| Publicado el 06 de marzo de 2014 a las 22:00 hs.

Guayaquil, una Historia de amor o Héroes en el espejo

La pieza de Mario Diament en la dirección y puesta en escena de Manuel Iedvabni, logra captar la esencia de los héroes, que, ateridos de pasión y gloria, entrecruzan estrategias, sueños y amores.

por Teresa Gatto
 

"Entonces descubre que él y su opuesto no son diferentes especies, sino una sola carne"
Joseph Campbell

Se dice que José de San Martín y Simón Bolívar se encontraron en Guayaquil entre el 26 y 27 de Julio de 1823. ¿Las fuentes? Todas repletas de ambigüedades. También se dice que para el primero la confidencialidad era vital para no hacer peligrar la estrategia contra los Realistas, en cambio Bolívar decidió hacer informes de esa reunión omitiendo el pedido de San Martín.

Este encuentro con su secreto es uno de los procedimientos narrativos de la obra de Mario Diament que el director Manuel Iedvabni explota al máximo porque el diferimiento de la intriga es un motor que, pertinaz, sostiene al receptor expectante.

La obra comienza 20 años después del encuentro y, en ese momento, un periodista desea saber qué ocurrió entre los dos libertadores de la Patria Grande, aquellos días de julio de 1823.

El flash back, opera en dos sentidos, por un lado multiplica las posibilidades de otorgar dimensión a esos héroes pero posiciona sin ambigüedades a dos mujeres, Manuela Sáenz y Rosita Campusano. Ellas, en la piel de Ana Yovino y Georgina Rey, serán pulsión pura no sólo por su encanto femenino sino por aquellos secretos que sólo se revelan en la intimidad y se constituyen en mucho más que el cofre de diamantes que cualquier mujer que se sienta parte de la Historia desearía poseer...

  

En un dispositivo escénico que parte en dos el escenario para representar las elucidaciones de ambos hombres de armas, José de San Martín, interpretado por Edgardo Moreira en un trabajo sólido, inmenso y arduo, toda vez que ese Don José está vencido per se y es muy difícil resistir a la tentación actoral de llevar adelante más acciones que las necesarias cuando se porta un nombre ilustre y venerable, espera y mensura su encuentro con Bolívar que,  a cargo de un impecable Pablo Razuk, despliega la energía lúcida y constante de quién se sabe ganancioso. Energía que le imprime a su criatura una gran variedad de matices. Espejos retrovertidos en los que se miran sin verse y escrutan sus estrategias los dos referentes de la América del Sur.

En cada lateral del escenario, un gran diseño de iluminación oscurece o ilumina las acciones en las que ambos asedian las intenciones del otro sin dejar fuera ninguna posibilidad. Son estrategas, son héroes. Pero también son hombres. Y por fortuna lo son. Porque los amores cruzados que ambos mantendrán con Rosita Campusano y Manuela Sáenz, son fusibles perfectos en la obra de Diament que la dirección lleva hasta el límite consiguiendo enormes logros.

No hay emoción, pulsión o deseo que ambas actrices le escatimen al espectador. Fuego, fuego sagrado del escenario, de la teatralidad consumada. Fuego que quema las entrañas de vencedores y vencidos. Belleza estética no sólo por quienes llevan el rol adelante sino por cómo están jugadas las escenas en las que ambas amigas dirimen un destino de amor y otro de libertad.

Inmensa tarea de Yovino y Rey que también son un espejo retrovertido una de otra, ambas son pasión pero una decide por la Libertad y la otra por la gloria. Difícil decisión, al menos, la empatía del espectador, queda sujeta a esa intriga última que nos deja abierto el destino de la Campusano y cierra el de Manuela en boca del periodista que logra en Grand Bourg la entrevista con Don José.

¿Importan los recuerdos de las gestas cuando lo que está enfrente es el deseo? ¿Un encuentro entre San Martín y Bolívar pudo cambiar el curso de las cosas? No, no importa.

  

Porque el espectador, recibe de la mano del elenco un secreto y debe calmar su ansia de saber amparándose en los brillantes trabajos de todo el elenco que completan: Rodrigo Pagano como Rufino, edecán de San Martín que siempre pregunta o asedia esas cuestiones que el General está cavilando. Luis Gasloli, como Tomás, el edecán de Bolívar se desempeña con gran destreza y sentido de la oportunidad y ambos también conforman parte del juego de espejos que es la obra. No es lo mismo ser el dominguillo de un héroe en ascenso que el de uno en retirada, de modo que,  fieles e identidicados con sus jefes, logran momentos de gran lucimiento. En tanto que el personaje de Lafont, el periodista que consigue llegar a Grand Bourg a entrevistar a San Martín, en la interpretación de Santiago Figueroa, carga con el mismo deseo que el espectador: saber y logra de este modo que sus apariciones generen ansiedad porque tal vez, ahora, ahí, en ese momento se devele el secreto.

El diseño de vestuario y el diseño sonoro cooperan sin obstruir, no hay enfermedades del vestuario en las que se podría haber caído tratándose de mujeres hermosas y de las fiestas de la época de la colonia. Las actuaciones son lo que importa. Lo mismo en el caso de los héroes, un San Martín al que ya le cuesta la compostura porque ha perdido terreno, un Bolívar que se acomoda porque se sabe ganador. Los edecanes siempre edecanes.

¿Se devela el secreto? ¡Cómo alumbrar semejante cosa en una crítica! Sólo puedo agregar que cualquier procedimiento narrativo y/o de representación que logre ese diferimiento, que mantenga ese ritmo hasta el final y que nos entristezca en el último apagón ya que queremos más, es un logro de dirección porque no sólo eligió bien a quienes llevarían adelante la acción sino que éstos, los actores, comprendieron de manera cabal qué se esperaba de ellos y lo entregaron todo.

Repase los nombres respetable lector, vea la puesta y observe que tal vez, no haya ninguna posibilidad de haberlos elegido mejor.


Ficha Artística/Técnica
Autor: Mario Diament
Elenco:
Manuela Sáenz: Ana Yovino
José de San Martín: Edgardo Moreira
Simón Bolívar: Pablo Razuk
Rosa Campusano: Georgina Rey
Tomás de Mosquera edecán Bolívar: Luis Gasloli
Rufino Guido edecán San Martín: Rodrigo Pagano
Gustavo Lafont: Santiago Figueroa
 
Diseño de escenografía y vestuario: Silvia Bonel
Diseño de iluminación: Gustavo Dimas García
Asistente de dirección: Marcelo Boveri
Realización de escenografía: Gustavo Di Sarro
Realización de vestuario: Manuela González y Patricio Delgado
Realización de botas: Lito Bara
Operador de sonido: Marcelo Boveri
Operación técnica: Nayla Perissé
Fotografía: Rodrigo De La Fuente
Diseño gráfico: Fernando Sanz
Pelos: Granado
Prensa: Duche & Zárate

Dirección: Manuel Iedvabni

Producción General: Martín García

Nota: la presente crítica corresponde a la función del día sábado 1 de marzo de 2014 realizada en Teatro del Pueblo, Av Roque Sáenz Peña 943 (mapa), Ciudad de Buenos Aires. Tel.: 4326-3606
A la citada fecha, las funciones son los sábados y los domingos a las 20.

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