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teatro » nota

| Publicado el 05 de abril de 2011 a las 02:18 hs.

El sepelio

Nada mejor que organizar un sepelio y que éste no se haga...

 Por Teresa Gatto

Mi mamá me mima, yo mimo a mi mamá…

El sepelio escrito y dirigido por Heidi Steinhardt arranca su segunda temporada. La sinopsis ha sido copiada ya por numerosos medios así que voy directo a lo que importa. El sepelio es un encuentro fallido. Una reunión familiar forzada por una madre un domingo a la mañana que justamente allí donde falla, genera el conflicto dramático. ¿Quién podría generar conflicto a partir del encuentro feliz?

La excusa aparente de este desayuno se deshilacha con el correr de la obra porque hay algo oculto que se develará al final y en un susurro para que apagón e historia cesen al mismo tiempo.

Pero lo más interesante de la obra de Steinhardt, no es el texto espectacular que en algunos tramos se vuelve previsible. Lo más interesante de la puesta es cómo la dirección hilvana acciones que articulan un humor burlesco que se construye en base a los logros actorales de los cuatro actores en escena.

Cristina Maresca, como la madre, organiza en torno suyo las relaciones de dependencia de sus vástagos: Coyi, el pastelero de una voracidad notable, a cargo de un impecable Diego Rinaldi, Alfredo, un pusilánime neurótico obsesivo, a cargo de Néstor Caniglia en acertado tono y Pedro, un vivillo cuya excusa es que va a la universidad, en la piel de Guido Silvestein, quien transita muy bien la indecibilidad de su papel.  La historia es mínima, una reunión cuya estrategia falla porque lo que se quiere no es lo que se dice que se quiere pero desde hace 3 siglos las historias son mínimas. Lo que las lleva adelante, lo que marca que sean exitosas, masivas, reideras, reflexivas, etc., etc., es el modo en que son narradas o llevadas a escena.

En El sepelio, el logro es el modo en que cada uno de sus artistas construye su personaje en pos de la puesta, en la dosis de humor que se mezquina ex profeso  y depara la sorpresa del abismo en abrupto final y en cómo el público siente una empatía enorme por esa familia que es grotesca y disfuncional como casi todas las que suben a escena. Insisto, nadie retrata felicidad completa porque el resto no le cree y menos un domingo a la tarde, cuando la tasa de suicidio aumenta de modo considerable: lo que la madre y los hijos, a pesar de las verdades y las mentiras están gritando es: esto es lo que hay.

Si no quiere verse o ver a su vecino o amigo, vaya a otro teatro, porque  esto pasó, pasa y pasará. La risa no es potestad de nadie, el sufrimiento tampoco y la esperanza no sólo es vana para los que esperan a Godot.

Lo cierto es que eso que los hijos han ido a buscar, sondear o escuchar ese mañana dominguera  de fastidio, esquivo como esa madre que no suelta ni da, no llegará nunca, entonces el humor de deshace como bola de nieve porque nada puede sustentar el drama no dicho. En ese matiz sutil reposa el logro de la puesta y en cómo sus actores, muy bien conducidos, juegan el juego del nunca jamás. 

Ficha Artística / Técnica:

Dramaturgia: Heidi Steinhardt
Actúan: Néstor Caniglia, Cristina Maresca, Diego Rinaldi, Guido Silvestein
Iluminación: Andrea Czarny
Diseño gráfico: Sebastián Castro
Asistencia de dirección: Martín Brunetti
Prensa: Daniel Franco, Paula Simkin
Producción: Daniel Higa 

Web: http://www.elsepelio.blogspot.com
 
Funciones: Domingos a las 18
Teatro La Carbonera: Balcarce 998 (mapa) Ciudad de Buenos Aires
Tel.: 4362-2651
Entrada: $ 40,-
 

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