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teatro » nota

| Publicado el 27 de septiembre de 2010 a las 02:05 hs.

La Persuasión

Impecable comedia negra con notablesbles actuaciones y montaje, en el Teatro Nacional Cervantes

De la persuasión como el arte de mentir o nuestro pan de cada día

Por Teresa Gatto

 

Cuando Blas Pascal escribió en el Siglo XVII “El arte de persuadir” estaba muy lejos de saber que cuatro siglos después, sus reflexiones servirían de soporte a una comedia negra escrita por Erika Halvorsen que está hecha a la medida de las distintas manipulaciones mediáticas a las que seguiremos siendo sometidos hasta que no tenga plena vigencia la Ley de Medios Audiovisuales y aún después ya que desmontar monopolios es cosa harto difícil.

Pero dejando de lado las connotaciones locales que susurra la obra dirigida por Luciano Cáceres, esta historia es disparatada hasta cierto punto. Es una ficción y como tal tiene la oportunidad de exacerbar aquellos lugares comunes a los que una buena estrategia de prensa e imagen pueden llevar. Sí, hoy uno enciende el televisor y ve sujetos que son construcciones desvariadas que logran raiting, esa apología del “todo vale” que se ha instalado socialmente para mal de muchos…

La Persuasión es la historia de dos hermanas, Clara en una brillante Susana Cart , devenida nueva rica y Bety en la piel  de una excelente Cristina Fridman, que  es sombra y espejo retrovertido de la primera, vive con ella casi de limosna porque sus estudios esotéricos, el reiki y todas las terapias alternativas son más requeridas en el Country en el que Clara  vive ahora, que en el barrio de clase baja de zona sur donde habitaban antes de que al marido de Clara  le llegara la buena.

La obra ancla su nudo dramático en el  supuesto secuestro del esposo de Clara y en las cada vez más asiduas incursiones de ésta en los medios que se agigantan con el correr de los días, hasta ponerla en el centro de una escalada mediática (que lamentablemente tiene precedentes en nuestro país) en las que reclama seguridad y anuncia toda suerte de catástrofes que serán perpetradas por Al Qaeda, aunque con una carga simbólica superior porque el montaje escénico cuenta con la participación de un impecable Ignacio Rodríguez de Anca, quien entra y sale de puesta a modo de separador de escenas pero introduciendo fragmentos de esa teoría de la persuasión  de Pascal que como sutiles pero eficaces golpes van dando cuenta de cómo una vez construido un engaño lo más arduo será convertirlo en mercancía, ya sea para cualquier trueque o para alcanzar un lugar de privilegio en una carrera política.

Entre los innumerables aciertos de la obra, se cuentan no sólo las brillantes actuaciones sino el dispositivo escénico que ostenta una cámara que no se apaga nunca, ya sea para mostrar en la pantalla las incursiones mediáticas cada vez más asiduas de Clara o para mostrar la cocina del engaño. De modo tal que el público puede verla arengando a una clase que conoce muy bien: la clase media y persuadiéndola de las soluciones y medidas que habría que tomar para evitar un desastre de magnitudes inimaginables. Su hermana Bety, se convierte así en su asesora de imagen y de discurso, persuadiéndola también de cómo vestirse, qué decir y a qué programas asistir porque éstos son los receptores  ideales para llevar el discurso del miedo y hacer anidar allí la naciente posición política de Clara.

Ese mismo dispositivo escénico con un diseño de arte y luminotecnia como el que Gonzalo Córdova acostumbra a ofrecer, aprovecha las dimensiones del espacio creando un afuera/adentro sumamente atractivo. Adentro, habitan el cálculo, las mentiras varias que serán develadas al final y un "entre nos" perverso digno de las mejores comedias negras. Afuera, Clara exhibe su marketing de un modo tan certero que llega hasta los almuerzos más famosos de todos los tiempos, receptor ideal a la fecha para magnificar el discurso del miedo. Adentro se decide si Clara se vestirá de rosa, bajo la atenta mirada de Bety que es el mejor agente de inteligencia de la ficción, afuera se enarbolan los discursos reaccionarios que muchos personajes reales han usado para engendrar el miedo y justificar así guerras, invasiones, medidas de coacción de las libertades, etc.

Indigerible sin el humor, la puesta de Cáceres extrae lo mejor de los tres artistas. Porque Susana Cart, además de una actriz distinguida es una oradora magnífica. Cristina Fridman compone a su Bety con todos los elementos que le proporciona el Kitsch tan propio del estilo recargado de los que imitan a los nuevos ricos y la llena de matices. En ambas hay algo del orden de la composición actoral que produce dos efectos en el receptor, por un lado, la hilaridad y el humor y por otro, una sensación de lo inacabado que sólo sabremos cuando la obra toque su fin, ya que como buena comedia negra, el/los secretos sólo se develan al final. Por otro lado, Rodríguez de Anca interviene como un Cicerón que nos guía cuando deja indicios en cada intervención de lo que el arte de persuadir tiene de malicioso, por ello la frase inaugural de la obra que comienza sin más preámbulos y cuando la desaparición se ha consumado deja en claro hacia el final  por qué en palabras de Pascal “El arte de persuadir consiste tanto en el de agradar como en el de convencer; ya que los hombres se gobiernan más por el capricho que por la razón”.

En la bella sala Luisa Vehil del Salón Dorado del Cervantes, los viernes, sábados y domingos, nadie puede irse defraudado con semejante exhibición de teatralidad, del reconocimiento de una situación que padecemos y de un humor sutil, sostenido y elaborado en base de una ironía que nutre y traspasa el hecho artístico.

 

Ficha Técnica y Artística

Autora: Erika Halvorsen

Intérpretes: Susana Cart, Cristina Fridman, Ignacio Rodríguez De Anca

Dirección y Audiovisuales: Luciano Cáceres

Diseño de vestuario: Sofía Di Nunzio

Diseño de escenografía y luces: Gonzalo Córdova

Video y asistencia artística: Verónica Mc Loughlin

Música original: Gregorio Vatenberg

Diseño gráfico: Luchobaz

Asesoramiento técnico: Agustin Garbellotto

Asistencia de escenografía: Facundo Estol

Asistencia de iluminación: Facundo Estol

Asistencia de vestuario: María Emilia Tambutti

Asistencia de dirección: Marcelo Mendez

Prensa: Walter Duche, Alejandro Zarate

TEATRO CERVANTES

Libertad 815, Ciudad de Buenos Aires

Teléfonos: 4816-4224

Web: http://www.teatrocervantes.gov.ar

Entradas desde: $ 30,00 - Viernes y Sábado - 19:00 hs y Domingos - 18:30 hs. 

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