, maravilloso, fue muy generosa. Igual que Manolo, que Ana Yovino que es increíble, lo mismo que Ale Darín que me hizo sentir afecto por Mariquita que dice: “Estos callos de mis manos no son de lavar los platos, son de la revolución”. Las actrices eligieron trabajar porque era Manolo Iedvani quien convocaba, al igual que Cecilia Meijide. Esos fueron cuatro martes en los que jamás dejé de sorprenderme. Tenía mucha expectativa, el silencio de la sala me generaba fantasías, porque en mis obras la dificultad está en el texto.

PeE: Preocuparse por el texto es autocensurarse, lo digo en términos de la dificultad que entraña, que un actor formado la debe poder sortear. Hay que auto-gestionarse, dale, viejo, googleá, ahora hay muchos modos de saber qué quiere decir.

AMA: Por otro lado el intertexto si lo tenés, bien, sino debes ver cómo hacés. La misma dificultad estuvo con Como Quinoas, que nace de una beca de creación que gané en el Fondo Nacional de las Artes. Una investigación de casi un año en torno a las mujeres de cuatro escritores desaparecidos en la última dictadura militar. Cuando comencé me costaba poner a las cuatro a jugar. Un día vino Alejandro Acobino y me llevó al Café Martínez a que le lea Quínoas, y cuando me cansé de putearlo, porque cómo iba a leerle algo que no aparecía, me dijo que de lo que se trataba es de trabajar en tercera persona.

PeE: Como decía Barthes, la tercera persona es la “no” persona.

AMA: Claro, yo no escribía un texto para mujeres, yo escribía un texto para actrices, ¡y en tres días salió! La mandé a Mendoza, y la empezaron a ensayar quienes forman el grupo “La rueda de los deseos”, que ahora se llaman “Como Quínoas”. Ellos la estrenaron. Allí también se gestó parte del libro: el año pasado fui a Mendoza, y estaba ayudando a hacer un book a una actriz. Me sacaron una foto y me pidieron que gritara y no podía hacerlo, todos se pusieron detrás de la cámara a gritar y pedir que lo haga y salió esta foto que defendí a ultranza y que es la tapa del libro, porque esta foto me explica. Y un alumno de imagen y sonido, Emanuel Gramajo,  me hizo este diseño en 24 hs.

Después se estrenó Felice, que iba a tenerme como actriz. Al director, Hugo Ramos le presenté a Andrea (Villamayor), quien terminó siendo la protagonista. Felice nace a partir de mi lectura de un texto de Piglia que es El Lector. Yo la estaba pasando muy mal en un momento y comienzo a preguntarme por las mujeres taquígrafas, esas mujeres que hacen aquello que los autores se resisten, escribir a máquina. Comienzo a preguntarme de qué se enamoran ellos y de qué se enamoraron ellas, si de ellos o de la obra…  Un día voy a cuidarle los gatos a Amancay (Espíndola) y ella me pregunta si había leído las Cartas de Kafka y me las da. Le respondo que no las pienso leer… y termina de gestarse Felice.

PeE: Yo encuentro un patrón en todas las obras del volumen, que es el exilio, está en esa prisión que tiene el enfermo de Alzheimer, en Roberto y Leopoldo, en las mujeres de los desaparecidos. En el caso de Kafka doble porque también está exiliado de su propia lengua y las chicas del Baby Shower, con suerte estarán exiliadas en una foto, pero están desterradas, en prisión.

AMA: En todos los relatos de los últimos cuatro años hay personas que desde distintas disciplinas, sin conocerse entre sí, tienen un relato de mí. Soy alguien que no encajo, lo que significa que soy una exilada permanente.

PeE: Tununa Mercado, dice en Estado de memoria: “El exilio es un espacio en el que tiempo no transcurre o transcurre en otra parte”. Hay un estado de suspensión, un entre paréntesis.

AMA:Felice tiene una anécdota muy reciente y es que Enrique Mijares (autor, director y actor mexicano) fue a ver la obra aquí en Buenos Aires; es muy generoso, sumamente generoso. Después me hizo una devolución, me dijo que debo hacer Milena, que yo era Milena. Como buena estudiante me compré todo, Las cartas al Padre, Las Cartas a Milena, y ahí están, pero me puse a leer a Clarice Lispector. Luego de ver la obra Mijares me dice que definitivamente él perdía la referencia de Kafka, yo no quería que Kafka ocupara el centro pero en lo dramatúrgico se lo entiendo, porque Kafka quedaba como telón de fondo. Yo le dije: “Ésta es mi Felice”, de hecho la obra debió llamarse “Mi Felice”. Entonces me dice: “Esto es muy claro, usted va a volver a escribir Felice, cuando leaLas cartas al padre”. Pero no voy a redimir a Kafka, pienso, aun cuando lo haga, por más que las lea. Ahora bien, esto me hizo ver algo que no había visto nunca: mi teatro es de mujeres, en un alto porcentaje, salvo algún micro-monólogo que logro que tenga voces masculinas (Las Voces del río), pero la mayoría es de mujeres, a pesar de que nunca me dirigió una mujer una obra de teatro.

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