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teatro » nota

| Publicado el 20 de enero de 2011 a las 11:45 hs.

Liliana Pécora y la risa como resorte de Mujeres de 50 y de 60

En sus unipersonales de los viernes y los sábados hace reír a carcajadas a mujeres y hombres desdramatizando ese tabú llamado edad.

Por Teresa Gatto

"Los alegres curan"
François  Rebeláis 

Si dijéramos que los dos espectáculos que Liliana Pécora protagoniza y dirige los viernes y sábados en el teatro La Comedia, son puro manifiesto de género, muchos podrían inferir que sólo se puede hablar de esa cuestión con seriedad, en ámbitos académicos y siempre vinculados a equidad, violencia o derechos. Pero sería injusto no enrolar a estas puestas del más puro humor en esa clave ya que los temas que ocupan a las mujeres que son representadas por ella, se preguntan por las mismas cosas que todo el género femenino, en algún punto de su existencia, tiene como conflicto a resolver. Y es justo decir que ambos espectáculos, tienen un montaje y un texto al que la actuación de la única protagonista les saca el jugo al máximo porque puede explotar no sólo las vicisitudes de ambas porciones etarias sino agregar el plus de todas sus dotes de actriz de excepción.

De este modo, los viernes sube a escena Mujeres de 50, en la que una mujer que cumple su medio siglo, Susana Bustillo, es invitada a una reunión de ex alumnas del colegio. Todos sabemos que ansiedad, curiosidad, alegría y morbo se juntan en estas situaciones en las que una, se viste para las otras, va para saber qué le ha hecho el tiempo al resto y también para recobrar alguna sustancia de aquellas épocas en que todo estaba por delante y el pasado era muy breve.

Entre los numerosos aciertos de la puesta, se encuentran no sólo las dudas sobre qué lucir y observar con cierta angustia que aquel vestido o pollera ya no cierran sino nos acostamos, sino además, cómo encarar esta situación en la que seguro muchas desnudarán sus alegrías, miserias y obsesiones. Pero esas muchas, son nada más y nada menos que la propia Liliana Pécora que en un giro rápido asume la personalidad de todas y cada una de sus compañeras, de modo que ni bien arribada al salón donde el evento se llevará a cabo, nos mostrará muchas variantes de cómo llegamos a los temidos 50 años. Operadas, casadas, añorando otros tiempos, disimulando fracasos, Pécora compone a todas y cada una de ellas y se luce en varios segmentos, adoptando orgánicamente las máscaras de sus compañeras. Aquella inmovilizada por un lifting feroz o el momento en que el baile se desata y los ritmos de los 70’ hacen calentar la pista, son momentos de carcajada plena en la platea y de reconocimiento por parte de los espectadores. La edad vendida como una desgracia con un cotillón variado de acciones para detenerla, es aquí puesta en juego como una opción para disfrutar lo sabido, gozar de lo transitado y por sobre todo, cantar a los cuatro vientos que no importa cuántos años diga su certificado de nacimiento, sino más bien, cómo hemos decidido recorrerlos y cómo somos capaces de reciclarnos en el presente, ya que el futuro llegará sin pedir permiso.

En Mujeres de 60, Viviana, recibe varias noticias. La primera es que le ha legado su jubilación… jubilación, jubileo, rara vez tienen la connotación festiva que deberían, pero aquí la reflexión acerca de lo que acarrea jubilarse, es decir, arribar a los 60 años de edad en las mujeres, da paso de inmediato al goce de recibir aunque sean magros, esos pesitos que ya serán obtenidos sin sudar tinta. La segunda noticia es el casamiento de uno de sus vástagos y la consiguiente fiesta denominada shower tea, con la que se les da la bienvenida a las mujeres que se convertirán en suegras. Viviana, tiene ganas de todo, de salir, de vivir y de cuidar a los nietos que ya tiene y eso desencadena los celos de una de sus hijas que no acepta un no por respuesta cuando le dice hoy no puedo cuidar a tu retoño. El espejo de aumento es un enemigo público y demuestra impiadoso el paso del tiempo pero no hay peor enemigo que el mal rictus, por ello la sonrisa es el antídoto de la juventud eterna, la del espíritu. De modo que la fiesta de bienvenida en que hay primas, madres, hijas y amigas, se convierte en una situación desopilante y en la condición de posibilidad de hacer lucir a Pécora que baila varios ritmos, según el personaje que compone sin cambios de vestuarios, a su madre anciana (con una organicidad maravillosa), a sus dos hijas que sin el menor sentido de la oportunidad anuncian que se han embarazado juntas y eso supone más nietos para cuidar y toda una gama de personajes que como usted o como yo, luchan no sólo contra el paso del tiempo que inexorable desoye cualquier súplica, sino que en todos los casos, sacan a flote a su protagonista porque desde los distintos avatares de la edad, ya sean 50 o 60 años, aunque las hormonas traicionen y el sofoco llegue seguro o el espejo muestre patas de gallo en las que se podrían plantar rábanos, lo único que cuenta es la actitud.

Espejos, vestuarios, maquillajes, canas, bolsas y arrugas son con lo que efectivamente contamos a esa edad. Buscar aquello maravilloso que muchas veces se oculta en cada una, es la tarea que Pécora emprende con éxito logrando que los rostros de sus espectadores salgan del teatro la Comedia, distendidos y un poco más felices.

Y hablando de actitud, las dos puestas que el viernes pasado festejaron siete y dos años en cartel respectivamente, merecen rescatar la actitud de su artista que deja todo y más en el escenario para que las mujeres y hombres de la sala perciban que sólo es viejo el que se siente viejo y que si uno le pone lo que hay que poner, termina siendo como Liliana, una mujer sin edad, capaz de hacer en una hora y media una multiplicidad de tipos reconocibles y agregar el corolario que supone que siempre hay que ir por más. Porque no hay edad para ser feliz y hasta una arruga o una cana pueden significar que no hemos cumplido muchos años, sino que hemos acumulado experiencia y que sin ella, la vida sería un electrocardiograma plano.

La risa opera como una catarsis cuasi sanadora porque esa mujer que fue, que fuimos, que somos, no es más que el resultado de una vida que si se puede contar en la disrupción de sus aciertos, sus ridículos y sus vergüenzas o licencias, ha valido la pena ser vivida.

Mujeres de 50 y de 60, es una opción fantástica para recordar cuando las marcas de ayer acosan y torturan que lo que hoy hagamos será tributo a nuestro presente y a un futuro que siempre da una opción más, sólo hay que saber tomarla. Para disfrutar desde el principio hasta el final y hacer doblete. 


Ficha Técnico/Artística

Mujeres de 50

Autoras: Daniela Di Segni, Hilda Levy
Adaptación: Susana Nova, Liliana Pécora
Intérprete: Liliana Pécora
Diseño de luces y musicalización: Fabian Avalos
Diseño gráfico: Daniela Derquiorkian Arteaga
Asesoramiento coreográfico: Laura Tilve
Asistencia de dirección: Alejandro Díaz
Producción ejecutiva: Andrea Widerker
Dirección: Liliana Pécora

Web: http://www.mujeresde50.com.ar

Mujeres de 60

Autora: Hilda Levy
Adaptación e interpretación: Liliana Pécora
Voz en Off: Carlo Argento, Verónica Diaz Benavente, Claudio Pazos, Francisco Pesqueira, Laura Tilve
Vestuario: Gabriela Filici
Diseño de escenografía: Gladys Durán
Escenografia: Andrés Ceriani, Georgina Clur, Gladys Durán
Operación de sonido: Alejandro Díaz
Fotografía y Diseño gráfico: Carolina Pécora
Asistente de producción: Andrea Widerker
Asistencia de dirección: Laura Tilve, Andrea Widerker
Prensa: Haydée Marocchi, Sonia Panella
Coreografía: Guadalupe D'aniello, Laura Tilve
Dirección: Liliana Pécora

Web: http://www.mujeresde60.com


Funciones:
Viernes a las 21 hs.: Mujeres de 50
Sábados a las 21 hs.: Mujeres de 60

Teatro La Comedia
Rodríguez Peña 1062
Ciudad de Buenos Aires
Tel: 4815-5665 / 4812-4228
Web: http://www.lacomedia.com.ar

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