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teatro » nota

| Publicado el 09 de marzo de 2011 a las 01:49 hs.

Maia Francia: habla de Los Invertidos

La actriz nos cuenta sobre la obra escrita por José González Castillo que con dirección de Mariano Dossena puede verse todos los sábados en la sala El Extranjero.

- ¿En qué consiste la obra? ¿Cuál es la historia que se plantea?

Maia Francia- Los Invertidos es un clásico de la dramaturgia argentina, escrita a principios del siglo pasado por el gran José González Castillo.
La obra plantea un caso de homosexualidad en el seno de una familia aristocrática porteña, en 1914.
La tríada trágica, en esta polémica historia de amor, esta integrada por el Dr. Flores (interpretado por el actor Gustavo Pardi), su esposa Clara (Maia Francia) y Pérez (Fernando Sayago) amigo íntimo de la familia y amante secreto de ambos, quién además tiene un garçonier clandestino donde los “invertidos” de la época se encontraban para liberar sus pasiones ocultas.

El conflicto dramático oscila entre el deber ser, estipulado por la época, los deseos reprimidos en el marco de una sociedad pacata, llena de miedos y vínculos desgarrados, pasiones secretas y vidas miserables, encorsetadas por una sociedad que, al no comprender lo "diferente", lo ocultaba, lo negaba y, de ser posible, lo aniquilaba.

Es una historia de amores prohibidos en tiempos intolerantes, en tiempos de ignorancia. Es una historia de dobles discursos y dobles morales, donde los instintos más profundos, más humanos, emergen desde las tinieblas, para esgrimir sus verdades con la "normalidad", la "sanidad" y las "buenas costumbres" de una sociedad hipócrita.  

- ¿Como se desarrollaron los ensayos y castings para el proyecto?

M.F.- No hubo instancia de casting. El director Mariano Dossena tenía muy claro qué quería contar y cómo. En base a esto, convocó a los actores que, conociendo su trabajo, intuía sabrían caminar junto a él hacia este mundo, resolviendo, proponiendo y enriqueciendo su imaginario, con un código en común. Fue así que se conformó el elenco con: Fernando Sayago, Gustavo Pardi, Maia Francia, Emiliano Dionisi, Daniel Toppino, Alejandro Falchini, Elsa Espinosa, León Bara, Gabriel Serenelli y Margarita Lorenzo.

El proceso de ensayos de Los Invertidos fue sumamente placentero, comprometido e intenso.
La obra está escrita con una inteligencia asombrosa, una estructura dramática Ibseniana, donde cada paso que dan los personajes, cada diálogo, cada encuentro conduce inexorablemente a un desenlace imposible de evadir. Hay una lógica de embudo en el orden de lo irreversible, cada acción es un paso hacia ese destino trágico del cual nadie puede escapar, todos pierden, nadie "sobrevive".
La obra nos guió, nos condujo con fluidez por el alma de Castillo; nos sentimos muy acompañados por el autor y desde los primeros encuentros, se instaló la atmósfera claustrofóbica y desesperada de estas criaturas.
Mariano Dossena, director de ésta puesta, hizo un trabajo ejemplar, esculpiendo el material que, ensayo a ensayo, le ofrecían los actores para encarnar este mundo. Castillo imprimió con su pluma la radiografía de una época. Dossena, un siglo después, despertó en sus actores la voz, el cuerpo, la estructura psíquica y la atmósfera social de esa época, en el marco de un tema polémico, hasta nuestros días: la homosexualidad y los amores prohibidos.

El trabajo de mesa, previo a la acción, nos ha dado el entendimiento de un lenguaje, de un universo, lleno de paradigmas obsoletos. Fue necesario acercarnos, en primera instancia, a una manera de ver el mundo, a efectos de decodificar sin juzgar, cuáles eran los cánones con que nuestros abuelos se criaron, respecto a este tema. Por supuesto, todos tenemos una opinión avanzada sobre la homosexualidad, que de alguna manera ridiculizaba la ignorancia de estos seres de principio de siglo pasado, pero el buen ejercicio actoral es el entendimiento de esas distancias en el marco de una época y, en todo caso, promover la reflexión sobre los temas, no juzgarlos tendenciosamente porque son parte de nuestra historia, nos guste o no. Para juzgar está el público, de hecho ese es el sentido del Teatro y de nuestra puesta. Hacer pensar. Para los actores, fue una instancia extraña, de involución moral e ideológica para poder abordar y habitar este conflicto, intentando comprender su pensar y su accionar sin juzgarlo con la lupa del 2011 (y sus maravillosos avances en el tema). Era muy fácil concluir “qué estúpida esta gente”; pero el desafío fue ponernos en sus zapatos cien años después y, en todo caso, lograr que alguien se sienta “estúpido” si hoy, 2011, piensa de la misma manera.

El elenco es extraordinario, en el sentido de unidad y potencia dramática. Hemos desandado un siglo, para despertar juntos la reflexión histórica sobre un tema que -a pesar de los invaluables avances- no damos por resuelto. Cada personaje tiene un sentido, somos todos las piezas de un puzzle, un friso donde cada eslabón representa parte de aquella sociedad.

Desde el punto de vista de Producción, Pablo Silva, ofició de sostén y contención absoluta; ha sido el Continente perfecto de nuestro universo y el audaz ejecutor de una puesta polémica que, cabe destacar, fue cajoneada durante 20 significativos años en la argentina.

Nuestros Invertidos, no hubiesen sido posibles sin el ojo sensible y certero del gran Nicolás Nanni, quién logró traducir a la perfección a Dossena, desde el vestuario y la escenografía. Cada detalle, cada elemento, tiene un sentido a la vez funcional y ornamental, para evocarnos los dos mundos en que estos personajes se encuentran atrapados.
La iluminación (a cargo de Claudio del Bianco), aportó el marco esencial, que inunda de misterio, dramatismo y poesía a esta puesta, logrando acariciar, golpear, señalar, ocultar, disimular, evidenciar, acompañar o abandonar, según la escena lo requiera, a estos seres.
Y, finalmente, la presencia sonora de Diego Lozano, otro pilar fundamental, que a través de su arte, logró suspender en el aire nada más ni nada menos que la voz del gran Castillo.
Y, numerosos colaboradores más (ver ficha técnica completa), que concluyen el engranaje de actantes, creadores y ejecutores indispensables para Los Invertidos.

- ¿Qué es lo que quisieran lograr en el publico con esta obra?

Nuestra expectativa, como artistas y agentes de la cultura, es proponer una revisión de un tema que genera controversias, sí… aún en el 2011 y promulgar la reflexión sobre un tema que aún no ha sido superado, por más que lo parezca. Además de entretener ya que, como obreros del espectáculo, a ese noble fin hemos sido llamados también; rompiendo con una absurda deformación instalada en el inconsciente popular: los clásicos no entretienen. Error. Horror. Los clásicos sí entretienen, pero con nivel, buen gusto, y dejando “algo” en el corazón del espectador que, quizás, en el mejor de los casos, lo haga reflexionar sobre el mundo y los seres que lo habitan. Prueba de ello, es la edad promedio de nuestro elenco, que no supera los 35 años, y todos, amantes de los clásicos, defendemos el “teatro de texto” y la vigencia de sus contenidos.

La primera puesta de Los Invertidos fue en 1914, provocando un escándalo y resultando censurada. Décadas más tarde, en 1990, Alberto Ure tomo las astas de esta obra, en el marco de una década donde la homosexualidad hacía efervescencia…
Mucha agua corrió debajo del puente, Castillo enmudeció durante 20 años… hasta que hoy, Mariano Dossena, vuelve a poner sobre el escenario porteño esta pieza de inigualable belleza.

Algunos quizás se pregunten: ¿Cuál es el sentido? ¿No hemos avanzado lo suficiente en torno a la homosexualidad?... pues nosotros, los nuevos Invertidos, creemos que NO.
El año pasado, sin ir más lejos, un hecho histórico sacudió a la sociedad argentina: se aprobó la Ley del Matrimonio Igualitario en que, básicamente, personas de ambos sexos pueden contraer matrimonio, con todos los derechos y obligaciones adjuntas. Ahora sí los hombres y las mujeres gay estaban al amparo de la legislación. Ahora sí éramos todos “iguales” advirtiendo la gracia y la virtud de ser todos “diferentes”. Sí… algo obvio pero, lamentablemente, no para todos!

No fue un mojón sencillo de superar. Al asombro de quienes estos temas ya deberían haberse entendido y resuelto desde el comienzo mismo de la humanidad (dado que “los gays” no son modernos, sino tan antiguos como “los heteros”), la locura y desesperación de ciertos sectores de una sociedad –que irónicamente se considera de vanguardia- no se hizo esperar a las puertas del Congreso de la Nación, así como tampoco en los debates de televisión y las charlas de Café. Peregrinaciones “indignadas” confluían de distintos puntos del país ensalzando pancartas de repudio y negación; apelaciones insólitas, sentado sus bases en –lo que ellos creen debe ser-  “Dios” y “La Familia”; y demás moralejas y moralinas, de desagradable índole todas y cada una, arcaicas, obsoletas, infundadas, retrógradas y reaccionarias frente a… el prójimo, a vivir y dejar vivir, a amar y dejar amar, tan simple y tan difícil de entender como eso. Personalmente he escuchado cosas de una inverosimilitud, que desconcertaría hasta a el propio Tim Burton: “y si se casan, después van a querer adoptar, y si adoptan los van a violar”, “Dios creó al Hombre y a la Mujer, esa es la verdadera ecuación del amor”, “la base de la sociedad es La Familia, permitir esta Ley es destruir a la Familia  e infinidad de aberraciones, en las que no vale la pena ahondar.
Insisto: todos estos tristes episodios se dieron cita no en 1914, sino en el 2010 !!! 

Además de considerarlos una vergüenza, agradezco, de alguna manera, que se hayan suscitado en la luz y no en las sombras peligrosas, de las que nunca, nunca, desaparecieron; gracias a que estos “catedráticos de la moral” emergieron de sus madrigueras con sus odios, terrores y miserias, la polémica Ley evidenció que no hay nada resuelto ni superado en este tema, que los avances fueron -muchos sí, y significativos, por cierto- pero nunca suficientes ni del todo auténticos. Queda bien decir que somos “tolerantes”, pero esto es más que un problema de semántica, es un problema de Humanidad, no es la “tolerancia” lo que hay que ejercitar -término que, dicho sea de paso, me remite al concepto católico de “caridad”- sino la abolición de la ignorancia con respecto a este tema en nuestras sociedades, la erradicación de los miedos infundados, patéticos y absurdos frente a lo “distinto”.

Señalar la hipocresía, reflexionar sobre cuánto hemos avanzado en dirección única hacia el AMOR o, dicho de otra manera, descubrir cuánto de odio y de desprecio aún esconden nuestros pequeños corazones, eso, exactamente eso, es lo que propone nuestra revisión de Los Invertidos.

Es un argumento endeble?  Pues… yo creo que no.

 

Los Invertidos
Teatro El Extranjero
, Valentín Gómez 3378, Ciudad de Buenos Aires
Todos los sábados a las 23hs.

Ficha Artística / Técnica:

Autor: José González Castillo
Versión: Pablo Silva-Mariano Dossena
Elenco: Fernando Sayago, Gustavo Pardi, Maia Francia, Emiliano Dionisi, Daniel Toppino, Alejandro Falchini, Elsa Espinosa, León Bara, Gabriel Serenelli y Margarita Lorenzo. 
Música Original: Diego Lozano.
Diseño de Vestuario y Escenografía: Nicolás  Nanni.
Diseño de iluminación: Claudio del Bianco.
Asistencia de iluminación: Alejandro Galerti.
Diseño Gráfico: Andres San Martin.
Fotografía: Juan Borraspardo.
Diseño Web: Ariel Li Gotti. 
Asistencia de Producción: Tony Chavez / Tatiana D´Agate.
Asistencia de Dirección: Paula Galván.
Producción:  Pablo Silva.
Dirección General: Mariano Dossena.
Prensa y Difusión: Silvina Pizarro. 

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